A la mañana siguiente, Daniel Park estaba en su casillero intentando sacar sus libros sin que se le cayeran, cuando una mano cerró la puerta de metal de un golpe suave pero firme.
Daniel Kang estaba recargado ahí, mirándolo con esa calma que daba miedo. — Mis 50,000 wons —dijo Kang, sin rodeos. — ¿Cuándo me los vas a devolver?
Park tragó saliva. Todavía tenía la imagen de los nudillos ensangrentados en la cabeza. — Oye, tocayo... estoy un poco corto de liquidez en este momento. ¿Me das un tiempo? ¿Qué tal... una semana?
Kang ladeó la cabeza y sus ojos se entrecerraron un milímetro. — Una semana es demasiado. —Se acercó un paso más, invadiendo el espacio personal de Park. — Te doy tres días. Ni uno más.
Park asintió rápido como muñeco de resorte. — Tres días. Hecho. Sin falta.
Kang le dio una palmadita en la mejilla, casi cariñosa pero humillante, y se fue caminando. Park soltó el aire que había estado aguantando. "Tres días para conseguir dinero sin robar... estoy frito".
El Motín de la Justicia
En el receso, Do-yun tenía un plan maestro. Reunió a la banda en el patio trasero. — Escuchen —dijo Do-yun, encendiendo un cigarro. — El Halcón necesita efectivo. Así que vamos a aplicar la clásica: "impuesto de protección". Vamos a sacudirle los bolsillos a los de primero y a los del club de ajedrez. Tienen que aflojar el dinero para que no se les olvide quién manda.
La banda asintió, listos para la cacería. Kang-dae (con una venda en la mano) se veía especialmente ansioso por desquitarse con alguien más débil.
Park recordó como en su escuela anterior le aplicaban “impuesto de protección” quitando su dinero de lunch. — ¡Alto! —gritó Park, interviniendo de golpe.
Todos voltearon a verlo. — Nadie le va a quitar un solo won a los alumnos —dijo Park con voz firme, tratando de canalizar su "Jefe" interior. — Se cancela la operación.
Do-yun se quedó con el cigarro a medio camino. — Pero Halcón... tú mismo dijiste que necesitabas dinero. Además, si no los apretamos, nos pierden el respeto. Tienen que temernos.
Park se cruzó de brazos, improvisando un discurso moral. — El verdadero poder no es robarle al débil, Do-yun. Eso es de pandilleros baratos. Yo soy un gobernante justo. No discrimino y no me aprovecho de los que no pueden defenderse. —Miró a su banda. — Yo conseguiré mi propio dinero. Y les prohíbo que toquen a los nerds.
Do-yun se quedó pasmado. Nunca había conocido a un "iluminado" líder de pandilla. — Como digas, Jefe... —masculló, confundido pero obediente.
Jornaleros Inesperados
Esa tarde, después de clases, el sol pegaba duro. Daniel Kang iba caminando hacia su casa cuando vio algo extraño. A lo lejos, un grupo de chicos con lentes y uniformes abrochados hasta el cuello caminaban hacia los campos de cultivo a las afueras de la escuela. Y en medio de ellos, iba Daniel Park, tratando de pasar desapercibido.
La curiosidad pudo más. Kang los siguió. Llegaron a un almacén agrícola donde un granjero viejo les gritaba órdenes. — ¡Vamos, muévanse! ¡Quiero esos costales en el camión antes de que oscurezca!
Park se quitó la chamarra de "Halcón" (cuidando que nadie viera la etiqueta barata) y se puso a intentar levantar un costal de papas de 20 kilos. Sus brazos de fideo temblaron. —¡Pesa un demonio! —pensó Park, poniéndose rojo del esfuerzo.
— Oye, Halcón —dijo una voz a sus espaldas.
Park casi tira el costal. Daniel Kang estaba ahí, parado con las manos en los bolsillos, observando el circo. — ¿A dónde van con tanta prisa? —preguntó Kang.
— Vamos a trabajar —jadeó Park, logrando subir el costal a su hombro. — Pagan por hora. Necesito el dinero... para ya sabes qué.
Kang arqueó una ceja. Ver al supuesto "Rey de la Escuela" sudando la gota gorda por unos cuantos wons era un espectáculo nuevo. Decidió que valía la pena verlo de cerca. — Me apunto —dijo Kang.
Se acercó al grupo de nerds. El líder del club de computación, un chico llamado Min-ho, miró a Kang con desdén. — Oye, novato —dijo Min-ho, acomodándose los lentes. — ¿Tú también vienes? ¿Alguna vez has levantado un saco de papas en tu vida, niño bonito?
Park se congeló. "¡Min-ho, cállate! ¡Estás hablando con la muerte!".
Pero los nerds no tenían idea. Para ellos, Kang era solo otro alumno nuevo con cara de modelo. — Ten cuidado, carita —siguió burlándose otro nerd. — No te vayas a romper una uña. Estos sacos son pesados, no son como tu mochila de marca.
Kang no se enojó. De hecho, le pareció gracioso. Nadie le hablaba así desde... hace mucho. — Trataré de no lastimarme —dijo Kang con sarcasmo seco.
Se agachó, agarró dos costales (40 kilos en total), uno en cada mano, y los levantó como si fueran almohadas de plumas. Los lanzó al camión con un movimiento fluido. ¡PUM!
Los nerds se quedaron con la boca abierta. — Ah... bueno... tienes buena técnica —murmuró Min-ho, intimidado, y se fue a cargar el suyo.
Media hora después, Park estaba tirado en el pasto, exhausto, tomando agua. Kang se sentó a su lado. Ni siquiera estaba sudando.