El Halcón y el Heredero

Capítulo 25. El Rey de la Fiesta y el Plan Fallido

Al día siguiente, a las cinco de la tarde en punto. La mansión de Min-jun, ubicada en el distrito más exclusivo de Gangnam, estaba inundada de música electrónica y gente de la alta sociedad.

El rugido de la motocicleta anunció la llegada de Daniel. Entró por la puerta principal caminando con esa seguridad depredadora que lo caracterizaba, mirando los cuadros carísimos y los muebles de diseño italiano con absoluto desinterés.

Min-jun salió a recibirlo al vestíbulo con una sonrisa tensa y plástica. —¡Qué bueno que viniste! Vamos, te presento a las chicas que traje. Son todas mayores de edad, universitarias. Nos vamos a divertir mucho con ellas hoy.

Daniel paseó la mirada por el lugar. Se sentía exactamente como un lobo entrando en un corral de ovejas que creen que son listas. La idea de pasar el rato con mujeres mayores y con experiencia le resultaba mil veces más atractiva que lidiar con los dramas infantiles de niñas de preparatoria como Yuna.

Min-jun lo condujo hacia un enorme sofá de cuero blanco donde tres chicas, vestidas con ropa ajustada y maquillaje impecable, bebían cócteles de colores. —Jae-won, ellas son Soyeon, Nari y Hae-in —las presentó Min-jun—. Chicas, les conté sobre él... es el rey de nuestra escuela.

Soyeon, la más atrevida del grupo, que llevaba un vestido rojo peligrosamente corto, se acercó de inmediato. Escaneó a Daniel de arriba abajo con ojos de cazadora, notando cómo la tela de su camiseta se estiraba sobre su pecho y sus hombros. Sin dudarlo, rozó el brazo del chico con las yemas de sus dedos, fingiendo curiosidad. —Eres tan fuerte... —ronroneó Soyeon, parpadeando lentamente—. ¿Cómo conseguiste músculos así? Los chicos de preparatoria suelen ser unos flacuchos aburridos.

Daniel soltó una carcajada, un sonido grave, rasposo y lleno de seguridad. La atrajo hacia sí con un movimiento fluido y dominante, rompiendo en un segundo cualquier barrera de timidez que el verdadero Jae-won habría mantenido por miedo. —¿Quieres una demostración de mi fuerza? —le susurró Daniel muy cerca del oído.

Soyeon lo miró con una sonrisa pícara, mordiéndose el labio. —Sí... pero no me vayas a asustar.

Sin previo aviso, Daniel la tomó por la cintura con ambas manos y la levantó del suelo en vilo, como si la chica no pesara más que una pluma. Soyeon soltó un gritito agudo de sorpresa y se aferró a los anchos hombros de Daniel, riendo impresionada mientras sus tacones colgaban en el aire.

A un par de metros de distancia, Min-jun intercambió una mirada cargada de significado con Sung-ho. Sus sospechas se confirmaban a gritos: Ese no es Jae-won. Jae-won ni siquiera podía levantar su propia mochila cuando estaba llena de libros de texto.

Daniel sonrió, manteniendo a la chica a la altura de su rostro. —Si te gusta la fuerza bruta, soy tu hombre —dijo, y la bajó lentamente, dejando que el cuerpo de ella se deslizara contra el suyo hasta que sus pies tocaron el piso.

Soyeon se sonrojó hasta las orejas, totalmente enganchada. Ese chico irradiaba una confianza y un magnetismo salvaje que no se encontraba en los niños ricos de Gangnam.

Min-jun, tratando de recuperar el control de su propia fiesta antes de que Daniel se robara el show por completo, se acercó a la barra de bebidas. —Oye, Jae-won, ¿qué te sirvo para tomar? —preguntó, intentando que su voz sonara casual—. ¿Un whisky, un scotch, algún licor? Tenemos lo que pidas.

Daniel se dejó caer en el sofá y negó con la cabeza. —¿No sabes que soy deportista? —respondió con tono burlón—. Dame un jugo y ya.

Min-jun fue a la cocina y regresó un minuto después con un vaso de cristal grueso, lleno de jugo de piña y mucho hielo. Se lo extendió.

Daniel agarró el vaso, pero no bebió de inmediato. Lo levantó a la altura de sus ojos, mirando el líquido amarillo a contraluz. Luego, lo acercó a su nariz y lo olfateó de manera exagerada y teatral. Clavó sus ojos negros, fríos como el hielo, directamente en Min-jun.

—¿Veneno o drogas? —preguntó Daniel, sin parpadear.

Min-jun palideció de golpe, sintiendo que la sangre abandonaba su rostro. Detrás de él, Sung-ho titubeó, visiblemente nervioso, levantando las manos. —¡E-es solo jugo! ¡Te lo juro! ¡No le pusimos nada!

Daniel mantuvo la pesada tensión en el aire durante un par de segundos interminables, disfrutando de cómo los idiotas sudaban frío. Luego, rompió el silencio con una carcajada fuerte. —Tranquilos, par de nenas asustadizas. Solo estoy bromeando. Relájense o les va a dar un infarto.

Se llevó el vaso a la boca y tomó un trago largo y ruidoso. Min-jun soltó el aire que estaba reteniendo, riéndose de una forma increíblemente incómoda y forzada. —Jaja... qué buen chiste, Jae-won. Muy gracioso.

El Inicio del Juego

Con el paso de los minutos, el ambiente en la sala se relajó un poco. Se sentaron en círculo en los inmensos sofás de la sala principal. Nari, otra de las universitarias, se inclinó hacia adelante, visiblemente aburrida de la charla trivial sobre escuelas y marcas de ropa.

—Oigan, esto está muy aburrido y tranquilo —dijo Nari, mirando directamente a Daniel con una sonrisa retadora—. ¿Y si hacemos un juego? Verdad o Reto... pero la versión para adultos. Sin censura y sin llorar.

—Me parece una excelente idea —intervino Sung-ho casi de inmediato, viendo la oportunidad perfecta para arrinconar y avergonzar a su invitado—. ¿Ustedes se animan?



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En el texto hay: gemelos, bullying escolar, badboy peleas y dolor

Editado: 06.04.2026

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