El Hades (#2 Oels)

10. La Traición.

Correr fue el único recurso necesario, a pesar de que la traición y el dolor me desgarraba por completo.

No sé cuánto tiempo duré, pero sé que estaba más allá de la cascada.

Cada paso era una tortura. Hasta que mi alrededor se llenó de ruido de las hojas danzando con ira. Las Hamadríades parecían estar en contra mía, como si ya lo supiera.

Como si supieran que yo maldije todo este bosque.

Y así como todo el ruido llegó, asimismo se alejó, dejando un profundo silencio que hizo que me detuviera en mi lugar.

– Veo que los Dioses te han dejado – temblé al escuchar su voz. – ¿Sabes por cuánto tiempo te ha estado esperando Anastasia? Me temo que la has dejado abandonada.

– ¿Dónde la tienes, Nerea? – el temblor en mi cuerpo se intensificó.

– No te preocupes. Lo sabrás muy pronto. – miró por encima de mí y antes de saber lo que miraba, sentí un piquete en el cuello. Me tambaleé en mi sitio. – Has llegado a tiempo, querido.

Al voltear, sentí como mi respiración parecía salirse de mi cuerpo. Por eso no estaba con los demás, por eso…

– Deacon, pero tú... tú no...

- ¿Yo qué? ¿No lo sabía? - y en eso se convirtió en George - Siempre supe lo que eras.

- ¿Por qué estás haciendo esto?

- Tú mataste a mi madre, Maya ¿No lo recuerdas?

- Yo no la maté. - sollocé - Yo no maté a nadie.

- No te victimices, Casandra.

- Eras mi amigo.

- Esa es la cuestión - sonrió - Nunca lo fui. Ni como George, ni como Deacon ¿De verdad eres tan ingenua?

- Fuiste tú el que se los dijo – la decepción me arrancó un sollozo mientras sentía como mi cuerpo se debilitaba en cada susurró – dejaste escapar a Cronos en el momento en el que yo estuviera allí para que me culparán por eso ¿Cómo pudiste?

- ¿Cómo pude, dices? Traicionarte no es nada en comparación de todo lo que tú hiciste. Mataste a mi madre, mataste a mi abuelo, has dañado todo lo que tocaste ¿No crees que ya es momento de pagar por todos tus crímenes?

- Yo no asesiné a Maya y tampoco a Atlas - grité con lo que me quedaba de fuerza y sollocé. Ahora que mis recuerdos habían vuelto en su gran mayoría, supe que no había sido yo ¿Por qué no me cree? - Yo no lo hice, Deacon. Tienes que creerme.

- Apenas era un niño cuando perdí a los seres que más he amado en esta vida.

- Yo no fui. Y Alesandro te ama, eres su hijo.

- Me ama, si, pero no tanto como ama Cyril o a Colin, a Evan o Hester, a Perséfone o a Irene. Incluso a Afrodita, que no es su hija, la ama más que a mí.

- Eso no es cierto.

- Tú no sabes nada.

- Por favor.

Y un golpe me hizo callar y caerme. Deacon me miraba con el odio que jamás creí ver en sus ojos. Y al ver por encima de mí, se quitó para darle espacio al titán.

Entonces siempre estuvo con ellos. Siempre fue la mente maestra. No Nerea. No Deacon. Él. Siempre él. Les mintió y me culpó de las muertes que ellos están vengando. Muertes de las que yo me rehusé a ser parte.

Por eso huí de él. Por eso llegué con Phoebe y luego me alejé.

Lo comprendí todo ahora.

Y me arrepentí.

Me arrepentí de no haberle dado un último beso a Ajax o de decirle que lo amaba más veces de las necesarias, así él no me respondiera.

Me arrepentí de no querer ver durante mucho tiempo sus hermosos ojos con el color del oro y el bronce.

O de tomar su cabello entre mis dedos.

Me arrepentí de no haberle dicho la verdad en su momento. A pesar de que él parecía haberlo sabido ¿Desde cuándo?

Y lo peor de todo, es que nunca más lo volvería a ver.

Y que solo por saber quién soy, sé que no vendrá por mí.

Ni siquiera si estoy en peligro.

O si estoy en las manos de su padre.

Del mío.

- Así que creíste que ibas a escapar de nuevo - dice con una risa sarcástica que hace que se me erice la piel. - Eres auténtica, Adara.

- Casandra - corregí con molestia.

- Casandra, Adara, da igual. Todo en ti sigue representando lo mismo para mí.

- ¿Y eso es?

- La maldad que yo te heredé.

- Eres despreciable - susurré, agarró mi cabello en un puño y me alzó. Grité de dolor.

- Y veo que no has cambiado tu lengua afilada.

He perdido muchas cosas.

- ¿Qué piensas hacer conmigo?

- Tengo muchos planes para ti, si a eso te refieres.

Traté de soltarme, pero por la debilidad en mi cuerpo, no lo logré.

- Tus hermanos lucharon en contra de mí por muchos años y si, me vencieron, pero todos lucharon por algo incorrecto.

- C-Cállate.

- Cuando tú y Zeus nacieron, Rea los escondió de mí para que así ustedes se unieran y pudieran derrotarme, pero cuando le dije que quería conocerte, saber cómo eras, la muy tonta me creyó y en fin, te robé de sus brazos.

- ¿Z-Zeus y yo somos mellizos?

- Fue tan divertido saber que Rea sufría por ti, pero ella jamás le dijo nada a los demás. Pidió que me derrotaran, pero no dijo las verdaderas razones por las que debían luchar.

- Ella quería salvarme de ti.

- Sabía que a mi lado, ibas a ser más fuerte.

- Me consumiste por tantos años.

- No, yo te entrené para que fueras valiente, pero veo que todo ha quedado en vano. Eres la misma zorra estúpida que tiene miedo de controlar su poder.

- Déjame en paz.

- Deberías asumir la verdad de una vez por todas ¿No es eso lo que querías? ¿La verdad?

- N-No pienso ser tu m-marioneta. – tartamudeé, sintiendo el efecto de lo que sea que me hayan inyectado invadirme por completo, haciendo que mis ojos comenzarán a adormecerse.

- Siempre fuiste tan testaruda. Bien, no me creas, pero tarde o temprano te darás cuenta de lo que siempre fuiste y siempre serás. Lo más increíble de todo, es que nunca podrás cambiar eso.

Mi memoria estaba cada vez más clara.

Y por primera vez quise que no fuera así.

Ahora Cronos me tenía en su poder.

Mi padre iba a matarme.

Miré a Cronos agacharse para quedar a mi altura, su sonrisa era tan siniestra y sus ojos tenían un brillo de odio que se me erizó la piel, después me sopló una especie de polvo negro que comenzó a adormecerme.




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