Una tarde, Daniel Kang, Do-yun y Chul-soo caminaban de regreso de la escuela por un callejón poco transitado. Daniel iba tranquilo, con las manos en los bolsillos, pensando que ya era hora de ir a la Técnica a hacer una "visita de cortesía".
De repente, Seong-bin, Tae-sung y otros dos chicos de la Técnica les cortaron el paso, saliendo de detrás de unos contenedores oxidados. El líder, Seong-bin, dio un paso al frente, tratando de intimidar con su tamaño. —¿Dónde está "El Halcón"? —preguntó, escaneando al grupo y buscando con la mirada al chico miedoso de la última vez.
Daniel se detuvo en seco. Una sonrisa de depredador se dibujó lentamente en su rostro. "Qué suerte", pensó. "Ni siquiera tuve que ir a buscarlos; la basura se sacó sola".
— Yo soy el Halcón —dijo Daniel con voz calmada, mirándolos directo a los ojos. — Y justo los estaba buscando a ustedes.
Los de la Técnica se miraron confundidos, luego soltaron una risita burlona. — No —dijo Tae-sung, apuntándole con una llave inglesa. — Tú no eres el Halcón. ¿Dónde está el gusano? Ese que llora cuando lo aprietan un poco.
Daniel soltó una carcajada fuerte que resonó en las paredes del callejón. —¡Jajajaja! ¿Entonces están buscando a un gusano y no al Halcón? — Su expresión cambió de la risa a una frialdad absoluta en una fracción de segundo. — Qué patéticos son.
En ese momento, Do-yun se acercó a Daniel, le habló en voz baja, pero firme, como un soldado informando a su comandante: — Oye, Daniel. Dato importante. Esos dos al frente son Seong-bin y Tae-sung. Son el Número 1 y el Número 2 de la Técnica. —Do-yun miró a los rivales con desafío. — Son los peces gordos que estábamos esperando.
Al escuchar esto, lejos de preocuparse, los ojos de Daniel se iluminaron. —Ah... interesante —murmuró, tronándose el cuello. — Al fin algo de diversión.
Daniel dio un paso adelante, quitándose la chaqueta con calma y arrojándola a los brazos de Do-yun. Miró a los líderes rivales con burla. — ¿Así que ustedes son los líderes de su escuela? —Los señaló con la barbilla, retándolos. — Perfecto. Vengan los dos al mismo tiempo. Ahórrenme el trabajo de cazarlos uno por uno.
Tae-sung dudó un segundo. Al ver la confianza de Daniel y sentir esa aura asesina, su instinto le gritó que algo andaba mal. El otro chico (Park) era un fraude, pero este tipo frente a él daba miedo de verdad.
—¡Muérete! —gritó Tae-sung para espantar su propio miedo, lanzándose al ataque con la llave inglesa.
Lanzó un golpe directo a la cabeza. Daniel lo esquivó inclinando el torso. Tae-sung lanzó un segundo ataque horizontal. Daniel se agachó tranquilamente. Cuando Tae-sung levantó el brazo para el tercer golpe, Daniel vio la apertura. Agarró su brazo en el aire, giró y tiró con fuerza seca.
¡CRACK! Se escuchó el crujido. —¡AAAAH! —Tae-sung gritó de dolor y agachó la cabeza por instinto.
Daniel no le dio respiro. Aprovechando que tenía la cabeza baja, le conectó un rodillazo brutal directo en la cara. Tae-sung cayó fulminado.
Al ver la escena, Seong-bin se tensó. Era un grandullón con mucha fuerza bruta, pero no tenía la velocidad de Halcón. —¡Maldito! —Seong-bin tiró un golpe pesado, buscando noquear de un impacto. Pero se anunciaba demasiado. Daniel lo esquivó con un paso lateral y respondió con dos jabs rápidos como el rayo a la cara. La sangre brotó de la nariz de Seong-bin al instante.
El líder técnico, desesperado y sangrando, empezó a tirar golpes al aire intentando cazarlo. Daniel se movía como un fantasma a su alrededor. Se agachó bajo un golpe volado, le conectó un gancho demoledor al hígado seguido por un uppercut al rostro.
Seong-bin se tambaleó, mareado. Aprovechando el momento, Halcón soltó una serie de golpes de poder: izquierda, derecha, izquierda. El gigante cayó al suelo como un árbol talado.
Los otros dos chicos de la Técnica se quedaron paralizados, mirando con horror a sus líderes destrozados. Halcón se movió hacia ellos. Los dos retrocedieron en pánico. —¡Halcón, por favor no nos pegues! —chilló uno. — ¡Nosotros solo seguimos a nuestros líderes! ¡No queremos pelear contigo!
Minutos después, los cuatro técnicos (los dos líderes golpeados y los dos lacayos ilesos) estaban formados en una fila frente a Daniel, con la cabeza baja.
Halcón se limpió una gota de sangre ajena de los nudillos. — A partir de este mes —dijo con voz autoritaria, — Me van a pagar impuestos mensuales de 100,000 wons.
Uno de los chicos que no había peleado levantó la vista, temblando. — Pero Halcón... es mucho dinero. ¿Qué tal si te pagamos 50,000 wons al mes?
Halcón se le acercó despacio. Sin decir nada, ni cambiar su expresión, le dio un golpe seco en el plexo solar. —¡Ghh! —El chico se dobló, tosiendo y buscando aire desesperadamente.
Daniel se agachó tranquilamente hacia él, le levantó la barbilla y le susurró: — Los números los dicto yo. No es una negociación.
Luego se levantó y miró a los otros tres. — Ahora vacíen sus bolsillos. Todo. Y no intenten esconder nada. Si encuentro un solo billete escondido, se los haré tragar billete por billete.
Los cuatro, aterrorizados, vaciaron sus carteras en segundos. Daniel recogió el botín y sonrió, una sonrisa fría que no llegaba a sus ojos. — Tienen suerte de que hoy me siento generoso. Pude haberlos dejado desnudos aquí mismo.
Halcón dio media vuelta y se alejó por el callejón, seguido por Do-yun y Chul-soo, quienes caminaban con el pecho inflado, mirando a su líder como si fuera un dios de la guerra.
La Nueva Dueña del Pasillo
La noticia de la masacre a los de la Técnica corrió como pólvora. Ahora, cuando Daniel Kang (Halcón) caminaba por las calles aledañas a la escuela, el mar de estudiantes uniformados se abría automáticamente. Y a su lado, caminando con una confianza renovada y peligrosa, iba So-min.
Ya no era solo la chica dulce de antes, ahora tenía una mirada altiva. Se había dado cuenta de que estar con el depredador alfa le daba un poder que nunca había sentido, incluso sobre los chicos rudos de la Agrícola.