El Guardian Del Fuego y La Doncella De La Nieve.

No Te Vallas.

El silencio entre ambos no era incómodo, era denso.
Como si el mundo entero hubiera contenido la respiración para observarlos.
August fue el primero en moverse. Dio un paso más cerca y, sin decir nada, rodeó a Artemia con los brazos. No la apretó con fuerza; la sostuvo como si temiera que fuera a desvanecerse si lo hacía. Artemia apoyó la frente en su pecho, sintiendo el latido firme que contrastaba con el suyo, acelerado.
Él inclinó la cabeza y le habló al oído, con una voz baja, casi temblorosa:
—Jamás me alejaré de ti… te lo prometo.
El calor de su aliento le erizó la piel. Artemia cerró los ojos un instante, reuniendo valor, y respondió en un susurro apenas audible:
—No te vayas nunca de mi lado.
August se apartó lo justo para mirarla. Sus miradas se encontraron, intensas, cargadas de todo lo que aún no se animaban a decir. Entonces él se inclinó y la besó.
Fue un beso suave al principio, como una pregunta. Artemia respondió sin dudarlo: llevó una mano al cabello de August y lo enredó entre sus dedos, acercándolo más a ella. El mundo pareció desaparecer.
Cuando se separaron, él apoyó su frente contra la de ella, respirando hondo.
—Tengo que irme —dijo con pesar—. No tengo mucho tiempo.
La miró una última vez y añadió—: Te espero mañana, a esta misma hora. Aquí.
La besó de nuevo, breve pero lleno de promesas, y luego se alejó, perdiéndose entre las sombras del vallado.
Artemia quedó inmóvil.
Sus pómulos estaban rosados, el corazón le golpeaba el pecho y la realidad tardó en volver. Cuando finalmente respiró con normalidad, se llevó una mano a los labios, todavía sorprendida… completamente anonadada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.