El viento frio sopló ligeramente.
Beast no esperó ninguna señal. Rugió y se lanzó hacia adelante como un toro de lidia, embistiendo con todo su peso. Lanzó un volado de derecha salvaje, un golpe amplio y brutal dirigido directamente a la cabeza, buscando arrancar a ese "conejo" del suelo y terminar el show por la vía rápida.

El Halcón vs Beast
Daniel, con los reflejos afilados por años de peleas y un entrenamiento infernal, no retrocedió. Vio venir el golpe. Se agachó, dejando que el puño masivo de Beast zumbara inofensivamente sobre su cabeza. Al reincorporarse, Daniel giró la cadera y le conectó una patada baja, un low kick seco y durísimo directo a la parte externa del muslo de Beast, seguido inmediatamente de un jab rápido como un látigo directo al puente de la nariz.
La cabeza de Beast rebotó hacia atrás, y un hilo de sangre empezó a escurrir de su fosa nasal.
Beast parpadeó, congelado por una fracción de segundo. No fue por el dolor, sino por el puro desconcierto. Levantó la vista hacia Daniel, evaluando por primera vez su guardia impecable, su balance perfecto y su respiración controlada. El "conejo" que se había encogido de miedo y llorado hace tres días jamás habría podido hacer eso. Esa velocidad, esa técnica para esquivar y contraatacar en dos zonas distintas en un solo parpadeo.
Beast lo entendió de golpe. Un escalofrío de adrenalina le recorrió la espalda: ese tipo no era un simple saco de boxeo al que podía intimidar. Estaba frente a un peleador callejero de verdad.
Pero Beast no tuvo miedo, al contrario se intrigó, así era más interesante.
Su fuerza y su inercia eran innegables. Ignorando el escozor en el rostro, Beast rugió, avanzó acortando la distancia como un tanque de guerra y lanzó una patada frontal que rozó el abdomen de Daniel, obligándolo a dar un salto hacia atrás para no perder el equilibrio.
Daniel se dio cuenta de que golpear a Beast desde afuera va a ser más complicado, ya que Beast tenía una ventaja de alcance y estatura . Tenía que entrar en su guardia.
Aprovechando que Beast lanzaba otro gancho abierto, Daniel se deslizó hacia adentro, acortando la distancia, preparando un uppercut corto a la barbilla. Pero fue un error de cálculo. Beast, dándose cuenta de que el escurridizo "conejo" por fin estaba a su alcance, ignoró por completo el golpe de Daniel. Recibió el impacto en el cuello y, en ese mismo instante, abrió sus enormes brazos y los cerró de golpe alrededor del torso y los brazos de su rival.
El abrazo de oso fue inmediato y letal. Beast atrapó a Daniel contra su propio cuerpo y lo levantó un palmo del suelo.
—¡Te tengo, maldita rata! —gritó Beast, con la nariz ensangrentada y los ojos llenos de rabia.
Sus brazos eran como prensas hidráulicas. Daniel sintió que sus costillas crujían al instante. El aire fue expulsado de sus pulmones por la presión brutal. Beast no intentaba golpearlo, intentaba exprimirle la vida y fracturarle el tórax por pura fuerza bruta.
Daniel no entró en pánico; Hyun le había enseñado cómo salir de esto. En lugar de forcejear inútilmente con los brazos atrapados, Daniel empezó a serpentear, moviendo la cadera violentamente hacia atrás para bajar su centro de gravedad y crear un par de centímetros de espacio en la zona baja.
Una vez que tuvo ángulo, conectó dos rodillazos cortísimos y brutales al estómago de Beast. El gigante bajo la guardia un poco sintiendo el impacto de rodillazos. Daniel aprovechando le metio un cabezazo directo en la misma nariz sangrante, Beast aflojó el agarre un momento por el dolor. Fue suficiente. Daniel se zafó con un empujón explosivo y retrocedió varios pasos, jadeando en busca del aire que le faltaba.
Sangre en la Arena
El público gritaba, eufórico. El morbo estaba al máximo. —¡Vamos, Halcón! —¡Aplástalo, Beast! ¡Mátalo!
Pero los luchadores estaban en su propia burbuja de violencia. La pelea se volvió un torbellino crudo. Ya no había estudio, solo instinto de supervivencia. Beast usaba su peso para acorralar, lanzando combinaciones pesadas que obligaban a Daniel a esquivar o bloquear con los antebrazos. Daniel era más rápido; entraba, golpeaba y salía, picando como una avispa venenosa.
En un intercambio frenético, Daniel intentó retroceder para tomar aire, pero pisó mal en la tierra suelta. Su guardia bajó por poco.
Beast no perdonó. Conectó un derechazo salvaje, un gancho directo y seco a la mandíbula inferior de Daniel.
El impacto sonó como un bate de béisbol golpeando carne húmeda. La cabeza de Daniel se sacudió violentamente hacia un lado. El mundo le dio vueltas en una fracción de segundo. Sus rodillas flaquearon y se tambaleó hacia atrás. El sabor espeso y metálico de la sangre le inundó la boca al instante. Parpadeó, aturdido, y por un momento vio a tres Beasts superpuestos frente a él.
Un grito ahogado recorrió a la multitud. Los estudiantes de Goseong sintieron un hueco en el estómago, creyendo que su campeón ya estaba acabado.
Beast sonrió, relamiéndose la sangre de su propio labio, y avanzó pesadamente para dar el remate.
Pero Daniel clavó el talón en la tierra frenando su caída. Sacudió la cabeza para aclarar su visión, y escupió un chorro de sangre a un lado. Cuando Beast estaba ya cerca, Daniel sorprendió a todos los presentes (especialmente a Beast que ya saboreaba la victoria), se impulsó hacia adelante como un resorte y conectó una patada frontal directo al esternón del gigante. El golpe fue tan preciso que empujó a Beast dos pasos hacia atrás, dándole a Daniel el tiempo necesario para sacudirse el aturdimiento.