El Hades (#2 Oels)

2. Cambios.

- De nuevo, Casandra. - ordenó por décima vez, mientras se agarraba el puente de la nariz con el dedo pulgar e índice y tratando de buscar paciencia en donde claramente no había - Tienes que concentrarte. - regañó mirándome con el entrecejo fruncido - Recuerda que la espada es como tu brazo, no puedes permitir que te desarmen.

A pesar de que me encantaba que Ajax me enseñara a usar una espada, tenía que reconocer que a Cyril no se le daba tan mal esta tarea conmigo, aunque fuese un completo pesado. Además, él no me dejaba ganar fácilmente.

- Concéntrate, Casandra.- ladró esta vez en cuanto vio que no le estaba prestando atención.

- Estoy cansada.- me quejé.

- Ve y dile eso a tus enemigos cuando estés en batalla, seguramente tendrán piedad de ti y te dejarán vivir.

- ¿Es eso sarcasmo? - pregunté ofendida, él bufó. Aunque no éramos exactamente lo que se dice amigos, tenía que reconocer que Cyril y yo estábamos llevándonos bien, o al menos eso creía hasta que en mi cansancio no lo vi llegar a donde yo estaba y con un movimiento de su espada de madera me golpeó en la parte trasera de las rodillas y me derribó. El muy grosero comenzó a reírse de mí. - Eso no es justo.- me quejé mientras miraba hacia donde estaba él.

- Eres una niñata - siguió burlándose de mí.

Tenía que admitir que ver la sonrisa de Cyril en mi presencia era algo muy impresionante, ya que de toda la familia Lincer, él era el que menos me soportaba.

Se sentía tan bien creer pertenecer a algo.

Y solo por este momento, me sentí bien estar en presencia de él y su burlesca sonrisa asomando en sus labios o su risa tan extraña burlándose de mí.

Era un tonto, pero tenía que admitir que no era tan malo después de todo y...

De repente, cualquier pensamiento racional desapareció de mi cerebro y un fuerte dolor de cabeza me atravesó, pero unos segundos después se detuvo, como si nunca hubiese estado allí.

Cyril seguía riéndose pero se detuvo en seco cuando me vio, se paralizó en su sitio.

- Casandra.- el tono de su voz me erizó la piel.

- ¿Qué? - pregunté alarmada al ver sus ojos abrirse con sorpresa.

- ¿Estás enojada? ¿Tienes miedo? ¿Tú...? . pero no terminó de preguntar, se agachó para quedar más cerca de mí y tomar mi rostro entre sus manos, haciendo que su cabello rubio comenzara a rozar mi nariz haciéndome cosquillas.

- ¿De qué hablas? No tengo miedo y tampoco estoy molesta, Cyril ¿Por qué lo preguntas? ¿Qué pasa? - pero en vez de decir algo, su mirada viajaba de mi cabello a mis ojos como si se tratara de un partido de tenis.

- Estás cambiando.

- ¿Qué? - esto no podía ser cierto. Mis cambios solo aparecían cuando estaba enojada, asustada o cuando utilizaba mis poderes.

Y yo no había invocado ninguno.

- ¿Estás seguro de eso? - agarré un mechón de mi cabello y ya no era de color marón rojizo como hacía unos segundos atrás. El mechón que reposaba en mis dedos era rojo, un rojo tan vivo que se parecía al color de la sangre.- ¿Y mis ojos? - Cyril había comenzado a sudar y yo no sabría qué hacer con exactitud si el Dios de la guerra caía desmayado en mis brazos. - Cyril ¿De qué color tengo los ojos?

- Violeta.

Normalmente, siempre cambiaba de apariencia (aunque aún no sabía la verdadera razón de eso, sospechábamos que se trataba de un curioso mecanismo de defensa) pero nunca me había pasado sin yo tener algún sentimiento o invocar un poder ¿Qué se supone que sería esto?

Con un movimiento de mis manos hice aparecer un trozo de espejo ante mí, lo suficientemente grande como para que yo pudiera ver mi rostro. Cyril soltó un alarido lleno de pánico. Aún no se acostumbraba a que yo utilizara mis habilidades abiertamente.

Tampoco yo.

- ¿Có-Cómo hiciste eso? - rugió con asombro y terror.

- No tengo idea.- y la verdad es que no tenía idea de como lo había hecho aparecer, solo lo pensé y apareció. Como si yo fuese una creadora de mundos y pudiese hacer aparecer y desaparecer cosas a mi antojo ¿No sería grandioso? ¡Já!

- ¿Cómo es que esto sucedió? - preguntó levantándose del suelo de un brinco.- Entiendo que cambies de apariencia, todos lo hacemos, pero la sorpresa que veo en tu rostro me confirma que no pensaste en nada de esto. Has cambiado tus ojos tan repentinamente y... creo que de nuevo tu poder se está saliendo de control y no sé qué pensar al respecto.

- ¿Por qué lo dices? - pregunté también levantándome del suelo para quedar frente a él.

- Se supone que tú eres principiante, Casie. Por lo tanto, no puedes cambiar de apariencia tan veloz como lo hiciste hace un momento, no así, sin emplear magia, sin que no haya un proceso.

Ni él, ni nadie de la familia Lincer aparte de Ajax sabía que yo era Danessa. Por lo tanto, nadie se imaginaba que yo pudiera llevar tanto tiempo con estas habilidades al considerar que en realidad yo tenía diecinueve años en este preciso momento y no más de lo que aparentaba físicamente, todos en la familia seguían creyendo que yo era una mortal más que adquirió poderes en el bosque.




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