# Capítulo 14 — El lago de los secretos
El camino al Santuario del Agua duró dos días.
Nadie habló mucho durante la marcha. El bosque quedó atrás, pero la sensación de ser observados no desapareció. Damián vigilaba el cielo. Serah y los reclamadores del Fuego caminaban a distancia, sin decidir si eran aliados o guardianes.
Isabel iba delante.
—El lago se llama Nareth —dijo—. Mi clan lo protege desde antes de la Guerra de los Umbrales.
Kael sostuvo la lámpara verde de Mara.
—¿Y por qué nunca me hablaste de que Elara era de tu clan?
Isabel bajó la mirada.
—Porque no lo sabía.
Llegaron al anochecer.
Nareth era un lago inmenso, tan quieto que reflejaba cada estrella. En el centro se alzaba una isla de piedra blanca. Sobre ella había un templo circular sin puertas.
—El santuario está ahí —dijo Isabel.
Tomás miró el agua.
—¿Y cómo llegamos?
—Caminando.
Lía arqueó una ceja.
—Eso habría sido útil saberlo antes de venir.
Isabel dio el primer paso sobre el lago.
El agua no se hundió bajo su bota. Formó una capa de cristal azul.
Uno a uno, la siguieron.
Cuando Kael puso el pie sobre la superficie, el lago cambió.
El reflejo de las estrellas desapareció.
En el agua vio a un hombre de pie frente a él.
Auren Valdris.
Su padre llevaba relámpagos blancos y carmesíes alrededor de los brazos. Tenía el mismo cabello oscuro de Kael, pero el rostro marcado por cicatrices y cansancio.
—No sigas —dijo el reflejo.
Kael se detuvo.
—¿Eres real?
—Lo bastante para advertirte.
Edran se acercó, pero el agua bajo sus pies mostró otra imagen: una ciudad ardiendo y una puerta roja abierta sobre los tejados. El anciano cayó de rodillas.
—Edran —dijo Kael.
—No lo mires —advirtió Isabel—. Nareth muestra lo que más intentamos ocultar.
Pero Kael ya no podía apartar los ojos de su padre.
—¿Por qué me dejaste?
El reflejo de Auren guardó silencio.
—Porque creí que alejarme te salvaría.
—¿Y funcionó?
Auren miró la marca de Kael.
—No.
El agua se agitó.
Una voz surgió desde el templo de la isla.
—Quien busque el vínculo debe entregar una verdad.
Isabel palideció.
—El santuario exige un secreto.
—¿Qué clase de secreto? —preguntó Tomás.
La voz respondió:
—Uno que pueda cambiar el camino.
Damián dio un paso atrás.
Serah apretó los puños.
Kael miró a sus amigos. Todos tenían algo que ocultar. Algo que temían decir.
Entonces Edran levantó la cabeza.
—Yo iré primero.
Kael se volvió hacia él.
—Abuelo...
Edran se puso de pie con dificultad. Miró el templo, luego a Kael.
—Te mentí sobre la noche en que tus padres desaparecieron.
El lago dejó de moverse.
—Auren y Elara no fueron los únicos que cruzaron hacia Eryndor —continuó Edran—. Yo también crucé.
La superficie del agua se abrió bajo sus pies.
Y desde el fondo surgió una mano blanca que atrapó su tobillo.
**Cliffhanger:** algo que Edran dejó en Eryndor ha reconocido su voz.