Más tarde, Daniel Kang caminaba tranquilo hacia la cafetería. De repente, Do-yun, Chul-soo y tres tipos más le cortaron el paso.
— Ven acá, carita de niño —ordenó Do-yun.
Lo llevaron a la parte trasera de la escuela, un callejón ciego lleno de basura vieja. Justo antes de doblar la esquina y perderse de vista, Kang cruzó miradas a lo lejos con Park. El otro Daniel estaba fingiendo reírse con los del club de computación, para tener una coartada.
En ese breve instante, Kang captó la mezcla de miedo y malicia en los ojos de Park. "Vaya... así que fuiste tú", pensó, negando levemente con la cabeza. "Una rata cobarde hasta el final".
Ya en el callejón, Do-yun lo empujó. — ¿Te atreves a faltarle al respeto a Halcón, imbécil? —gritó Do-yun. — Te vamos a enseñar jerarquía.
Do-yun lanzó un golpe amplio y telegrafiado directo a la cara. Daniel ni siquiera parpadeó. Esquivó el puño con un paso lateral y aprovechó la guardia abierta de su oponente para contrataacar.
Fue una combinación rápida de dos golpes. Primero, Daniel soltó un jab hiriente directo al ojo derecho de Do-yun. El impacto sonó húmedo y la cabeza de Do-yun rebotó hacia atrás, pero Daniel no había terminado, giró la cadera y remató con un gancho de izquierda a la mandíbula expuesta.
¡CRACK! Las rodillas de Do-yun cedieron al instante. Cayó como un costal de cemento, noqueado.
El silencio duró un segundo. — ¡Jefe! —gritó Chul-soo.
Un tipo se lanzó sobre él. Daniel no retrocedió; hizo lo contrario. Dio un paso lateral rápido, dejando que el atacante pasara de largo con su golpe volado. Antes de que el tipo pudiera recuperar el equilibrio, Daniel le conectó una izquierda que lo hizo tambalear; sin esperar a que se recuperara, le metió un rodillazo en el estómago. El chico se dobló instantáneamente, boqueando como un pez fuera del agua, totalmente incapacitado por el dolor.
El segundo intentó lanzar una patada frontal. Daniel simplemente giró el torso para que el pie pasara rozando su camisa y aprovechó la guardia baja del agresor. —Pum. Un directo de derecha estalló en la cara del atacante. El sonido fue seco, como madera partiéndose. El tipo se llevó las manos al rostro mientras la sangre le brotaba de la nariz.
El tercero, viendo las habilidades de Daniel, dudó. Daniel acortó la distancia en un parpadeo y le metió una patada frontal en la boca del estómago que le sacó todo el aire. Aprovechando que el oponente se doblaba del dolor, Daniel soltó una combinación fulminante de 2 golpes a la cabeza que lo hizo desplomarse como un títere al que le cortaron los hilos.
Daniel se sacudió los nudillos y alzó la vista hacia al cuarto chico. Chul-soo, viendo a sus amigos retorciéndose en el polvo y a su líder inconsciente, sintió que las piernas le temblaban. Tiró su palo, dio media vuelta y salió corriendo despavorido, tropezando con sus propios pies.
Do-yun abrió los ojos desde el suelo, con la visión borrosa. —¿Qué... qué está pasando? —murmuró, sin entender cómo había terminado mirando el cielo...
Park estaba riendo nerviosamente con los nerds cuando escuchó pasos pesados. Daniel Kang apareció arrastrando a Do-yun por el cuello de la camisa, como quien carga una bolsa de basura. Do-yun caminaba a tropezones, tambaleándose. Detrás de él venían los otros: golpeados, sangrando y con la mirada baja.
Kang tiró a Do-yun golpeado justo a los pies de Park. — Tus perros no muerden —dijo Kang, sacudiéndose el polvo de las manos.
Park miró a Do-yun con el ojo morado, luego a los demás destruidos. Su mundo se detuvo. Ya supo con certeza que estaba frente al verdadero Hálcon.
— ¿Me mandaste a tus matones? —preguntó Kang, acercándose despacio. — Pensé que éramos amigos, Daniel. Te traté como a un hermano. Te presté mi nombre, mi reputación... ¿y así me pagas?
Park retrocedió un paso, acorralado. —¡Tú me quitaste a So-min! —chilló, con la voz quebrada por el miedo y los celos.
Kang soltó una risa breve, fría y sin humor. —¿Todo esto fue por ella? —Lo miró con lástima genuina—. ¿Arriesgaste tu vida solo por una chica? Qué patético.
¡PLAF! La cachetada resonó en todo el patio. Fue un golpe de mano abierta, pero con la fuerza suficiente para girarle la cara a Park.
—¡Hablemos! —chilló Park, cubriéndose.
¡PLAF! Otra cachetada, esta vez a la otra mejilla. Las mejillas de Park se pusieron rojas al instante.
— Diles quién eres realmente —ordenó Kang con voz gélida.
— Yo... yo soy Daniel Park...
— ¡DILES QUIÉN ES EL HALCÓN! —rugió Kang.
Park se encogió, temblando como una hoja. — ¡No soy Halcón! ¡Soy un fraude! ¡El verdadero Halcón es él! ¡Es Daniel Kang!
Un murmullo de horror recorrió a los presentes. Todos miraron al chico tranquilo que siempre comía solo.
Kang barrió a la multitud con una mirada de desprecio absoluto. — Por curiosidad quería intentar vivir una vida tranquila. Quería estudiar y pasar desapercibido —dijo, escupiendo al suelo. — Pero ustedes, bola de idiotas, no saben cuándo detenerse. ¿Tanto querían ver al Halcón? —Abrió los brazos, desafiante. — Pues aquí lo tienen.