El Guardián Verde

Capítulo 1

Los tambores retumbaban por el monte, era una tradición ancestral. Esta ceremonia la realizaban las futuras esposas de algún rey poderoso como símbolo de compromiso. No solo representaba el casamiento, sino también un camino de reflexión, de transformación. La travesía comenzaba desde el primer río o, en ocasiones excepcionales, desde una fuente de agua de importancia cercana al reino. La ruta se extendía hasta las puertas del castillo, donde la prometida encontraría su nuevo hogar. Su caminar debía ser ni apresurado ni lento, respetando el ritmo de los tambores: cada dos golpes marcaban un paso, y al séptimo debía dar una pequeña zancada, reiniciando el ciclo. Era una danza cíclica, un ritmo marcado sobre una senda recta. No se permitían cánticos ni murmuraciones; solo el eco de los tambores rompía el silencio, para luego devolverle su serenidad.

Siguiendo las normas no escritas de esta tradición, la futura reina debía ir cubierta de pies a cabeza con mantos de colores y bordados exquisitos. La capa más cercana a su cuerpo era de enaguas blancas, símbolo de pureza; sobre ella llevaba un vestido aterciopelado de tonos ricos, con detalles que deslumbraban al sol. Encima, otra capa de tela blanca cubría todo su rostro, dejando solo un tenue paso de luz para guiar su vista. Finalmente, una capa exterior, de terciopelo en el color de su elección, cubría su cabello y orejas, dejando su rostro parcialmente al descubierto para poder distinguir, con dificultad, el suelo bajo sus pies. Para adornar su atuendo, broches de metales y gemas preciosas habían sido colocados estratégicamente, emblemas de su linaje, que centelleaban con cada paso.

Al principio, se esperaba que la novia realizara la travesía en solitario, solo acompañada por los músicos. Pero pronto se dio cuenta de que este ideal no era práctico. Muchas novias tropezaban, otras sufrían torceduras en sus pies, descompuestas por la fatiga. Por ello, ahora la joven avanzaba casi inmutable, acompañada a corta distancia por dos damas de compañía, que la seguían en absoluto silencio.

El silencio era algo que atormentaba su mente, una extraña quietud en su pensamiento. Nunca había sido capaz de callar su alma, y ahora, cuando debía hacerlo, se encontraba ante un vacío absoluto. Este era el momento para el cual había sido preparada, el propósito de su vida. Pero algo no encajaba. Nunca se había sentido completamente conforme con este destino, aunque en su fuero interno deseaba enfrentarlo. A veces, la ansiedad por evitar lo inevitable era incluso peor que el enfrentarse a ello, y ella lo sabía con claridad.

Uno de los broches que llevaba, en forma de diadema, se le clavaba en la parte alta del cráneo, y con cada paso, sentía la punzada de la joya en su cuero cabelludo. Sin embargo, no le importaba. Estaba demasiado concentrada en mantener el ritmo y no caer. El sol estaba en su cenit, y el calor le quemaba la piel. No podía detenerse ni para beber, ni para comer, ni mucho menos para descansar. La tradición dictaba que esta ceremonia no solo era importante para ella o para su reino, sino también para el reino al que se unía. Era una prueba de que la prometida tenía la fuerza y salud necesarias para cumplir con su deber. El propio camino, sin pausas ni accidentes, auguraba un reinado armonioso y fructífero, mientras que los tropiezos, las caídas o la descoordinación presagiaban una gobernanza plagada de dificultades.

Ella era la candidata perfecta. No podía fallar. A pesar de la extenuante calor y los pies doloridos, se mantenía con una expresión firme, aunque nadie pudiera verla debido al manto blanco que la tapaba con un paso constante, inquebrantable, aunque no totalmente seguro. Los tambores retumbaban en su pecho, resonando en su corazón, dándole la fuerza para seguir adelante. A veces se preguntaba si el ritmo no era para sus pies, sino para su alma, para evitar que se desmoronara bajo el peso de la tensión.

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El sol se despedía de ella. El cielo se teñía de tonos cálidos, y aunque esto le provocaba cierta tristeza, al mismo tiempo, vislumbrar las puertas de lo que parecía un inmenso castillo le brindó una sensación de paz absoluta. Un pequeño brote de adrenalina recorrió sus venas, y por un instante, su alma quiso reflejar una leve sonrisa, pero su cuerpo agotado no se lo permitió: lo había logrado.

Durante un breve momento pensó en el ritmo de los tambores, pero estos ya no resonaban. En su lugar, una música discordante de trompetas estridentes irrumpió en el aire, dándole la bienvenida. Sin embargo, ella no se inmutó.

—Sed bienvenida al reino de Ghyaspeder, el cual... —El hombre que hacía las veces de mensajero comenzó, pero una ola de murmullos recorrió la multitud de nobles que se había reunido para presenciar su llegada.

Intrigada, ella giró ligeramente la cabeza para intentar ver de dónde provenían esos susurros, pero el manto que cubría su rostro, sumado a la oscuridad que comenzaba a caer, le impedía ver algo con claridad.

—...al reino del futuro rey Cerlyk Swidgar de Ghyaspeder y de su prometida, la próxima reina, Lietta Asharyn de Bormakon.

El mensajero terminó su proclamación con la misma solemnidad, pero su voz se perdió entre los cuchiceos crecientes de la multitud que observaba en silencio, expectante.

Lietta, ese era su nombre. Se había preparado para este momento durante meses. Había aprendido cada detalle: cómo caminar, qué decir, qué callar. Incluso el árbol genealógico de su prometido era parte de su conocimiento. Sabía que Cerlyk no era el rey, sino el segundo hijo y primer barón del verdadero monarca Dirmant. Entonces, ¿por qué el mensajero la había proclamado ese nombre como futuro rey? ¿Acaso había interpretado mal la información? Imposible, sus padres y tutores habían sido meticulosos al instruirla. Entonces, ¿Qué significaba todo esto?

—Desde luego, una bienvenida de lo más... acogedora —dijo una voz profunda y resonante. Lietta la reconoció al instante. Solo podía pertenecer a su padre. Tal como había anticipado, él la aguardaba junto a su corte y la de Ghyaspeder, con una presencia imponente.



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En el texto hay: maldicion, magia, guardian

Editado: 27.08.2026

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