El Halcón y el Heredero

Capítulo 42. Un Nuevo Comienzo (Final)

El Adiós a la Tía

Jae-won llegó a la pequeña y desgastada casa de la tía Hee-soo por última vez.

Al entrar, la encontró en la cocina, pelando ajos sobre la mesa con esa expresión de amargura perpetua que parecía tallada en su rostro.

—Llegas tarde —soltó ella sin molestarse en voltear a verlo—. La cena ya casi se enfría.

Jae-won la observó en silencio. La vio tan pequeña, tan cansada bajo la luz amarilla del foco. Daniel la odiaba, pero Jae-won, desde su perspectiva ajena, veía a una mujer agotada que se había hecho cargo de un sobrino ajeno y sumamente problemático cuando no tenía ninguna obligación de hacerlo.

—Tía —la llamó Jae-won suavemente.

Ella se giró, frotándose las manos manchadas de ajo en el delantal. —¿Qué? ¿Vas a pedirme dinero?

—Me voy. Regreso a Seúl.

—¿A Seúl? ¿A qué vas a ir hasta allá?

—A mi casa. —Jae-won respiró hondo—. Tía... Daniel ya se fue. Se fue a Estados Unidos con Frank, su padre biológico. Tomaron un vuelo ayer.

Hee-soo soltó el cuchillo de golpe. El metal tintineó contra la mesa. Soltó una carcajada seca y carente de humor. —¿Que se fue? ¿De qué estupidez estás hablando, si estás parado justo aquí enfrente de mí? Deja de decir tonterías y lávate las manos.

—No es una broma. Yo no soy él. Yo soy su hermano gemelo. Me llamo Jae-won.

Hee-soo lo miró con los ojos entrecerrados, a punto de soltarle un regaño por la insolencia, pero las palabras se le atoraron en la garganta. Lo escaneó con detenimiento. Vio la ropa pulcra, las manos sin los nudillos rojos y, sobre todo, esa mirada tranquila y suave que Daniel jamás había tenido.

—Nos separaron al nacer en el hospital por un trato sucio. A mí me crio una familia en Seúl; a Daniel lo trajeron a Incheon y luego contigo. Nos encontramos por pura casualidad hace unos meses y cambiamos lugares para escapar de nuestros propios problemas. Nuestro padre apareció ayer. Él y Daniel ya se fueron.

Hee-soo abrió la boca, atónita. El peso de la revelación le cayó encima de golpe. Las piezas que habían estado flotando en su mente durante meses finalmente encajaron.

—Gemelo... —susurró, dejándose caer pesadamente en una de las sillas de madera—. Con razón. Con razón estabas tan extrañamente callado. Con razón empezaste a darme las gracias por la comida.

—Daniel se fue con mucha prisa, tía —mintió Jae-won piadosamente, intentando suavizar el golpe del abandono—. Me pidió que viniera a despedirme por él.

Hubo un silencio largo e incómodo en la cocina, solo interrumpido por el zumbido del refrigerador viejo. —Gracias por cuidarlo todo este tiempo —agregó Jae-won—. Sé que no fue nada fácil. Él era un chico difícil.

— Entonces, se fue sin despedirse —dijo ella con la voz cargada de amargura—. Simplemente se largó. Después de todo lo que hice... Sé perfectamente que no fui la mejor, pero le di un techo y comida.

Sus ojos se humedecieron un poco.

Jae-won se sentó frente a ella. —Él te lo agradece, tía. A su manera. Pero tenía que irse rápido para no mirar atrás.

La tía miró a Jae-won fijamente durante unos segundos. —Tú... tú eres un buen muchacho —murmuró—. Tú no hablas como él. Tú no me miras con ese rencor. —Hizo una pausa, tragando saliva—. Estos últimos meses... tú limpiabas tu plato sin quejarte. Ayudabas a tus primos con las tareas de la escuela. Me preguntabas cómo estaba.

Hee-soo se limpió rápidamente una lágrima rebelde que logró escapar por su mejilla. —Gracias. Gracias por dejarme tener, aunque sea por unos pocos meses, al sobrino que siempre quise tener. Fuiste un buen chico en esta casa, Jae-won.

Jae-won sintió una punzada en el pecho. Se acercó a ella y la envolvió en un abrazo. Hee-soo, rígida al principio, terminó devolviéndole el gesto, aferrándose a su chaqueta por un instante.

Al separarse, Jae-won sacó un sobre grueso del bolsillo interior y lo puso sobre la mesa. —Esto es para ti. Por todas las molestias de estos años. Por cuidar de mi hermano cuando más lo necesitaba, y por darme un hogar a mí estos últimos meses.

Hee-soo miró el sobre. Sabía que ahí había más dinero del que ganaba en un año. Negó con la cabeza y empujó el sobre de regreso. —No. Llévate eso. No voy a aceptar tu dinero. Ustedes son mi sangre, los hijos de mi hermana.

—Por favor, tía, acéptalo —insistió Jae-won, empujando el sobre hacia ella con suavidad—. Mi familia adoptiva tiene dinero. A mí no me hará falta. Ustedes necesitan esto para estar tranquilos. Cómprales algo nuevo a Ji-hoon y Su-jin. Invierte en su escuela.

Hee-soo miró el sobre una vez más, luego a Jae-won. Finalmente, asintió con lentitud. —Gracias, hijo.

Jae-won se apartó de la mesa y caminó hacia la puerta de salida. Se detuvo en el umbral y giró la cabeza. —Adiós, tía.

—Adiós, muchacho —respondió ella—. Y recuerda visitarnos de vez en cuando. No te olvides de que aquí en Goseong tienes a tu tía y a tus primos.

—Lo haré —prometió Jae-won con una sonrisa sincera.

—Vete con cuidado. Y si hablas con ese malagradecido de Daniel... dile que se abrigue bien. Allá en Estados Unidos hace mucho frío.



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En el texto hay: gemelos, bullying escolar, badboy peleas y dolor

Editado: 10.06.2026

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