El Guardian del Génesis Catastrófico

Capítulo 5: Ecos del cambio.

En algún lugar lejano, el aire seco quemaba los pulmones y la luz del sol, reflejada en la arena, hería los ojos. No había sombra, ni agua, ni fin a la extensión de arena que se alzaba hasta el horizonte. Un calor abrasador lo cubría todo.

En medio de aquel ambiente hostil, entre las dunas, se distinguía un conjunto de estructuras de tono gris, hechas de piedra y adobe. A simple vista podían parecer ruinas sin importancia, pero al observar con atención se hacía evidente que alguna vez habían formado un pequeño pueblo, próspero y lleno de vida.

Ahora, sus calles, casas e incluso los pocos corrales estaban cubiertos de sangre y de cadáveres: criaturas humanoides y animales semejantes a caballos, destrozados hasta el punto de que un intenso olor a hierro impregnaba todo el lugar.

Lo más extraño era que todos los cadáveres tenían algo en común: un agujero cerca del corazón, como si algo hubiese sido arrancado de su interior.

La sangre, que aún estaba fresca, formaba un rastro irregular que se alejaba del pueblo. No muy lejos de allí, una criatura parecida a un escorpión de casi dos metros avanzaba lentamente entre las dunas.

Su cuerpo estaba cubierto de manchas negras, ya secas por el calor del sol. Pero lo más inquietante eran sus seis pares de ojos, que brillaban con un tono azul apagado, desprendiendo una calma antinatural.

En otro lugar.

El aire era pesado y ardía con cada respiración. El cielo estaba cubierto por densas capas de ceniza teñidas de rojo y, bajo aquella atmósfera sofocante, la tierra temblaba de forma constante, como si algo enorme respirara bajo la superficie.

Formaciones rocosas surcadas por ríos de magma se extendían hasta donde alcanzaba la vista, iluminando el paisaje con un resplandor anaranjado. De tanto en tanto, columnas de humo se elevaban desde el suelo, acompañadas por estruendos profundos que hacían vibrar todo el entorno.

Allí, donde la vida común no podía prosperar, se libraba una feroz batalla. Criaturas extrañas, con cuerpos formados de roca y magma, rodeaban a otra de aspecto similar, aunque esta poseía tres pares de brazos y empuñaba enormes masas ígneas.

A su alrededor yacían varios cuerpos destrozados, pertenecientes a las otras criaturas. Sus pechos estaban completamente aplastados, y de las grietas surgía magma incandescente que se deslizaba lentamente sobre el suelo ennegrecido.

La criatura de seis brazos no parecía estar herida en lo absoluto. Sus ojos azulados transmitían una calma indiferente ante la matanza que había provocado; más bien, parecía concentrada en masticar unas esferas rojizas que había extraído de los cuerpos de sus oponentes.

Las demás criaturas de roca que la rodeaban no se encontraban en tan buenas condiciones. Sus cuerpos estaban cubiertos de grietas, y algunas habían perdido extremidades de las que goteaba magma lentamente. Sus miradas emanaban un odio y una ira casi palpables hacia la criatura frente a ellas. Si las miradas pudieran matar, hacía tiempo que la habrían reducido a pedazos; aun así, todas sabían que no tenían ninguna posibilidad contra ella.

Tras tragar la última esfera, la criatura de seis brazos se giró y fijó la mirada en una de las criaturas de piedra. En ese instante, su instinto de peligro se disparó y, sin pensarlo, abrió la boca para escupir un torrente de fuego.

La criatura de seis brazos no se inmutó. Cruzó sus enormes masas frente a su cuerpo y avanzó lentamente, atravesando las llamas como si no existieran.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, levantó una de sus masas para aplastarla…

Pero en ese preciso instante, una presencia aterradora descendió sobre el lugar.

La criatura de seis brazos se detuvo en seco y giró bruscamente, cruzando sus seis armas justo a tiempo para interceptar un puño de tono esmeralda que se estrelló contra ellas. El impacto fue brutal. Su cuerpo salió despedido como un proyectil, volando cientos de metros antes de estrellarse contra las rocas.

Las criaturas de piedra, al presenciar aquella escena, dejaron escapar un rugido de júbilo. Habían estado a punto de morir; aquel giro inesperado de los acontecimientos les devolvía la esperanza.

A lo lejos, el polvo levantado por el impacto de la criatura de seis brazos comenzó a disiparse lentamente, revelando su cuerpo incrustado en la roca. Sus enormes masas habían sido destruidas por completo; solo los mangos permanecían intactos. Su cuerpo estaba cubierto de grietas de las que brotaban delgados hilos de magma y, en el centro del pecho —donde había recibido el golpe—, una gran marca circular dejaba al descubierto algo similar a magma incandescente. La piedra que protegía esa zona se había hecho añicos.

La criatura se incorporó con lentitud y fijó su mirada en el ser que lo había golpeado. Allí, justo donde antes se encontraba, había aparecido una figura similar a las demás criaturas de roca, aunque claramente distinta: su cuerpo era de un tono bronceado, y sus extremidades, tan largas como las de un humano, brillaban con un color esmeralda.

Al verla, la criatura de seis brazos sintió un peligro inmediato. Sin dudarlo, se dio la vuelta e intentó huir. Sin embargo, en un parpadeo, la criatura de bronce apareció a su lado y le asestó otro golpe brutal.

La criatura de seis brazos reaccionó con rapidez y logró cruzar dos de sus tres pares de brazos para intentar bloquear el ataque, pero fue inútil. Su cuerpo volvió a salir despedido como una bala de cañón, estrellándose violentamente contra las rocas. Las extremidades que había usado para defenderse quedaron destrozadas y se desprendieron de su cuerpo.

Esta vez, sin esperar a que el polvo se disipara, la criatura se incorporó y salió corriendo con todas sus fuerzas. Una energía rojiza comenzó a emanar de su cuerpo, fundiéndose con él mientras su superficie adquiría un tono incandescente, como si estuviera a punto de derretirse.

El ser de bronce se lanzó tras él con la intención de detener lo que fuera que estuviera planeando, pero, a pesar de su velocidad, llegó tarde. La criatura de seis brazos se fundió como roca líquida y se precipitó hacia una corriente de lava que descendía al subsuelo, desapareciendo en su interior.



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En el texto hay: evolución, sistema de juego, historia larga

Editado: 13.02.2026

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