El Hades (#2 Oels)

EXTRA - La pérdida de una Titánide.

REA

Escapar de Cronos fue difícil, sobre todo cuando tienes a dos niños en el vientre. Difícilmente alguien no se daría cuenta, pero pude engañarlo y lo más valioso de todo; pude protegerlos.

Había dado a luz hace una semana.

Mis otros hijos no corrieron con la misma suerte, pero una vez que estas dos criaturas crecieran, podrán ayudarlos a salir de su prisión.

Y saldrían con la ayuda de los pequeños a los que logré salvar.

El pequeño Zeus con esos hermosos ojos azul cielo que parecían ser tan extremadamente profundos y sinceros que hacían contraste con su cabello castaño oscuro. Era tan lindo que parecía un celestial. Me miraba como si fuese lo más especial del mundo. Como si fuese la luz en la oscuridad.

La pequeña Hécate, por otro lado, con sus peculiares ojos violeta, tan intensos e inocentes que parecías consumirte por ella por el contraste de su esponjoso cabello carmesí. Lo miraba todo como si desde el comienzo supiera lo que era prepararse para una pelea. Ella siempre parecía estar sedienta por el caos.

Tal como Hémera me lo dijo.

Eran tan opuestos.

Como el día y la noche. Tan hermosos. Tan perfectos. Tan míos.

Pero todo lo que traería la profecía de Urano… Dos hermanos separados al nacer… No. No quiero pensar en eso ahora.

Ellos no están separados. No permitiré que los aleje.

Pero creo que lo subestimé demasiado.

– Veo que has estado escondiéndote. No te funcionó – se rió sardónicamente. Tirité con la niña en mis brazos, rogando para que Zeus no gritara desde su cuna protegida por las ninfas. Agarré a Hécate con más fuerza y la aferré a mi pecho. – ¿O si? – se rió más fuerte.

– Cronos – susurré, alejándome de él – Por favor, sé que confías en esa profecía, pero ¿Te has puesto a pensar en que puede estar mal? Son mis hijos, por favor…

– Me traicionaste.

– Lo hice por algo más grande. Ten piedad, Cronos. – sollocé, sintiendo como Hécate comenzaba a tensarse en mis brazos para comenzar a llorar.

– Veo que sigues creyendo en mi gran corazón, Rea, pero ya es muy tarde para eso – se mofó mientras se acercaba cada vez más. Algunas de las criaturas a las que había adiestrado comenzaron a acercarse, rodeándome. Me tenía acorralada. Hécate comenzó a llorar como si sintiera mi desesperación. – Dame a la niña, Rea.

– Es mi hija.

– También es mía. Su poder es inigualable y tú no cambiarás eso. – no podía entregársela. Con el poder que ella tenía, sería capaz de querer destruirlo todo. El poder de Caos, el poder que Hémera le confió a mi hija.

– Jamás.

La mueca de burla se transformó en muecas enloquecidas mientras la ira burbujeaba por sus poros.

– No fue una pregunta – sentí como los quimera comenzaron a morder ambos tobillos mientras él golpea mi pecho para desestabilizarme y flaquear la presión que tengo sobre Hécate.

En ese descuido, la toma de mis brazos y la mece.

– No, por favor. Cronos, por favor. – sollocé de rodillas, viendo cómo él comenzaba a mecer a la niña.

Tiene a mi hija.

– Ya no es tuya para cuidar, Rea. – canturreó mientras comenzaba a caminar con ella, alejándose de mí. Grité de dolor por ella, por mí, por su hermano, por todo lo que vendría – Ahora es mía.

Él se la llevó.

Él me la robó.

Mi pequeña Hécate.




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