En una conversación no planificada, Helena me confesó que cada río del Inframundo te enseña a las almas que una vez formaron parte de tu vida; a las que amaste, a las que guiaste, a las que hiciste daño. Todas aquellas que de alguna u otra manera formaron parte de ti, pero que no pertenecen a ninguno de los campos. No terminaron de recorrer su camino.
Y aún así, ellos tenían que presentarse ante ti para que tú fueses consciente de cuán vieja es tu alma. Desde qué punto estás en la tierra.
He ahí la razón del porqué ninguno podía acompañame: Si Ajax lo hacía, sabría entonces que le he estado mintiendo todo este tiempo; Si Deacon se enteraba, buscaría la manera de darle la vuelta a la situación para que no me sintiera culpable y; Perséfone, por otro lado, no confío en ella.
¿Necesito razones? No, sólo no confío en ella y ya.
Así que, si es verdad todo ese asunto de que soy Adara, Hécate o quién más sea, este es el camino correcto. Por eso sigo algo enfadada con Ajax, porque posiblemente hace mucho tiempo pude haber resuelto este acertijo, pero a pesar de que quiero seguir enojada al extremo y creer que no quiso traerme para no toparme con Perséfone, sé que la verdadera razón de que no quisiera que hiciera este viaje es por el hecho de que él parece no aceptarse como rey de este mundo, por ende, cree que yo tampoco le he aceptado.
¡Más equivocado no puede estar!
– Y entonces ¿Caronte? Veo que has hecho esto hace mucho tiempo ¿No te cansas? – solo me miró con aburrimiento y siguió remando. Habíamos mantenido esta conversación unilateral desde que dejamos a los chicos atrás.
Caronte sólo parece estar cómodo al lado de Ajax. De nadie más.
Comencé a tararear por lo bajo, mirando cómo el espacio alrededor era tan oscuro y poco esperanzador, que realmente daba miedo, como si toda la luz fuese consumida por las grietas de la barca.
– Estamos llegando al inicio de tu viaje. – la voz helada del ser a mi lado hizo que me traspasara un gran escalofrío. Temblé en mi sitio cuando lo vi. Helena me había dicho que se trataba de la entrada principal donde aquellas almas que recién habían fallecido comenzaban su viaje para ser juzgados.
Estábamos por encima del Río Aqueronte, el río de la pena, las almas estaban a las orillas del río en el que sus rostros blanquecinos reflejaban la más profunda confusión, otros parecían tener miedo y otros… solo en paz.
– ¿Siempre has sido esto? – no me importó que no me contestara, necesité con urgencia llenar el vacío repentino que sentí al enfrentarme a esta realidad donde claramente tenía que enfrentarme cara a cara con la muerte, sin siquiera poder verla. Ser consciente de que estas almas tenían que enfrentarlas y llegar hasta aquí para pagar un óbolo. Del otro lado del río se veía Cerbero, el perro grandote que había estado en la mansión para que yo no pasara hasta el salón de los olímpicos hace un par de meses.
Ahora, estar al tanto de todo esto me pone helada la piel.
– No es lo que piensas – la voz de Caronte parecía estar más cerca.
– ¿Y qué crees que pienso?
– Lo mismo que todos. Que Cerbero está allí para que las almas no escapen o para que ellas le temen.
– Entonces ilumíname, amigo mío.
– Está allí para que dentro de su confusión no cometan el error de lanzarse al río – fruncí el ceño – en la orilla esperan las almas recién fallecidas, cierto, pero si caen al río se quedarán allí nadando en agonía hasta la eternidad.
– Es tan injusto.
– La muerte es injusta, pero aún así, no queda nada más que aceptarla.
– ¿Hades es la muerte? – Helena nunca me quiso contestar. Caronte se volvió hacia mí con su mirada vacía.
– No. – arrugué nuevamente el ceño mientras pasábamos a un lado de las almas, pero desde arriba se veía claramente cómo la fila se alargaba más. Hades tendría mucho trabajo por delante, parece. – Tánatos lo es cuando la persona muere en paz. Las Keres los buscan si mueren en guerra. Yo los recojo a la orilla del río y Hermes se encarga de guiarlos hasta Hades.
– Parece que hay uno para cada cosa ¿no?
– Así es. En el Inframundo, Hades no es el único Dios, pero es el gobernante de los muertos y rey de las almas, el guardián del orden, el administrador del juicio, pero no es el dueño del destino. Sabe cuándo llegará la hora de alguien, pero no decide cuándo morirá. Él solo hace su parte, como todos.
– ¿Quieres decir que a pesar de que él es el regente de todo esto, no puede tomar decisiones aquí?
– Él también es un esclavo en su propio reino.
Comprendí más a fondo su aversión por este mundo ¿Cómo puedes ser gobernante de un lugar que gobierna sobre ti? Ajax tenía poder, pero este no le serviría para intervenir en lo necesario si la situación lo ameritaba ¿Qué tan frustrante podría ser eso para él?
– ¿Y qué me dices de ti? – mi pregunta pareció sorprenderlo, pero tan rápido como apareció, asimismo despareció.
– Soy como todos aquí. Tengo una sola función y es a lo que estaré atado hasta el final de los tiempos, tanto como Hipnos Dios del sueño, a tener sueño por su eternidad; tanto como lo está Morfeo con los sueños y sigue atado a una parte de este lugar, solo para complacer a los vivos mientras duermen; tanto como Fobétor con sus pesadillas, siendo él quien está encadenado a ellas de por vida y causando estragos sin siquiera desearlo y tanto como lo está Fantaso con sus sueños irreales que hacen que caiga en la locura momentánea. – habíamos dejado la fila de almas atrás, para que Caronte me dejara a las puertas del río Estigia y yo tuviese que aventurarme a toda mi vida desde aquí, sola. – Así estoy yo, encadenado a esta barca para nunca dejarla y así está Hades…