El Guardián Verde

Capítulo 3

Las flores del jardín real parecían bailar al ritmo de la brisa primaveral, bañadas en una luz suave que acentuaba sus colores y formas. Lietta se inclinaba sobre cada capullo, cautivada, permitiendo que los mechones sueltos de su cabello oscuro se balancearan al compás de los pétalos. Por un instante, se olvidó de la presencia de Cerlyk, hasta que el sonido de una respiración cercana la devolvió a la realidad.

—Decidme, alteza —dijo, sin girarse del todo mientras se alejaba de una flor—, ¿qué queréis saber de mí?

El futuro rey, dándose cuenta de que ella apenas le había prestado atención, siguió su ejemplo, acercándose para rozar los pétalos de una rosa.

—Quizá debería ser yo quien os haga esa pregunta —replicó, mientras arrancaba la rosa con delicadeza—. ¿Qué es lo que deseáis saber de mí?

Él extendió la rosa hacia ella con una sonrisa, capturando su atención. Cuando Lietta estiró la mano para tomarla, él se la retiró juguetonamente. Ella frunció el ceño, y su prometido esbozó una sonrisa divertida.

—Quisiera saber... —dijo Lietta, con un ligero tarareo, tomando unos segundos para meditar su pregunta—, ¿cómo podéis estar tan sereno?

Cerlyk arqueó una ceja, mirándola con curiosidad.

—¿Quién ha dicho que lo estoy?

—¿Entonces no lo estáis?

—Por supuesto que sí —respondió él, con una media sonrisa—, pero necesitáis ser más específica. Hay muchas cosas que podrían perturbarme, si es eso a lo que os referís...

—Vuestro padre ha muerto —interrumpió Lietta con franqueza, sin darle margen a seguir desviando la conversación—. Ahora sois el futuro rey, y por ello han tenido que adelantarse los planes de boda. ¿No os inquieta en absoluto?

Una risa seca escapó de los labios de Cerlyk, y se permitió una breve pausa, como si hubiera encontrado la situación divertida.

—No sé cómo serán las costumbres en vuestro reino, princesa, pero aquí... aquí todo es un tanto distinto. —Desvió la mirada hacia el horizonte, su tono se volvió pensativo—. El amor es tan abundante que ha perdido su peso real. Mi padre... y este compromiso... no son sino pasos en un camino que ha sido preparado desde hace mucho.

Se acercó a ella, su tono bajando hasta convertirse en un susurro confidencial.

—Sí, mi padre llevaba años enfermo, y no voy a fingir que su partida me ha tomado por sorpresa. Desde que tengo memoria, sabía que algún día me tocaría asumir un trono, no sabía que se trataría de este, pero me he estado preparándome para ello, y ahora que ha llegado, no encuentro en mí motivo alguno para estar alterado —hizo una pausa, observándola con una intensidad calculada—. Gobernar este reino es el destino que me fue dado, y no tengo miedo de cumplirlo.

Lietta lo miró con una mezcla de incredulidad y curiosidad, como si intentara leer sus verdaderas emociones. Él sonrió con calma, antes de continuar.

—Y en cuanto a la boda con la dama de Frindjuns... —sus palabras ralentizándose, disfrutando su reacción— no es más que un inconveniente ya resuelto. Creedme, princesa, he tenido el placer, o tal vez la desgracia, de coincidir con ella en varias ocasiones... y ni en gracia ni en belleza se acerca a vos.

Lietta parpadeó, sorprendida por la franqueza y la intensidad de sus palabras, y bajó la mirada, sin saber cómo responder al cumplido inesperado. El viento acarició su cabello, y Cerlyk, al observarla en silencio, dejó que una sonrisa más suave se dibujara en sus labios.

—Decidme —dijo él, en tono más bajo y gentil—, ¿alivian en algo mis palabras las dudas que parecéis guardar en vuestra mirada?

—¿Acaso seguís viendo dudas en mi mirada?

Cerlyk se acercó un poco más, inclinando la cabeza hasta quedar a la altura de Lietta. Sus miradas se encontraron, y él entrecerró los ojos, estudiándola. Ella mantuvo su postura, serena y desafiante, sin ceder ni un paso.

—En absoluto —respondió él, esbozando una ligera sonrisa mientras se apartaba.

—Entonces, os toca preguntar a vos —comentó Lietta, devolviendo la sonrisa con un aire de reto.

—Está bien. —Sin titubear, Cerlyk formuló su pregunta—. ¿Confíais en mí? Ahora que seré rey, ¿qué te asegura que no cambie de parecer, que decida rechazar este acuerdo o dejar el reino atrás?

La prometida se echó a reír, sorprendida por la ironía de sus palabras.

—¿Habláis en serio? Para ser rey hay que coronarse, y para coronarse hay que casarse, me necesitáis.

— Aun así, no has respondido a mi pregunta.

Lietta mantuvo la calma, aunque esta vez su respuesta fue más sobria.

—Sí, confío en vos.

—Perfecto. La confianza es la base de todo buen reinado.

Cerlyk extendió la mano con la rosa una vez más. Lietta inclinó la cabeza con gratitud, tratando de disimular una sonrisa que ni siquiera comprendía del todo. Esta vez aceptó la rosa. Cuando levantó la vista para agradecérselo, Cerlyk ya se había marchado en silencio, dejándola sola entre las flores.

Al mirar la rosa, Lietta notó una sensación extraña en sus dedos y bajó la vista para examinarla. Una mancha de sangre pequeña teñía el tallo. Pero, al observar más de cerca, descubrió que la sangre no era suya. La rosa estaba libre de espinas. Entonces comprendió que, mientras conversaban, Cerlyk había arrancado una a una cada espina de esa flor.

Pasados unos instantes, una figura apareció en la distancia, avanzando con un paso decidido. Una doncella, elegante y enérgica, llegó corriendo hasta Lietta.

—Así de aquí os encontrais.

La voz de aquella mujer era firme, con una autoridad que no había escuchado en ninguna de las mujeres que habían servido a Lietta hasta entonces. La futura reina la observó con curiosidad: el vestido de la joven, aunque sencillo comparado con el suyo, era pomposo y refinado. Su cabello dorado brillaba con un destello casi irreal, recogido en un peinado tan elegante que parecía exigir reverencia. Y, sin embargo, algo en ella no encajaba. No era una nobleza conocida. Lietta frunció ligeramente el ceño, desconcertada, hasta que la mujer se inclinó, con una reverencia impecable, y habló:



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En el texto hay: maldicion, magia, guardian

Editado: 17.09.2026

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