El héroe de Kian

~16~

Apenas su madre apareció en la pantalla del teléfono, Josephine sonrió con emoción.

—Buenos días, Josie —dijo su madre con una sonrisa enorme, tan expresiva que parecía iluminar la habitación al otro lado de la pantalla—. Qué alegría verte, no sabes cuánto te extrañamos.

Josephine sintió que se le apretujaba el corazón en el pecho. Se había ido de Brighton hacía menos de una semana, pero su familia era de esas que se llamaban por cualquier motivo y se reunían sin necesidad de excusas. La distancia, aunque corta, se sentía como un pequeño vacío.

—Yo también los extraño —dijo mientras se acurrucaba en el sofá—. ¿Cómo están papá y tú?

—Muy bien. Tu papá salió hace un rato a casa de Michael —respondió ella, acomodándose el cabello frente a la cámara.

—¿Y el resto de la familia?

—Todos excelentes, extrañando tu entusiasmo y al pequeño parlanchín.

Josephine soltó una risa suave.

—Nosotros también los extrañamos mucho, a todos. Estuve pensando en que podríamos celebrar Navidad aquí.

Los ojos de su madre brillaron como si acabara de anunciarle que había ganado la lotería.

—¡Yo acepto! Me muero por conocer la casa —exclamó con entusiasmo genuino—. Seguro que el resto no tendrá problema alguno.

Josephine sonrió, divertida por la rapidez con la que su madre se entregaba a los planes.

—Tú tienes chance de conocer mi casa antes —dijo con complicidad—. Tengo una propuesta de suma importancia.

Su madre entrecerró los ojos con sospecha divertida.

—¿De qué se trata?

—¿Estás sentada?

—Josephine, no me asustes —se llevó una mano al pecho—. Estoy sentada. ¿Qué pasa?

Josephine tuvo que contener la risa.

—Mamá, relájate. Te prometo que es algo espectacular.

—Entonces suéltalo ya.

Josephine inhaló dramáticamente, como si estuviera a punto de anunciar una noticia histórica.

—Resulta que los de la mudanza dejaron todos mis muebles afuera porque al parecer no contraté el servicio completo como yo pensaba.

Su madre parpadeó.

—Josephine… ¿qué tiene eso de espectacular? Por favor dime que no estás durmiendo al aire libre.

—¡Claro que no! —estalló en carcajadas—. El destino me envió un ángel que me ayudó a meter todo a la casa y a subir muebles a la planta alta.

—¿Un vecino?

—Algo así. El nieto de una vecina.

Su madre inclinó ligeramente la cabeza, ya interesada.

—¿Guapo? ¿Esto tiene tintes románticos?

—Guapo, sí. Aunque sin nada romántico. Lo importante es que es un hombre muy encantador que tú conoces.

—¿Que conozco? ¿De Londres? —arrugó el ceño.

Josephine dejó que el suspenso se extendiera un segundo más de lo necesario.

—¿Te suena… Calloway?

El efecto fue inmediato. Su madre abrió los ojos como platos y se quedó en silencio un microsegundo que a Josephine le pareció eterno.

—¿El artista?

Josephine asintió lentamente, con una sonrisa.

—Conocí al mismísimo Mathis Calloway.

—No puede ser —negó mientras comenzaba a reír, incrédula—. ¿Estás diciéndome que Mathis Calloway te ayudó con la mudanza?

—Sí, y no solo eso. Hemos estado hablando todos estos días, almorzó en casa en dos ocasiones y hasta salimos a almorzar fuera el lunes.

Su madre se llevó ambas manos al rostro.

—¡Josie, qué locura!

—¿Verdad? Bueno, en realidad no es tan loco. Para mí es Theodore Blake. No lo reconocí de inmediato como el artista.

—Claro, él usa pseudónimo —asintió como la fan aplicada que era.

Josephine rio.

—Bueno, la noticia no es solamente eso, porque Theodore, o Mathis como quieras llamarlo, nos puso en la lista para asistir a su próxima exposición aquí en Londres.

—¡No! —volvió a cubrirse el rostro—. ¿De verdad? ¿Estás diciéndome que nuestros nombres están en una lista?

—Sí. Así que espero que puedas venir. Este fin de semana no, el próximo.

—Pero claro que iré —asintió con determinación—. No le haría semejante desplante a Mathis Calloway.

Josephine sacudió la cabeza con una sonrisa.

—De acuerdo. ¿Crees que papá pueda cuidar a Kian?

—Por supuesto que lo cuidará.

—Bien. Y otra cosa… Theodore me invitó a una fiesta después de la exposición. ¿Te molestaría regresar sola a casa? Además, claro, tendrían que quedarse con Kian.

Su madre parpadeó una vez. Luego dos. Y después sonrió de una manera que a Josephine le recordó cuando, de adolescente, le pedía permiso para salir hasta tarde.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.