No logré avanzar mucho antes de que un escalofrío me recorriera la espalda, haciendo que instintivamente saltara a un lado, justo a tiempo para evitar una garra que descendió desde lo alto.
El impacto fue brutal. La garra se estrelló contra el suelo con un estruendo, levantando una densa nube de polvo en el lugar exacto donde había estado un segundo antes.
Rodé un poco al caer, ya que no estaba preparado para el aterrizaje, pero me recompuse rápido y fijé la vista en el punto del impacto.
Una cortina espesa de polvo se había alzado y, aun así, pude distinguir entre ella una figura oscura de casi metro y medio. Tenía una forma semejante a la de un ave y parecía estar confundida, girando la cabeza de un lado a otro, como si buscara algo.
Al ver a aquella criatura, sentí un peligro inmediato. Sin darme cuenta, mi cuerpo comenzó a moverse por sí solo, alejándome de esa figura, impulsado únicamente por el instinto.
Corrí con todas mis fuerzas sin mirar atrás, adentrándome entre la hierba alta. Podía sentir mi corazón latiendo como un tambor, como si fuera a salirse de mi pecho en cualquier momento.
Apenas logré avanzar un par de metros cuando, de repente, escuché detrás de mí el pesado batir de unas alas al alzarse en vuelo. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo e intenté acelerar el paso, tratando de regresar a la cobertura del árbol donde había estado.
Sentí cómo algo se acercaba nuevamente desde lo alto. Ya no faltaba mucho para alcanzar la cobertura, pero…
Justo entonces, la extraña sombra dejó escapar un chillido aterrador que pareció retumbar en toda la caverna. Al escucharlo, sentí cómo casi al instante perdía el control de mi cuerpo y, como estaba corriendo, la inercia hizo que saliera despedido hacia adelante, rodando sin control hasta terminar chocando contra uno de los troncos.
Irónicamente, ese mismo chillido hizo que esquivara por poco una ráfaga translúcida que destrozó el suelo donde había estado un segundo antes. Me recompuse con dificultad; mi visión estaba borrosa por el impacto y mi cuerpo no respondía del todo bien.
Apreté los dientes, forzando a mi cuerpo a moverse, y me arrastré torpemente hasta quedar medio oculto detrás del tronco. Sentía un zumbido constante en los oídos y mi cuerpo se sentía más pesado de lo normal.
— Mierda… ¿qué demonios fue ese chillido? — maldije en voz baja mientras trataba de calmar los latidos desbocados de mi corazón.
Respiré profundamente varias veces hasta que, poco a poco, mi mente se aclaró. Entonces me asomé con cautela, tratando de ver si la criatura seguía ahí.
No pude distinguir ningún rastro de ella. Solo había una enorme grieta en el suelo, a unos pocos metros del árbol, como si la tierra hubiera sido cortada por un cuchillo gigantesco y extremadamente afilado.
No pude evitar tragar saliva al ver eso. Si ese ataque me hubiera alcanzado, estoy seguro de que me habría rebanado como mantequilla. Además, aquel chillido parecía tener la capacidad de aturdirme por unos segundos. Si no hubiera reaccionado de inmediato y salido corriendo por puro instinto cuando vi su silueta, ya estaría muerto otra vez.
Había sido muy descuidado. Pasé demasiado tiempo en ese bosque casi vacío y, sin darme cuenta, bajé la guardia mientras extraía el mineral. No esperaba que algo tomara la iniciativa de atacarme de una forma tan directa y violenta. Dejé escapar un pesado suspiro.
El zumbido en mis oídos finalmente desapareció y mi cuerpo comenzó a sentirse normal otra vez. Ahora que había recuperado la compostura, una pregunta se impuso en mi mente:
¿cómo demonios iba a lidiar con esa cosa?
Era claramente mucho más fuerte que el Velkhar. Ni siquiera alcancé a usar evaluación, pero estaba seguro de que lo superaba con creces. Probablemente se encontraba en el nivel del alma Ignis o, como mínimo, en la cima del nivel Somnium.
Tampoco era tan estúpido como para pensar que había desistido solo porque me oculté de su vista. Seguramente estaba en algún lugar elevado, observando con paciencia, esperando el momento exacto en que me expusiera para volver a atacar.
Observé a mi alrededor. La cueva por la que había entrado estaba demasiado lejos; si intentaba regresar por allí, lo más probable era que terminara convertido en la cena de esa ave gigante.
Mientras giraba la cabeza, pude notar que más adelante en la caverna volvía a extenderse un pequeño bosque. Parecían ser los mismos árboles bajos que había visto afuera, pero al mismo tiempo eran distintos: sus hojas estaban decoradas con flores de distintos colores que encajaban de forma casi antinatural con el entorno iluminado.
Esa zona también estaba algo alejada, pero la hierba allí era bastante alta. Quizás podría ocultarme en ella mientras me acercaba a la línea de árboles. Aunque, siendo honesto, no creía que fuera de mucha utilidad; el enemigo tendría una vista completa desde el aire. Aun así, seguía siendo mejor que nada y, dadas mis opciones actuales, era la mejor oportunidad que tenía para intentar despistar a esa extraña ave.
Dejé escapar un suspiro mientras mis labios escamosos se curvaban ligeramente hacia arriba.
— Esto es una pésima idea — murmuré, poniéndome de pie y preparándome para correr.
Inhalé profundamente mientras mi cuerpo comenzaba a desdibujarse lentamente, mezclándose con el entorno. Sin pensarlo más, salí corriendo con todas mis fuerzas. Podía sentir la hierba rozando mis escamas mientras me abría paso entre ella.
Logré cubrir casi la mitad del trayecto en pocos segundos. Sin embargo, justo entonces, un sonido parecido al de vidrio rompiéndose retumbó en mi mente. Tal como había ocurrido antes con Evaluación, una comprensión forzada atravesó mis pensamientos.
Camuflaje ha sido superado por la percepción de un ser vivo.
La habilidad se rompió y se desactivó al instante.
Mi cuerpo, que momentos antes se había fundido con el entorno, recuperó su tono blanco pálido casi de inmediato. Al mismo tiempo, el pesado batir de unas alas resonó detrás de mí.