El Halcón y el Heredero

Capitulo 3. La Marcha del Ejército Granjero

A la salida de clases, una horda de uniformes de la Agrícola marchaba por la calle principal. Eran unos treinta estudiantes. Llevaban palos de escoba, bates y tubos. Se veían intimidantes.

En el centro de la formación, protegido por un muro humano de delincuentes, iba Daniel Park. Cualquiera que lo viera pensaría que era el general, el rey que dirige desde el núcleo con frialdad. La realidad era que Daniel se había puesto ahí para usar a los demás como escudos humanos.

Si empiezan a volar piedras, le van a dar a El Tanque primero —pensaba Daniel, encogiéndose un poco dentro de su chaqueta. — Solo tengo que mantener cara de malo y no desmayarme.

Do-yun caminaba al frente, gritando órdenes. —¡No dejen huecos! ¡Protejan al Jefe! ¡Que vean que el Halcón trae ejército!

Llegaron a las puertas de la Escuela Técnica. Los mecánicos estaban desprevenidos, fumando o arreglando motos en el patio. —¡AHORA! —gritó Do-yun.

La marea de la Agrícola se abalanzó sobre ellos. Fue un caos total. Los técnicos, sorprendidos, apenas pudieron levantar las manos para defenderse. Hubo empujones, patadas y gritos. Los granjeros, impulsados por la rabia de la humillación anterior, peleaban con una furia nueva.

Daniel se quedó atrás, subido en una banqueta, señalando vagamente con el dedo. —¡A la derecha! ¡Sí, denle a ese! —gritaba, fingiendo dirigir la batalla, aunque en realidad solo quería estar lejos de los puños.

La pelea se detuvo cuando salió el líder supremo de la Técnica: Seong-bin "El Martillo". Era un tipo alto, con brazos llenos de grasa y una mirada asesina. Al ver que sus chicos estaban perdiendo, buscó con la mirada al responsable.

Sus ojos se cruzaron con los de Daniel Park, que estaba "dirigiendo" desde lejos. —¡Tú! —rugió Seong-bin. — ¡El famoso Halcón!

El campo de batalla se congeló. Seong-bin se quitó la chaqueta y caminó hacia Daniel, apartando a los estudiantes de la Agrícola como si fueran moscas. —¿Te escondes detrás de tus perras? —gritó Seong-bin, escupiendo al suelo. — ¡Baja aquí! ¡Vamos a arreglar esto hombre a hombre, uno contra uno!

El corazón de Daniel Park empezó a latir tan fuerte que le dolía el pecho. Sus piernas se convirtieron en fideos. Seong-bin se veía enorme, mucho más peligroso que Kang-dae. "Ya se acabó. Hasta aquí llegué. Me va a matar y todos verán que lloro".

Daniel abrió la boca, quizás para pedir perdón o para inventar una excusa (como que le dolía la barriga), pero el miedo lo paralizó.

Justo cuando Seong-bin estaba a dos metros de Daniel, listo para despedazarlo, una sombra se interpuso. Era Kang-dae "Puños de Acero".

—¡Imbécil! —le gritó Kang-dae a la cara de Seong-bin. — ¿Crees que puedes tocar al Halcón? ¡Idiota! Ni siquiera eres digno de limpiar sus zapatos.

—¿Qué? —Seong-bin se detuvo, sorprendido.

—El Halcón no pelea con basura —dijo Kang-dae, y sin avisar, le metió un derechazo en la nariz a Seong-bin.

El líder técnico se tambaleó. Antes de que pudiera reaccionar, Chul-soo saltó sobre su espalda, agarrándolo del cuello. —¡A él! —gritó Do-yun.

Dos estudiantes más de la Agrícola se lanzaron a las piernas de Seong-bin. Entre cuatro lograron tumbar al gigante. Una vez en el suelo, la "pelea honorable" se acabó. Lo patearon sin piedad.

—¡Esto es por venir a nuestra escuela! —gritaba Chul-soo mientras pateaba. —¡Esto es por faltarle al respeto al Halcón! —gritaba Kang-dae.

Daniel miraba la escena desde su lugar seguro, con los ojos muy abiertos. No había tenido que mover un dedo. "Me... me están defendiendo. De verdad creen que soy el rey".

Diez minutos después, la banda de la Agrícola salía del territorio enemigo. Dejaban atrás a los técnicos derrotados y a su líder en el suelo. El sol del atardecer les pegaba en la cara. Iban caminando en cámara lenta, riendo, con los uniformes sucios pero victoriosos.

Daniel iba al frente esta vez, con Do-yun a su derecha y Kang-dae a su izquierda.

Do-yun le pasó un brazo por el hombro a Daniel. —Viste cómo temblaba ese tal Seong-bin cuando lo miraste fijo, Halcón? Se orinó del miedo antes de que Kang-dae lo tocara.

Kang-dae se limpió un poco de sangre del labio y asintió, mirando a Daniel con un respeto nuevo, casi fanático. —Sí... ni siquiera tuviste que pelear. Tu sola presencia nos dio la fuerza. Eres el verdadero jefe de Guseong.

Daniel sonrió, una sonrisa nerviosa que todos interpretaron como satisfacción. Empezó a tararear, sintiéndose, por primera vez, parte de algo. Aunque ese "algo" fuera una mentira gigante.

El Galán de K-Drama

El martes por la mañana, el profesor de literatura golpeó el borrador contra el pizarrón para callar el escándalo. — Siéntense, bola de animales. Tenemos otro alumno transferido, viene desde Incheon. Parece que Guseong se puso de moda.

La puerta se abrió y entró un chico. No caminaba con miedo como Park el primer día, pero tampoco con la arrogancia exagerada de Do-yun. Caminaba con una calma absoluta.

Su vestimenta era sencilla, pero en ese entorno de uniformes desgastados y polvo, destacaba por su pulcritud. Llevaba una camiseta de algodón de un color azul celeste que se ajustaba relajadamente a sus hombros, y unos pantalones de mezclilla blancos, impecables. Era una combinación de ropa que gritaba "inocencia" o "chico de ciudad", nada que ver con la ropa oscura o ruda que solían usar los aspirantes a gánsteres de Guseong.

Tenía el cabello negro, ligeramente desordenado sobre la frente, y una pequeña cicatriz que le partía la ceja izquierda; un defecto sutil que le daba un aire de misterio, rompiendo la perfección de su rostro. Era guapo, pero de una forma afilada.

Daniel se detuvo frente a la pizarra. No soltó su mochila, simplemente la sostuvo con una mano relajada. Sus ojos oscuros recorrieron el salón, escaneando el salón sin detenerse en nadie en particular.



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En el texto hay: gemelos, bullying escolar, badboy peleas y dolor

Editado: 29.01.2026

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