El Halcón y el Heredero

Capitulo 9. La Metamorfosis: Clase de Depredador

El Pacto en la Penumbra

Hubo un silencio que pesaba más que el ruido de la calle. — Supongamos que te sigo el juego —dijo Daniel interrumpiendolo finalmente—. Pero mírate. ¿Qué es ese peinado ridículo? —Hizo un gesto despectivo hacia el flequillo de Jae-won—. Te tapa los ojos. Tendrás que arreglar tu look. Te ves... lamentable.

Jae-won se tocó el flequillo, un gesto nervioso automático.

— Es que... no me gusta llamar la atención.

Daniel sonrió con suficiencia. Era una sonrisa afilada, burlona, que picó el orgullo de Jae-won. — No me extraña. ¿Crees que con esa cara de cobarde vas a sobrevivir en mi mundo? Allá la gente te huele el miedo.

Jae-won soltó una risa nerviosa. Aunque era una burla, lo sentía como una instrucción vital.

— Okay, me cortaré el pelo para parecerme más a ti. Pero, ¿a qué te refieres con sobrevivir? Dijiste que era aburrido. Yo solo quiero tranquilidad, no tener que enfrentarme a nadie.

— Y tendrás tranquilidad. Nadie te va a retar si creen que eres yo, pero para eso, tienes que dejar de parecer una víctima. —respondió Daniel con calma.

Daniel se inclinó sobre la mesa, bajando la voz. — Yo te enseñaré cómo debes comportarte. Y lo primero que tienes que hacer es quitarte ese ridículo peinado, te ves como un nerd. —Soltó una carcajada breve—. Aunque creo que será complicado. No solo te ves como uno, te comportas como uno. Primera lección: NUNCA BAJES LA MIRADA.

— Nunca... bajar la mirada —repitió Jae-won, como si fuera un mantra.

— Exacto. Si alguien te mira fijo, tú lo miras peor. Si bajas la cabeza, te pierden el respeto. En mi pueblo, los ojos dicen todo. Úsalos.

Daniel siguió escaneándolo de arriba abajo. — Y hay otro problema. ¿Haces algún deporte?

— No... —admitió Jae-won.

— Se nota. Eres un fideo. También tienes que empezar a hacer un poco de deporte, porque te ves flaco. Yo entreno diario. Calistenia. Correr. Cosas así. Pero bueno, por suerte la ropa ocultará que estás flaco. Somos de la misma estatura, así que con una chaqueta holgada pasarás desapercibido. Pero la actitud es lo que importa.

De repente, Daniel se tocó la ceja izquierda. — Pero hay algo que la ropa no puede ocultar.

Jae-won miró la pequeña cicatriz en la ceja izquierda de Daniel. — La cicatriz... —susurró Jae-won.

— Exacto —dijo Daniel—. Es mi marca. Todo el mundo en Goseong la conoce. Si llegas con la cara limpia, sabrán que no eres yo en dos segundos. ¿Qué hacemos con eso? ¿Crees que tengas las agallas para hacerte una igual?

Jae-won lo miró con terror. — ¿Tengo que... cortarme?

— No sé qué es lo que tengas que hacer, ni quiero saberlo —dijo Daniel fríamente—. Pero tienes que tener una cicatriz idéntica a la mía. De lo contrario, no va a funcionar.

Jae-won cerró los puños hasta que los nudillos se pusieron blancos. Pensó en la cara de Min-jun, en el agua del inodoro, en la risa de Sung-ho, en como lo humillaban regularmente. El dolor físico de un corte le parecía, de repente, un precio bajo a pagar por su libertad.

— Pensaré en algo —dijo con una determinación repentina que sorprendió incluso a Daniel—. Te prometo que tendré una cicatriz similar.

— Bien —asintió Daniel.

— ¿Y tú? —preguntó Jae-won—. Yo no tengo cicatriz. Si te ven en mi escuela o en mi casa con esa marca, la gente hará preguntas. Mi madre se daría cuenta.

Daniel se encogió de hombros, restándole importancia.

— Eso es más fácil de manejar. Los primeros días llevaré un parche médico sobre la ceja izquierda. Les diré que me golpeé con una puerta o alguna otra excusa. Para cuando me quite el parche, diré que quedó una marca. La aparición de la cicatriz va a parecer algo natural, parte del proceso de curación. Nadie sospechará.

Jae-won suspiró, aliviado. El plan, aunque loco, parecía sólido.

— Entonces... —Daniel se puso de pie—. Esta semana te vas a cortar el pelo, te vas a hacer la cicatriz y vas a practicar caminar como si fueras el dueño de la calle. Y yo... bueno, yo me prepararé para gastar tu dinero.

El pacto estaba sellado. Se dieron una semana de plazo para que Jae-won transformara su apariencia y para que ambos intercambiaran la información básica de sus vidas: horarios de clase, rutinas, nombres clave y contraseñas.

Dos almas completamente opuestas, a punto de cambiar de piel.

Ambos sacaron sus celulares para intercambiar números antes de tomar caminos separados.

Mientras veía a Daniel alejarse con paso firme entre la multitud, Jae-won sintió una mezcla de terror absoluto y una inyección de esperanza. En una semana, sería libre.

El Espejo Distorsionado

Unos días después, los dos se habían reunido en un motel barato en las afueras de la ciudad, un lugar neutral donde nadie haría preguntas. La habitación olía a tabaco rancio y humedad, un olor que hizo arrugar la nariz a Jae-won, pero que Daniel ignoró por completo.

Jae-won ya se había cortado el pelo; el flequillo largo había desaparecido, dejando su frente y sus ojos al descubierto. Se sentía desnudo.



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En el texto hay: gemelos, bullying escolar, badboy peleas y dolor

Editado: 17.02.2026

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