Lentamente, el bosque empezó a cerrarse a mi alrededor, dejando atrás el claro. La vegetación se volvió un poco más densa conforme iba profundizando, y el suelo del bosque estaba bastante húmedo; tanto, que en muchas partes era incluso difícil avanzar por lo resbaloso que se encontraba. Mis garras me ayudaban un poco, pero como todo estaba suelto, mantener el ritmo resultaba complicado.
Después de caminar durante varios minutos, llegué a lo que parecía un callejón sin salida. Frente a mí se alzaba una especie de arbusto completamente repleto de espinas, tan grandes como la palma de un adulto. Si bien llamar a eso un callejón sin salida no era la mejor comparación del mundo, había que admitir que no estaba tan lejos del concepto, ya que se extendía en ambas direcciones, casi formando un muro natural que partía el bosque en dos.
No pude evitar chasquear la lengua. Rodearlo me tomaría demasiado tiempo y, honestamente, no tenía muchas ganas de seguir caminando con ese suelo tan resbaloso.
Fue entonces cuando noté algo en el rabillo del ojo. Al girarme, pude ver que había un pequeño espacio por debajo. Parecía un estrecho camino que cruzaba junto a las raíces de un árbol, adentrándose bajo el muro de espinas. Seguramente pertenecía a algún animal pequeño.
Decidí probar si cabía ahí. Ya había hecho algo similar antes, así que no lo pensé demasiado. Sin embargo, rápidamente me di cuenta de que había sido una pésima idea.
Sí, cabía, pero tras avanzar apenas unos pocos centímetros, un dolor punzante me recorrió la espalda. Me moví bruscamente por reflejo, enterrando otra espina en mi costado.
—Mierda… eso dolió mucho —maldije en voz alta.
Me quedé quieto unos segundos, pensando en mi siguiente movimiento. La espina en mi espalda ya se había soltado por el movimiento brusco que hice, pero ahora tenía otra enterrada. Respiré profundamente, tratando de calmarme. Luego estiré la pata para ver si alcanzaba la rama unida a la espina y, cuando me di cuenta de que sí podía empujarla, suspiré con cierta pesadez.
—¿Por qué tenía que meterme aquí? —dije antes de empujar la rama con fuerza.
Sentí cómo la espina se resistía durante unos segundos antes de soltarse finalmente, y un dolor punzante recorrió mi costado. Dejé escapar un gruñido mientras esperaba a que el dolor cediera un poco.
Cuando estuvo en un nivel soportable, retrocedí lentamente por donde había entrado, procurando no moverme demasiado. Con cada pequeño desplazamiento sentía cómo la herida ardía, como si las espinas aún siguieran ahí. Algo cálido empezó a fluir sobre mis escamas, pero lo ignoré; estaba más concentrado en no terminar empalado por otra espina que en prestar atención a la sangre que escapaba de mi cuerpo.
Cuando finalmente logré salir, dejé escapar un suspiro de alivio y fijé la mirada en mis heridas. Eran pequeñas, pero dolían bastante. Sacudí la cabeza antes de concentrarme de nuevo en ellas, y entonces se escuchó un sonido metálico.
Dling!
Sistema: ¿Desea utilizar 3 puntos de energía para curar sus heridas y restaurar su vitalidad?
—Sí.
Casi al instante, el dolor punzante desapareció y las heridas se cerraron.
Al ver esto, no pude evitar fruncir el ceño. Ayer casi morí por desperdiciar mi energía cazando una libélula gigante que no me dio nada de carne, y ahora vine a hacerme unas heridas que pude haber evitado simplemente rodeando el lugar.
Dejé escapar un suspiro pesado. Debía admitir que, a veces, me dejaba llevar y terminaba metiéndome en problemas innecesarios.
Ahora que lo pensaba, no recordaba haber recibido ninguna recompensa por consumir una nueva especie cuando comí la libélula. Normalmente, eso ocurría con el primer bocado. Había sido algo que yo mismo cacé, así que no veía ningún motivo para que no hubiera obtenido nada. Incluso la tortuga, que apenas estaba en el nivel de alma mortal, me había otorgado una recompensa.
Con todo eso en mente, decidí preguntarle directamente al sistema.
—Sistema, ¿por qué no obtuve ninguna recompensa de la libélula?
…
—Tsk… silencio, como siempre cuando le conviene.
Dejé escapar otro suspiro pesado y miré mi cuerpo, que nuevamente estaba teñido de rojo.
Me acerqué a uno de los árboles y arranqué un trozo de musgo, que utilicé para limpiar la sangre de mis escamas. Sorprendentemente, se sintió como pasar un paño húmedo por encima.
Cuando terminé de limpiarme, me giré hacia el denso muro de espinas y empecé a rodearlo lentamente por la derecha. Tal vez, con un poco de suerte, no tendría que ir muy lejos antes de retomar el rumbo hacia la montaña.
Después de avanzar quién sabe cuántos metros y resbalar un par de veces al cruzar por encima de raíces expuestas, finalmente el muro de espinas se terminó. Solté un suspiro de alivio.
Con pasos algo pesados por el cansancio, giré y retomé el camino hacia la montaña. A medida que avanzaba, el bosque empezaba a cambiar de forma casi imperceptible: los árboles crecían más separados y el suelo comenzaba a inclinarse ligeramente. Seguía siendo irregular y resbaloso, pero empezaron a aparecer cada vez más rocas firmes en las que podía apoyarme.
Sin embargo, tras avanzar un poco más, me topé con algo que me heló la sangre.
Justo frente a mí había unas huellas enormes que habían hundido la tierra varios centímetros. Eran extrañas, parecidas a las de un felino, pero con solo tres dedos que terminaban en garras desproporcionadamente grandes. Se veían bastante recientes, posiblemente dejadas después de que la tormenta pasara.
Tragué saliva e, inconscientemente, recordé aquel asentamiento que había sido atacado por algo en el pasado. El bosque seguía sumido en la misma calma, indiferente a lo que fuera que hubiera dejado esas marcas. Inhalé profundamente, tratando de aclarar mi mente.
Esas ruinas llevaban allí bastante tiempo, y esas huellas no tenían por qué pertenecer a la criatura que causó aquello. Seguí el rastro con la mirada y confirmé que no parecía dirigirse hacia la montaña ni provenir de la dirección donde se encontraban las ruinas. Más bien daba la impresión de que solo había estado de paso; no había señales de un sendero ni marcas repetidas que indicaran que se hubiera detenido en la zona.