El Guardián Verde

Capítulo 9

El rostro de Lietta se llenó aún más de dudas, no por lo que él le acababa de confesar, sino por cómo sentía que su pregunta no había sido respondida, o al menos no con la respuesta que ella esperaba. Entonces, recordó lo que había dicho al principio, cuando le había preguntado, y alzó la vista para mirar a Cerlyk, que ahora se encontraba más cerca de ella.

—Has dicho que no hay tiempo... ¿De qué hablas? —preguntó, la voz temblando con un atisbo de incertidumbre.

Pero antes de que la voz de Cerlyk pudiera dar una respuesta, un aire húmedo se coló por el agujero del techo, trayendo consigo un canto tenebroso que chocó con fuerza contra el cristal. Cerlyk, casi arrepentido, miró al cielo, ahora más oscurecido a través del techo de cristal.

—Debemos regresar —dijo, mirando a Lietta con una firmeza decidida en su mirada—. Se acerca la tempestad.

Como si su profecía se cumpliera, no les dieron tiempo a girarse. Unas gotas de agua golpearon la piel de Lietta. Esta vez, no intentó desafiar a Cerlyk, sino que lo siguió, avanzando tras él por el trayecto de vuelta. Él había recogido los trozos de tela rota de su vestido para no dejarlos atrás, y los había alzado con ambos brazos, tensándolos para evitar que ambos acabaran empapados. Pero apenas había conseguido resguardarse él mismo del agua mientras trataba de ayudarla.

Cuando el trozo de tela ya no pudo retener más humedad y las gotas caían con más fuerza y velocidad, Cerlyk se deshizo de él. Al alzar la vista, ya podían ver el palacio a lo lejos, acercándose más con cada paso. Lietta, por su parte, permanecía callada a su lado, mirando al suelo con una mirada pensativa. Los mechones de su cabello se pegaban a su rostro, y sus labios empezaban a temblar, lo que hizo que Cerlyk se percatara de su estado y la abrazara, sorprendiéndola a ella.

—No os preocupeis, Lietta. Ya casi hemos llegado. Acercaos a mí.

Pero esta vez no fue una invitación juguetona ni coqueta. Su voz denotaba una preocupación genuina.

Y, a pesar de la oscuridad que se cernía sobre la tormenta, los rayos iluminaban el camino que seguían con determinación. Lietta se aferró con fuerza a Cerlyk, corriendo con la esperanza de que las gotas no se intensificaran. Pero ya era demasiado tarde. Su vestido se pegaba más a su cuerpo, y apenas podía abrir los ojos por la intensidad de la lluvia.

Cerlyk logró hacer una pausa para recuperar el aliento, señalando así que estaban cerca del palacio. Cuando levantó la vista para avisar a Lietta de que habían llegado, sus palabras no salieron de su boca. Quedó perplejo al observarla.

Lietta, aún tiritando, mostraba un rostro sereno, pero su mirada estaba baja. La prenda que llevaba se había moldeado completamente a su cuerpo, y si no fuera por el líquido negro que lo manchaba, algún trozo de su piel se habría transparentado. Ese líquido negro provenía de su cabeza, específicamente de su cabellera, que ahora era de un rojo intenso, tan luminosa como los rayos que caían detrás de ella. Al darse cuenta de cómo el tinte se corría, Lietta hizo un ademán para arrodillarse, pero Cerlyk impidió su movimiento al tomarla del brazo y arrastrarla hacia los establos para resguardarla de la lluvia.

La futura reina estaba aterrorizada, pensando en lo que su esposo podría hacer, y lo único que logró pronunciar fue:

—Piedad, rey mío... piedad...

—¿Quién más lo sabe? —dijo Cerlyk con una calma exigente. Lietta abrió los ojos y lo miró directamente.— ¿Quién más lo sabe?

—Na... nadie... solo mi dama... —respondió ella, temblando.

Pero antes de que pudiera continuar hablando entre tartamudeos, Cerlyk la interrumpió.

—¿Confías en ella? —Al ver que Lietta no respondía, la agarró de los brazos con fuerza y la sacudió. — ¡¿Confías en ella?!

El grito de Cerlyk alteró a algunos de los caballos cercanos, pero no a Lietta. En ese instante, pudo ver la misma preocupación de ella reflejada en los penetrantes ojos azules de Cerlyk.

—Sí, confío.

Al oír esto, Cerlyk la soltó, dándose cuenta de que aún la mantenía sujeta. Después de una breve pausa, comenzó a recorrer el establo con la mirada, como si buscara algo. Al no encontrar nada, bajó la vista hacia su pecho, se quitó la camiseta empapada con rapidez y la colocó, con delicadeza, sobre la cabeza de Lietta, cubriendo su cabellera rubí.

—Debes ir rápido a tus aposentos y arreglarte —dijo, con tono firme pero compasivo—. Te veré en la cena.

Y como si se tratase de un fiel servidor, Lietta asintió con un énfasis silencioso, sin dudarlo, y se dirigió hacia sus habitaciones sin girarse.

—Gracias —murmuró, casi inaudible, pero Cerlyk logró descifrarlo en el aire.

Antes de que él pudiera responder, Lietta ya se había marchado, sosteniendo la camisa con ambas manos sobre su cabeza, como un símbolo de protección que, en ese momento, necesitaba más que nunca

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Entre el retumbar de los truenos, se distinguían unos pasos suaves, casi etéreos, resonando en el vasto comedor del palacio. Cerlyk se encontraba sentado, inmóvil, frente a una mesa colmada de manjares exquisitos. Carnes cubiertas con salsas exóticas, frutas coloridas talladas en formas imposibles... y, sin embargo, no había probado bocado. Su mirada estaba fija en un punto indeterminado, como si su cuerpo habitara aquel lugar, pero su mente estuviera atrapada en un trance profundo, del que solo aquellos pasos lograron arrancarlo. Se levantó con una torpe premura, como si despertara de un sueño.

Y ante él, estaba Lietta.

Vestía un delicado atuendo azul claro, de capas largas y vaporosas, sin ornamento alguno que le quitara su sutil belleza. Parecía un simple camisón, de no ser por la forma en que las telas, finas como susurros, se aferraban con gracia a un delgado cuello de oro. Aunque poseía mangas, estas eran amplias y abiertas, como jirones de una prenda antigua que dejaban al descubierto sus hombros y parte de los brazos. Solo se unían al final, en una elegante caída triangular, atada a unos aros dorados que rodeaban sus dedos corazón como delicadas ataduras.



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En el texto hay: maldicion, magia, guardian

Editado: 17.09.2026

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