El Halcón y el Heredero

Capítulo 27.Un Nuevo Rey Justiciero

La luz anaranjada de la tarde caía pesadamente sobre los edificios de ladrillo de la Escuela Agrícola. Jae-won caminaba por el patio central con las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta, seguido a un par de pasos de distancia por Do-yun.

El ambiente era radicalmente distinto al que experimentaba en su vida real hace apenas un tiempo. Antes, en Seúl, Jae-won habría caminado pegado a la pared, arrastrando los pies, con miedo de respirar muy fuerte o hacer contacto visual con alguien. Ahora, el mar de estudiantes con uniformes sucios se partía ante él como si fuera la realeza.

Pero esa retorcida paz se rompió al acercarse al viejo edificio de las calderas. Escucharon unas risas crueles y el sonido de una mochila cayendo pesadamente contra la grava del suelo. Jae-won se detuvo en seco.

—¿Oíste eso? —preguntó, girando la cabeza hacia el callejón.

Do-yun se encogió de hombros, metiéndose un chicle a la boca con desinterés. —Seguro son los idiotas de primer año jugando o cobrando alguna cuota menor, Daniel. No pierdas tu tiempo con la basura.

Pero Jae-won no pudo ignorarlo. Ese sonido... esa risa de superioridad... le revolvió el estómago. Giró sobre sus talones y caminó hacia el callejón para investigar. Do-yun soltó un suspiro de fastidio, rodó los ojos y lo siguió arrastrando los pies.

Al doblar la esquina, encontraron una escena dolorosamente familiar para Jae-won. Chul-soo y dos de sus secuaces tenían acorralado contra la pared de ladrillos a un chico delgado de primer año. El informante de lentes sostenía una consola de videojuegos portátil en alto, fuera del alcance del niño, mientras este saltaba inútilmente tratando de recuperarla, con el rostro empapado en lágrimas.

—¡Por favor, dámela! —sollozaba el chico, con la voz quebrada—. ¡Es mi regalo de cumpleaños! ¡Mi mamá ahorró durante meses para comprármela, por favor!

Chul-soo soltó una carcajada nasal, empujando al niño por los hombros para tirarlo al suelo. —Pues ve y dile a tu mamita que trabaje horas extras y ahorre para otra, porque esta ya es mía. Considéralo el impuesto oficial por respirar mi aire en este pasillo.

Jae-won sintió que la sangre le hervía. La imagen se superpuso en su mente con sus propios recuerdos: Min-jun acorralándolo en los baños de Seúl, riéndose de su miseria mientras él suplicaba exactamente igual que ese niño.

Se aclaró la garganta ruidosamente. Un sonido áspero y amenazante que cortó el aire.

Fue más que suficiente. Chul-soo se giró de golpe, con una sonrisa burlona todavía en los labios. Pero al ver al "Halcón" parado al inicio del callejón, con esa mirada oscura clavada en él, el color abandonó su rostro instantáneamente, dejándolo blanco como el yeso.

Sus dos amigos soltaron al niño de inmediato. La memoria de lo que había pasado hacía apenas unos días detrás de las gradas —el terror de enfrentarse a Kang-dae, la humillación de suplicar de rodillas— golpeó a Chul-soo con la fuerza de un camión.

—¡J-Jefe! —tartamudeó Chul-soo, bajando los brazos y escondiendo la consola rápidamente detrás de su espalda—. No... no teníamos idea de que estabas por aquí. Solo... solo estábamos jugando un rato con el novato. Ya sabes, enseñándole respeto.

Jae-won dio un paso adelante, acortando la distancia. El crujido de sus botas contra la grava sonó como una sentencia. —Devuélvesela —dijo con una voz tranquila, pero fría como el hielo.

El silencio en el callejón fue total. Solo se escuchaba el zumbido de las calderas. Chul-soo parpadeó detrás de sus gruesos lentes, completamente confundido.

—¿Q-qué? Pero, Jefe... es el modelo nuevo. Vale una fortuna en el mercado de segunda mano...

—Dije que se la devuelvas en este maldito instante —repitió Jae-won, endureciendo la mirada y apretando la mandíbula—. ¿O acaso ya se te olvidó lo que te pasó la semana pasada? ¿Quieres que llame a Kang-dae otra vez para que te refresque la memoria a golpes y terminemos lo que empezamos?

Chul-soo tragó saliva ruidosamente. El pánico visceral hacia el Halcón era mil veces mayor que su codicia. —¡Sí, sí! ¡Claro, Jefe! —Chilló, aterrado.

Se agachó torpemente y le puso la consola en las manos al chico de primer año, casi empujándola contra su pecho con violencia. —¡Toma!¡Solo era una estúpida broma, no te lo tomes en serio!

—Lárguense de mi vista —ordenó Jae-won, sin apartar la mirada del informante.

Chul-soo y sus dos secuaces hicieron una reverencia rápida y torpe, murmurando disculpas atropelladas, y salieron corriendo por el otro lado del callejón como cucarachas cuando se enciende la luz.

El chico de primer año se quedó pegado a la pared, abrazando su consola contra el pecho como si fuera un salvavidas. Miró a Jae-won con los ojos desorbitados por el terror, temblando de pies a cabeza. En su mente, el temido "Halcón" solo había espantado a los buitres menores para quedarse con la presa y el botín él mismo.

—P-por favor... no me pegues... —susurró el niño.

Jae-won sintió una punzada en el corazón. Por una fracción de segundo, suavizó su expresión; fue un cambio imperceptible para Do-yun, que estaba parado más atrás, pero fue muy claro para el niño que lo miraba de frente.

—Vete —dijo Jae-won, usando un tono mucho más suave y humano—. Y no andes caminando solo por estos callejones.



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En el texto hay: gemelos, bullying escolar, badboy peleas y dolor

Editado: 06.04.2026

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