El Halcón y el Heredero

Capítulo 12. El Halcón en la Preparatoria de Gangnam

La Preparatoria Gangnam. A las 8:00 AM.

Daniel cruzó la entrada principal por primera vez, sintiendo el peso de las miradas. Caminaba por el pasillo central, pero no como lo hacía el verdadero Jae-won. No llevaba la mochila abrazada al pecho como un escudo protector, ni clavaba la vista en sus zapatos.

Llevaba la mochila colgada de un solo hombro, despreocupado. Tenía la espalda recta y la barbilla en alto. Su corte de pelo dejaba al descubierto su rostro afilado y sus facciones marcadas. Y, como parte del plan, llevaba un parche blanco sobre la ceja izquierda. No parecía un herido; parecía un chico malo de película.

Tras unos minutos de búsqueda, Daniel encontró el salón de Jae-won y entró sin dudar. Al entrar, sintió varias miradas clavarse en él, aunque no muchos lo reconocieron como Jae-won.

Daniel caminó directo hacia la última fila, junto a la ventana. Odiaba sentarse adelante; los asientos de atrás eran territorio estratégico, perfectos para observar sin ser observado y para dormir si la clase era demasiado aburrida.

Se dejó caer en la silla, estirando las piernas. Alrededor, los murmullos empezaron a estallar como palomitas de maíz.

—¿Ese es... Jae-won? —susurró una chica, tapándose la boca con las manos—. No puede ser.

— Parece que es él... pero se ve diferente —contestó su amiga, sin quitarle la vista de encima.

— Se cambió el look —comentó otra, mordiéndose el labio—. No sabía que era tan... guapo. Tiene un aura rara, ¿no?

Más tarde, el timbre del receso sonó.

Min-jun, el "rey" del salón, también había notado el cambio. No le gustó nada esa caminata segura ni la forma en que "Jae-won" ignoraba a todo el mundo. Se levantó, caminó hasta el lugar de Daniel y, con total arrogancia, se sentó sobre su escritorio, invadiendo su espacio personal.

Daniel no se movió. Solo alzó la vista despacio.

— Oye, "Príncipe", ¿sigues vivo? —soltó Min-jun con una sonrisa burlona—. Ya nos estábamos preocupando. Pensamos que te había pasado algo malo... o que te habías roto una uña.

Se inclinó un poco más, tratando de intimidarlo.

— ¿Dónde te metiste estas dos semanas? ¿Y qué pasa con este cambio de look? —Min-jun lo barrió con la mirada de arriba abajo, riéndose—. ¿Te cambiaste el peinado y crees que con eso se te quitó lo patético? Sigues siendo la misma gallina, Jae-won.

Daniel lo miró fijamente a los ojos, sin parpadear.

Por dentro, su mente trabajaba rápido. Él ya sabía que Jaewon era un cobarde. Así que no le sorprendió en lo más mínimo que le hablaran así, pensó: "Así que le hacen bullying. Con razón... Jae-won, pobre idiota, ¿por qué no me dijo nada sobre esto?".

Lejos de sentir miedo, Daniel sintió una curiosidad fría. Quería ver hasta dónde llegaba este tal Min-jun. No se apresuró a reaccionar; un depredador espera el momento justo.

Justo cuando la tensión estaba a punto de romperse, la puerta se abrió de golpe. Dos profesores entraron discutiendo sobre unos horarios, con las voces altas.

Min-jun chasqueó la lengua, molesto por la interrupción. Se bajó del escritorio de un salto, pero antes de irse, se inclinó al oído de Daniel.

— Esto no ha terminado, ratita. —Le guiñó un ojo con malicia—. Continuamos más tarde.

Min-jun salió del salón seguido por Sung-ho y otros dos secuaces, riéndose como hienas. Daniel se quedó en su asiento, con una media sonrisa en los labios.

"Ratita..." —pensó Daniel, tocándose el parche de la ceja—. "No tienes idea de en qué jaula te acabas de meter."

El Ingrediente Secreto

Era la hora del almuerzo y la cafetería de la Preparatoria Gangnam confirmó las sospechas de Daniel: este lugar no era una escuela, era un resort vacacional. Había una barra de ensaladas frescas, opciones gourmet que iban desde pasta italiana hasta sushi, y mesas tan limpias que podías ver tu reflejo en ellas.

Daniel tomó una bandeja y la llenó sin timidez. Carne de res marinada, arroz blanco al vapor, sopa de miso y kimchi fresco. Se sentó en una mesa vacía, lejos del bullicio principal.

De repente, una sombra alargada cubrió su mesa.

Eran Min-jun, Sung-ho y otro chico más, flanqueándolo como guardaespaldas baratos. Min-jun, con su uniforme impecable y esa sonrisa perfecta y cruel que ensayaba frente al espejo, se paró frente a él.

— Vaya, vaya... Miren a quién tenemos aquí —dijo Min-jun, arrastrando las palabras con burla—. ¿Sabes qué? Nunca pensé que diría esto, pero... te extrañamos, ratita. ¿Verdad, Sung-ho?

— Sí, claro. Sin ti, los recesos son muy largos —se burló Sung-ho, cruzándose de brazos.

— Sin mi juguete favorito la escuela se vuelve aburrida —continuó Min-jun, inclinándose un poco para señalar con la barbilla el parche blanco en la frente de Daniel—. ¿Alguien te golpeó? ¿Quién se atrevió a jugar con mis cosas?

Sung-ho y el otro chico soltaron carcajadas exageradas y ruidosas, esperando la reacción habitual: que "Jae-won" bajara la mirada, que sus manos temblaran.

Pero Daniel no tembló. Siguió masticando su carne con una calma insultante. Sus ojos no miraban al suelo; estaban fijos en los de Min-jun. El contacto visual era sostenido, frío y directo. Una provocación silenciosa.

La falta de miedo y esa mirada de acero irritaron a Min-jun. Su sonrisa vaciló. Se inclinó bruscamente hacia la bandeja, invadiendo el espacio personal de Daniel.

— Oye, te hice una pregunta, basura. ¿Te quedaste sordo o estúpido?

Daniel tragó el bocado con lentitud, dejó los palillos sobre la mesa y suspiró, como quien espanta a una mosca molesta.

— ¿Ya terminaste tu discurso? —preguntó Daniel finalmente. Su voz salió baja, grave y peligrosamente tranquila—. Ahora cállate el hocico y lárgate a otro lado. No te pares sobre mi almuerzo como un perro callejero esperando sobras. Me estás quitando el apetito.

La risa de los amigos de Min-jun se cortó de golpe, como si alguien hubiera bajado el interruptor. El silencio se extendió rápidamente por las mesas cercanas.



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En el texto hay: gemelos, bullying escolar, badboy peleas y dolor

Editado: 17.02.2026

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