El Heredero del Relámpago Carmesí

15

Capítulo 15 — Lo que Edran dejó atrás

La mano blanca cerró sus dedos alrededor del tobillo de Edran.

—¡Abuelo!

Kael reaccionó antes de pensar.

El Relámpago Carmesí recorrió su brazo y golpeó la superficie del lago.

El agua explotó.

Pero la mano no soltó a Edran.

Por un instante, Kael vio algo debajo de Nareth.

No era el fondo del lago.

Era una ciudad.

Torres blancas.

Puentes suspendidos sobre un vacío oscuro.

Y una puerta roja abierta en medio de todo.

—Eryndor... —susurró Edran.

La mano tiró de él.

Kael se lanzó hacia delante.

Tomás lo agarró por la cintura.

—¡No!

—¡Es mi abuelo!

—¡Y eso es exactamente lo que quiere que hagas!

Kael miró a Tomás.

Su amigo estaba aterrorizado.

Pero no lo soltaba.

Lía corrió hasta ellos.

—¡Isabel! ¡Haz algo!

Isabel ya estaba arrodillada sobre el agua. Extendió ambas manos y una corriente azul rodeó a Edran.

—¡No puedo tocarlo!

—¿Por qué?

—¡Porque no está completamente aquí!

Las palabras hicieron que Kael se quedara inmóvil.

Edran seguía sobre el lago, pero su cuerpo comenzaba a volverse transparente.

Como un reflejo.

—Kael —dijo el anciano.

Su voz sonó extraña.

Distante.

—No uses tu relámpago.

—¿Qué?

—No para mí.

Kael apretó los dientes.

—¡No voy a dejar que te lleven!

Edran negó con la cabeza.

—Escúchame.

La mano blanca tiró nuevamente.

Esta vez, Edran cayó de rodillas.

El agua alrededor de él se volvió negra.

Y entonces apareció otra figura.

Una mujer.

Su rostro estaba cubierto por un velo azul.

Caminaba sobre el agua sin hundirse.

Isabel palideció.

—No puede ser.

—¿Quién es? —preguntó Damián.

Isabel no respondió.

La mujer levantó una mano.

El lago entero quedó en silencio.

Ni siquiera el viento se movía.

—Guardián Edran —dijo ella—. Han pasado demasiados años.

Edran cerró los ojos.

—No soy guardián.

—Eso dijiste la última vez.

Kael dio un paso adelante.

—¿Lo conoces?

La mujer miró hacia él.

Por debajo del velo, sus ojos brillaron con una luz azul profunda.

—Conozco a todos los que cruzaron la Puerta Roja.

Kael sintió que la marca de su clavícula ardía.

—Entonces conoces a mis padres.

La mujer guardó silencio.

Ese silencio fue suficiente.

—¿Dónde están? —preguntó Kael.

Edran levantó la voz.

—¡No!

Kael se volvió hacia él.

—¡Llevo toda mi vida esperando una respuesta!

—Y por eso mismo no debes aceptar cualquier respuesta.

La mujer extendió la mano.

Una gota de agua apareció sobre su palma.

Dentro de ella se formó una imagen.

Elara.

Kael dejó de respirar.

Su madre estaba de pie frente a la Puerta Roja.

Parecía más joven.

Estaba llorando.

Y frente a ella había un hombre.

Auren.

Pero ninguno de los dos estaba solo.

Detrás de ellos había nueve figuras.

Cada una llevaba un símbolo distinto.

Trueno.

Fuego.

Agua.

Viento.

Tierra.

Sombras.

Luz.

Vacío.

Y una figura sin símbolo.

Kael miró a Isabel.

—¿Quién es el noveno?

Isabel negó lentamente con la cabeza.

—No lo sé.

La imagen cambió.

Edran apareció.

Más joven.

Llevaba la misma espada que ahora descansaba junto a él.

Y sostenía a un niño.

Kael.

El anciano de la visión hablaba con Auren.

Aunque no podían escuchar las palabras, Kael vio la expresión de su padre.

Miedo.

Después vio a Edran atravesar la Puerta Roja con él.

Solo.

La imagen terminó.

Kael quedó inmóvil.

—Tú me llevaste a este mundo.

Edran no respondió.

—¡Tú me sacaste de Eryndor!

—Sí.

La respuesta cayó sobre el lago como una piedra.

Kael sintió que algo dentro de él se rompía.

—Entonces mis padres no me abandonaron.

Edran bajó la mirada.

—No.

—¿Me salvaron?

—Intentaron hacerlo.

—¿Y tú?

El anciano tardó en responder.

—Yo hice una promesa.

—¿Qué promesa?

Edran levantó los ojos.

—Que nunca permitiría que volvieras a cruzar.

Kael sintió que el relámpago se acumulaba bajo su piel.

—¿Por qué?

—Porque la última vez que crucé...

Edran miró la Puerta Roja reflejada en el agua.

—...algo vino conmigo.

Todos quedaron en silencio.

Tomás fue el primero en hablar.

—¿Qué cosa?

Edran no respondió.

La mujer del velo sí.

—Su sombra.

El agua detrás de Edran comenzó a levantarse.

Una figura oscura emergió lentamente.

No tenía rostro.

No tenía ojos.

Solo una marca blanca en el pecho.

La misma marca que llevaban las cadenas del Velo Blanco.

Damián desenvainó su espada.

—Eso no estaba en los registros de la Torre.

Lía encendió fuego en sus manos.

—Entonces será mejor que no aparezca en nuestros registros.

La criatura levantó la cabeza.

Kael sintió un escalofrío.

No porque fuera poderosa.

Sino porque la conocía.

La había visto antes.

En sus sueños.

En la noche en que despertó su relámpago.

La misma silueta que había estado detrás de Elara.

—Tú...

La criatura inclinó la cabeza.

Y habló con la voz de Kael.

—Por fin.

Kael dio un paso atrás.

—¿Qué quieres?

La criatura sonrió.

—Que recuerdes.

El lago explotó.

Una ola gigantesca separó a Kael de los demás.

Tomás desapareció detrás del agua.

—¡Tomás!

Kael intentó avanzar, pero la superficie se volvió sólida bajo sus pies.

Isabel gritó algo que no pudo escuchar.

La criatura extendió una mano.



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En el texto hay: viajes, amor, venganza y secretos ancestrales

Editado: 13.09.2026

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