El Guardian del Génesis Catastrófico

Capítulo 4: Ecos bajo la lluvia.

El bosque estaba en silencio otra vez. Solo el murmullo lejano del río rompía la calma.
Me acosté junto a las raíces del árbol, dejando que la suave brisa proveniente de la montaña acariciara mis escamas. Por primera vez, después de unos minutos que se sintieron como horas, no sentía miedo… solo un cansancio denso, como si todo mi cuerpo pesara mucho más de lo que debería.

Cerré los ojos.
No para dormir, sino para escapar del ruido que aún resonaba en mi mente.

El chasquido del caparazón.
El golpe en mi pecho.
El sonido húmedo de la carne al desgarrarse.

No pude evitar soltar un largo suspiro. Al exalar, noté que había un fuerte olor metálico. Abrí los ojos y giré un poco la cabeza. Estaba cubierto de sangre. Mis escamas, que antes eran blancas como si estuvieran cubiertas con una capa de nieve, ahora tenían un tono rojizo.

Me levanté lentamente. Aunque mi cuerpo se había recuperado de la última batalla, no podía decir lo mismo de mi mente. Decidí que era hora de continuar mi camino.

Aunque me gustaría descansar un poco más, no podía darme ese lujo. Estaba más que consciente de que había hecho mucho ruido en mi última batalla y, como si eso no fuera suficiente deje una escena que claramente gritaba —aquí hay comida— a cualquier depredador que usara el sendero.

La sangre que cubría mis escamas ya se había secado, asi que ni siquiera intenté limpiarlo usando hojas o un poco de tierra. Tal vez podría limpiarlo fácilmente con el agua si regresaba al rio, pero era demasiado peligroso. No valía la pena arriesgarme así.

Si bien estar cubierto de sangre tampoco es algo bueno. Aunque si me alejó lo suficiente no creo que los depredadores logren encontrarme, incluso si logran seguirme, me limpiare apenas encuentre un poco de agua más adelante. Después de todo me estoy dirigiendo hacia una montaña. Seguramente habría más ríos que desciendan de allí.

Avancé con pasos tambaleantes hacia la montaña. Aún no me había acostumbrado del todo a mi nuevo cuerpo y, con la fatiga que sentía ahora, me costó bastante controlarlo.

Cada paso se sentía como luchar con mi propio cuerpo. Después de avanzar lenta pero continuamente por unas horas, el terreno pareció cambiar. No fue un cambio tan brusco como pasar de un bosque a una pradera, pero la cantidad de árboles empezó a disminuir. Seguía siendo un bosque, pero ahora era menos denso que antes.

Aunque incluso ahora un silencio casí sordo me envolvía, solo era interrumpida de vez en cuanto por una suave brisa que movía la copa de los árboles.

De un momento a otro, algo pareció cambiar. No fue un ruido ni un aroma envolviendo el ambiente. Fue una sensación… como si el bosque contuviera el aliento. Las hojas dejaron de moverse y el bosque parecía oscurecerse lentamente. Como si la noche hubiera llegado mucho antes sin un aviso previo.

Entonces, un sonido retumbó en el cielo. Lejano.
No sé si fue por el miedo o una reacción instintiva de mi cuerpo reptiliano, pero un escalofrío repentino me sacudió.

Los árboles parecían mucho más grandes. Me sentía tan pequeño y frágil en este inmenso bosque.

Aceleré el paso. Necesitaba encontrar un refugio antes de que empezara a llover.
Busqué entre las raíces de los árboles, entre los troncos huecos, entre las piedras amontonadas junto a una rama caída. Cualquier sombra lo bastante profunda para esconderme. Nada… el bosque esta vez; no me ofrecía un refugio.

Empezaron a caer las primeras gotas. Dispersas. Acompañadas de una corriente de aire fría que sacudió el bosque.

Al principio solo fueron unas cuantas gotas. Podía escuchar como rozaban las hojas más altas. Pero pronto, esos escasos sonidos pasaron a convertirse en uno más uniforme, como si una melodía cubriera todo el bosque.

El murmullo del agua se convirtió en un susurro constante que descendía de las copas. El bosque, antes protegido por esa capa verde, terminó cediendo, y el agua finalmente logró abrirse paso entre las hojas hasta alcanzarme.

Sentí un escalofrío cuando la primera gota me golpeó seguida de muchas otras. La lluvia empezó a ganar fuerza y otro estruendo cruzó el cielo. Levanté una de mis patas frente a mi, el agua fría. Descendía por mis escamas, arrastrando con ella lentamente ese tinte rojizo que había cubierto mi cuerpo.

Aiden: Tsk… no pude encontrar un refugio a tiempo. No tengo otra opción más que seguir adelante.

Retomé mi rumbo y, después de caminar varios cientos de metros más llegué a una especie de claro. Justo en el centro se alzaba un árbol distinto a todos los que había visto haste este momento.

No era el más alto, pero su copa se extendía imponente, amplía como un techo natural, y sus hojas formaban una masa espesa que vibraba con las gotas de agua como si estuviera susurrando algo.

Me acerque lentamente, sin apartar la mirada de aquel coloso. Su tronco era de un color oscuro y se alzaba como un pilar. Las raíces tan gruesas como una persona adulta, se extendían hacia todas las direcciones como una red de telarañas.

Me resguardé de la lluvia adentrándome entre sus raíces. No había ningún hueco que me protegiera completamente del agua, pero las hojas detenían la mayor parte y solo unas pocas gotas pasaban de vez en cuando.

Trepé sobre una de las raíces y me dejé caer sobre ella, exhausto. Cerré los ojos y permití que el sonido de la lluvia me envolviera.

El aire tenía un fuerte olor a tierra húmeda, densa, viva. Se sentía tan familiar que me hizo recordar una escena del pasado.

Me encontraba en el balcón de mi habitación. La lluvia caía con intensidad haciendo vibrar la baranda metálica y llenaba el aire de ese mismo olor a tierra mojada.

El agua que caía en el asfalto lentamente formaba pequeñas corrientes que fluían por un costado de la calle. La ciudad parecía haberse detenido; solo se podía apreciar el sonido constante de la lluvia golpeando el tejado y de vez en cuando un relámpago cruzaba el cielo, seguido de un trueno.



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En el texto hay: evolución, sistema de juego, historia larga

Editado: 12.02.2026

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