El Guardian del Génesis Catastrófico

Capítulo 2: Primer paso hacía la evolución.

Desperté al día siguiente con la sensación de que no había dormido lo suficiente, a pesar de haberme acostado temprano. Aún me sentía algo pesado, como si mi cuerpo no terminara de acostumbrarse a este nuevo ritmo... o a esta nueva forma. Me incorporé lentamente y estiré mis patas, sintiendo cómo las articulaciones —o lo que ahora equivalía a eso— crujían con un sonido extraño, más seco que el de un cuerpo humano.
Me arrastré hacia la entrada de la cueva y asomé la cabeza con cautela, dejando que mis ojos se ajustaran a la luz del día. Observé los alrededores con atención.

No podía darme el lujo de ser descuidado; sabía que había enterrado la sangre que había quedado esparcida por todo el suelo la noche anterior, pero si este mundo funciona como el mío, eso no sería suficiente para despistar a una criatura con un buen olfato.

Intenté agudizar mis sentidos, buscar señales, vibraciones, olores, cualquier indicio de que no estaba solo. Pero nada. Descubrí, con algo de decepción, que mis sentidos no eran tan distintos a los que tenía cuando era humano. Ni lengua bífida para detectar partículas en el aire, ni visión térmica, ni nada remotamente útil para detectar depredadores escondidos. Al parecer, ser un lagarto no venía con todos los superpoderes que me hubiera gustado.

Después de un par de minutos de vigilancia, salí lentamente de la cueva. El aire de la mañana era fresco y húmedo, con ese olor a hojas mojadas y tierra viva que solo un bosque como este podía tener.

Aiden: Parece que ningún animal o monstruo pasó cerca de aquí anoche... lo cual es bueno. Debería empezar a dirigirme hacia la montaña. No estoy seguro de cuánta distancia podré cubrir hoy; el terreno del bosque es bastante irregular y tengo que mantenerme alerta.

Mi mayor preocupación era toparme con otro Velkhar. Si me cruzaba con un juvenil, tal vez tendría una oportunidad ahora que aumenté mis estadísticas. Pero un adulto... eso ya es otra historia. No sé exactamente qué tan grandes son, pero conociendo su fuerza, me basta con imaginar que uno de ellos podría someterme sin mucho esfuerzo.

Grrrrr...

Mi estómago gruñó con fuerza, interrumpiendo mis pensamientos dramáticos como si me dijera “basta de filosofar, ¡tengo hambre!”.

Aiden: Increíble... Tengo el estómago vacío como si no hubiera comido nada ayer. No puedo iniciar una caminata tan larga en este estado. Primero el desayuno, luego la odisea hacia la montaña.

Saqué lo que quedaba del cuerpo del Velkhar de mi inventario y lo coloqué sobre unas hojas grandes que arranqué de un arbusto cercano. No quería ensuciar más la carne, aunque francamente ya estaba bastante lejos del concepto de “limpia”.

Sin mucho ritual, devoré lo que quedaba. La carne era más correosa que la del Microliep, pero también más satisfactoria. Cuando terminé, me limpié el hocico con una de las hojas y me puse en marcha, rumbo a la montaña.

Mientras caminaba entre raíces salientes y hojas húmedas que crujían bajo mis patas, decidí que era un buen momento para seguir interrogando al sistema. Quería entender mejor el lugar en el que me encontraba… y si había algo remotamente parecido a la civilización.

Aiden: Sistema, ¿me podrías decir en dónde me encuentro actualmente? Y... ¿puedes darme detalles sobre este lugar?

Dling!

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Sistema: El anfitrión actualmente se encuentra en el mundo “Arbórea”. Es un mundo cubierto de bosques gigantes casi en su totalidad, siendo el océano y las pequeñas praderas uno de los pocos lugares donde no hay árboles colosales.

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Aiden: “Arbórea”, claro… Con ese nombre ya me habría hecho una idea del tipo de entorno. No es que sea muy sutil.

Entonces… ¿hay seres humanos en este mundo?

Dling!

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Sistema: En el mundo de Arbórea no hay humanos, pero sí existen razas inteligentes que se adaptaron y evolucionaron hasta el punto de formar pequeñas sociedades parecidas a las humanas.

---

Aiden: Interesante… Me pregunto cómo se verán. ¿Serán humanoides? ¿Bestias bípedas con cultura? ¿Lagartos con corbata?

Aiden: Sistema, ¿podrías decirme cómo se llaman esas razas inteligentes... o darme al menos una descripción general?

Silencio. Ni un solo sonido. Solo el susurro del viento entre las hojas.

Aiden: Nada, ¿eh?

Solté un suspiro largo, uno de esos que te vacían un poco por dentro.

Aiden: Supongo que eso tendré que descubrirlo por mi cuenta. Ya me parecía raro que estuviera soltando tanta información de una. La última vez que le hice preguntas me respondió con evasivas, y eso que tenía al Microliep frente a mis narices.

Después de un buen rato caminando por el bosque, algo en el suelo captó mi atención. Unas enormes huellas estaban marcadas con claridad en el barro húmedo. Eran similares a las de una vaca, pero por el tamaño y la profundidad, la criatura que las dejó debía ser enorme… y pesada.

Las huellas seguían una especie de sendero natural, apenas visible entre los árboles, pero suficientemente definido como para no parecer un simple accidente del terreno. Tal vez llevaban a un río, o a un manantial. Como coincidía con la dirección general hacia la montaña, decidí seguirlas.

A medida que avanzaba, noté que otros senderos más pequeños se unían al principal. En el suelo, nuevas huellas comenzaban a mezclarse con las anteriores. Algunas eran redondas, otras alargadas, incluso había unas parecidas a las de un pájaro... si los pájaros midieran medio metro de alto. No pude reconocer la mayoría, pero una cosa estaba clara: muchas criaturas usaban este camino.

Como no parecía haber peligro inmediato, retomé mi pequeña sesión de preguntas existenciales al sistema.

Aiden: A ver... ¿Qué más puedo preguntarle? Ya está claro que solo responde cosas que sean obvias para los habitantes de este mundo, como el nombre del planeta o la existencia de razas inteligentes. Tiene sentido.

Me vino a la cabeza otro tema: el grado del alma. Hasta ahora solo he visto que el grado “Umbra” se divide en niveles, así que debe haber más grados, ¿no?



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En el texto hay: evolución, sistema de juego, historia larga

Editado: 12.02.2026

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