El Heredero del Relámpago Carmesí

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# Capítulo 10 — El primer vínculo

La voz de Elara se apagó entre las nubes.

Durante un instante, Bruma Ceniza quedó en silencio.

Luego el Velo Blanco respondió.

Desde el mar emergió un barco de guerra cubierto por una torre de cristal pálido. La estructura giraba sobre la cubierta y lanzaba haces de luz blanca hacia el puerto.

Edran palideció.

—Una torre de memoria —dijo—. Si termina de cargarse, todos olvidarán esta noche.

—¿Y si olvidan esta noche? —preguntó Tomás.

Edran apretó la espada.

—Olvidarán al Velo Blanco. Olvidarán a Kael. Tal vez se olviden unos de otros.

Kael miró el mapa de los fragmentos. El primer santuario brillaba al norte, en el Bosque de las Raíces Negras.

No podían marcharse todavía.

—Entonces destruimos la torre —dijo.

Damián señaló el barco.

—Está protegida por cadenas y marineros controlados.

—No vamos a atacar a los marineros —respondió Kael—. Vamos a liberarlos.

El plan nació rápido.

Damián elevó a Lía con una corriente de viento hasta la cubierta. Ella quemó las redes de aura que protegían el casco sin tocar a nadie. Isabel levantó una marea de espejos que desvió los disparos de luz. Tomás hundió las manos en el suelo y arrancó pilares de piedra del fondo del puerto para inmovilizar la nave.

Edran permaneció con Mara, guiando a los habitantes hacia los túneles.

Kael cruzó hacia el barco sobre una pasarela de viento.

Cuando llegó a la torre, Vaelor lo esperaba.

—Sabía que vendrías —dijo el capitán.

—¿Para que puedas intentar convencerme otra vez?

—Para que veas la verdad. Esta torre está conectada con el primer santuario. Si usas tu poder para destruirla, abrirás la Puerta Roja.

Kael entró en la torre.

En el centro había nueve canales vacíos, dispuestos alrededor de un núcleo blanco. Todos esperaban su relámpago.

El camino fácil era claro: llenar los nueve canales y convertir la máquina en ceniza.

Pero eso era exactamente lo que Vaelor quería.

La lámpara verde de Mara brilló desde el muelle.

La voz de Elara rozó la mente de Kael.

> No abras la puerta por mí. Vive por ti.

Kael entendió.

No debía alimentar los nueve canales.

Solo uno.

El que señalaba al Bosque de las Raíces Negras.

Apoyó la mano sobre el núcleo y dejó fluir el Relámpago del Alma. Una línea carmesí recorrió un único canal.

El mar rugió.

A lo lejos, en el bosque, una raíz gigantesca emergió de la tierra. Cruzó bajo las calles sin romperlas, atravesó el muelle y rodeó la torre de memoria.

La luz blanca fue absorbida.

Se transformó en un resplandor verde y rojo.

Los recuerdos robados regresaron como una lluvia de chispas sobre Bruma Ceniza.

Los marineros controlados cayeron de rodillas. Kael corrió hacia ellos y cortó sus cadenas una por una.

Vaelor retrocedió hacia la cubierta.

—Ahora los ocho clanes sabrán tu nombre —advirtió—. No vendrán a salvarte. Vendrán a reclamarte.

Kael pudo haberlo alcanzado con un rayo.

No lo hizo.

Vaelor escapó entre las sombras mientras la torre se desmoronaba en luz.

El primer vínculo había despertado.

Entre las raíces luminosas, Kael vio a Elara una última vez. Estaba viva. Exhausta. Una mano descansaba sobre la Puerta Roja.

—Busca los otros ocho santuarios —dijo—. Cuando el último despierte, descubrirás por qué tu padre sigue luchando... y por qué yo no puedo volver.

La visión desapareció.

Edran llegó hasta Kael, herido pero de pie.

—Mañana iremos al Bosque de las Raíces Negras —dijo—. Allí comenzará de verdad tu viaje.

Mara le entregó la lámpara verde.

—No es tuya —aclaró—. Solo te la presto hasta que conozcas a la señora de las raíces.

Kael sonrió por primera vez desde el ataque.

En una torre lejana, ocho emblemas empezaron a brillar: trueno, fuego, agua, viento, tierra, sombras, luz y vacío.

Una voz desconocida dio una orden:

—Que empiece la cacería del heredero.



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En el texto hay: viajes, amor, venganza y secretos ancestrales

Editado: 09.09.2026

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