El Halcón y el Heredero

Capítulo 24. La Reina Abeja y la Fiesta de Tregua

El Radar de la Realeza

Por la mañana, el rugido agresivo de la Kawasaki Ninja 650 cortó el aire del exclusivo estacionamiento de la escuela, anunciando la llegada de Daniel. Estacionó la pesada máquina en el lugar más visible, bajó el parador con una patada seca y se quitó el casco. Se sacudió el cabello oscuro con esa indiferencia ensayada que le salía de forma tan natural, ignorando olímpicamente las docenas de miradas que se clavaron en él.

Ya no era el "fantasma Jae-won", el perdedor invisible. Ahora era el "Rey Misterioso".

Entre los estudiantes que lo observaban desde lo alto de las escaleras principales estaba Yuna. Ella era la definición de diccionario de una "Reina Abeja": hija de un magnate de la moda, hermosa, inmaculada de pies a cabeza y acostumbrada a chasquear los dedos para obtener todo lo que deseara.

Yuna nunca había notado la existencia de Jae-won. Para ella, él era parte del mobiliario del salón, un bulto gris. Pero la chamarra de cuero negro, la actitud inquebrantable de "me importa un carajo todo" y el jugoso rumor de que había obligado a Min-jun a limpiarle sus zapatos, encendieron su radar de inmediato.

—Interesante... —murmuró Yuna, ajustándose la falda de diseñador y lamiéndose los labios con lentitud—. Parece que por fin cambiaron el menú aburrido de esta escuela.

Comedor principal, hora del almuerzo. Daniel estaba comiendo solo en una mesa central. Disfrutaba de la tranquilidad y del invisible círculo de "espacio personal" que su reciente reputación había creado a su alrededor. Nadie se atrevía a sentarse cerca sin su permiso.

De repente, una costosa bandeja de comida gourmet aterrizó con un golpe seco en su mesa. Yuna tomó asiento justo frente a él, desplegando una sonrisa ensayada, deslumbrante y diseñada específicamente para desarmar a cualquier chico.

—Hola, Jae-won —ronroneó Yuna, con una voz dulce y cantarina—. Linda moto la que trajiste hoy. No tenía idea de que te gustaba la velocidad.

Daniel siguió masticando su pedazo de carne con parsimonia, sin molestarse siquiera en levantar la vista del plato. Para él, la chica era solo ruido de fondo, una mosca zumbando cerca de su comida.

Yuna parpadeó, genuinamente confundida. Su sonrisa perfecta vaciló un milímetro. Nadie la ignoraba así.

—Oye, te estoy hablando —insistió ella, frunciendo un poco el ceño y tocándole ligeramente el antebrazo con una uña impecablemente manicurada.

Daniel dejó caer sus palillos con un suspiro de fastidio absoluto. Finalmente levantó la vista y la miró a los ojos. Yuna esperaba encontrar admiración, nerviosismo, o al menos el deseo habitual que veía en todos los chicos. Pero en su lugar, solo encontró la nada. Unos ojos negros, fríos y profundamente aburridos.

—Y yo te estoy ignorando —dijo Daniel, con una voz plana y seca—. ¿Qué quieres?

Yuna se quedó de piedra. Su cerebro, poco acostumbrado al rechazo, tardó dos largos segundos en procesar el golpe. —Solo... quería ser amable —balbuceó, perdiendo la compostura—. Soy Yuna. Ya sabes, nos sentamos en la misma clase de Historia. Mi papá conoce a tu ma...

—No me importa quién eres ni a quién carajos conoce tu padre —la cortó Daniel, recostándose en la silla con una arrogancia aplastante—. Eres insoportablemente ruidosa. Y ese perfume tuyo... apesta a químico barato. Huele a desinfectante de baño. Me estás quitando el apetito.

Mucha gente en el comedor, que había estado observando la interacción de reojo, cayó en un silencio. Se habría podido escuchar la caída de un alfiler. Min-jun, desde una mesa lejana, miraba la escena con la boca abierta, incapaz de procesar que alguien le hablara así a la intocable Yuna.

El rostro de la chica se puso rojo como un tomate. Era una mezcla de furia hirviente y una vergüenza pública que jamás había experimentado en su vida. Se levantó de golpe, empujando la silla hacia atrás con un chirrido escandaloso.

—¡Eres un patán asqueroso y grosero! —gritó, con la voz volviéndose aguda y estridente—. ¡Nadie me habla así en esta escuela! ¡¿Tienes idea de quién soy?!

—Alguien que está invadiendo mi espacio personal. Muévete, me tapas la luz —respondió Daniel con letal indiferencia, volviendo a tomar sus palillos.

Yuna soltó un grito ahogado de pura frustración y salió taconeando furiosamente del comedor, seguida de cerca por sus amigas, que caminaban con la cabeza gacha, sin saber dónde meterse.

Daniel se encogió de hombros y se metió otro bocado a la boca. —Al fin, paz.

Más tarde, en el lujoso baño de chicas del ala este. Yuna estaba apoyada frente al espejo, retocándose el labial rojo con tanta furia que casi rompe el tubo. Sus amigas la rodeaban como abejas obreras, intentando calmarla.

—¿Pueden creer a este imbécil? —decía Yuna, con las manos temblando de coraje—. ¡Me llamó "ruidosa"! ¡Y se atrevió a decir que mi perfume francés exclusivo huele a desinfectante barato! ¡Es un salvaje!

—Olvídalo, Yuna, no vale la pena —dijo una de sus amigas, palmeándole el hombro—. Siempre supimos que Jae-won era un bicho raro. Ahora resulta que es un bicho raro arrogante. Mejor vuelve a salir con Min-jun, él sí te trata como mereces.

Yuna detuvo el labial a medio camino. Miró su propio reflejo en el espejo de cristal. Sus ojos brillaban, pero ya no era con lágrimas de humillación. Brillaban con algo mucho más oscuro, retorcido y excitante.



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En el texto hay: gemelos, bullying escolar, badboy peleas y dolor

Editado: 06.04.2026

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