El héroe de Kian

~20~

Estaba junto a Josephine en la cocina cuando escuchó un grito emocionado y, un segundo después, el inconfundible sonido de unos pasos acelerados y un abrazo entusiasta.

—¡Theodore!

Kian le sonrió de oreja a oreja, con esa felicidad sin filtros que solo tienen los niños pequeños cuando ven a alguien que les cae genuinamente bien.

—Ey, despertaste de tu siesta —se agachó y lo abrazó con fuerza.

—Sí, juro que el colegio es muy agotador.

Theodore asintió con solemnidad absoluta.

—Te creo. Yo también necesitaría una siesta si tuviera que aprender tantas cosas nuevas todos los días.

Kian lo miró con aprobación.

—Estaba por ir a despertarte —le dijo Josephine con una sonrisa.

Kian se desperezó al tiempo que Theodore se incorporaba.

—Me dio hambre —explicó encogiéndose de hombros con una lógica impecable—. Sophie me dijo que se queda a cenar.

—Así es —confirmó Josephine, colocando rebanadas de queso con precisión casi artística sobre la tarta.

—Y me dijo que Theodore estaba aquí entonces quise venir a saludar —continuó Kian, como si su agenda social fuera perfectamente organizada.

—Estaba cerca y quise pasar a verlos —dijo Theodore, casual, como si no hubiese cruzado la calle atraído por un magnetismo poco racional—. ¿Cómo está Rex?

A Kian le brillaron los ojos como si acabara de mencionar a una celebridad.

—Muy bien, lo dejé en la cama cubierto con la manta porque hace frío —se estremeció dramáticamente—. Le presenté todos mis peluches a Sophie y ella está de acuerdo conmigo, Rex es el más mejor.

Theodore repitió, lleno de ternura:

—El más mejor. Yo también lo creo.

Kian sonrió con orgullo. Josephine intervino con suavidad pedagógica.

—Se dice el mejor —explicó con dulzura.

—Pero es más que mejor —replicó Kian, verdaderamente confundido ante la injusticia lingüística.

Theodore tuvo que morderse el interior de la mejilla para no reír.

—Aun así no se le agrega el “más” a “mejor” —dijo ella con paciencia y complicidad—. Son reglas, ya sabes, a veces no las entiendo del todo tampoco.

Kian soltó una risa resignada.

—Qué suplicio —exclamó con dramatismo exagerado, y se encaminó hacia la sala—. ¡Voy con Sophie!

Theodore miró a Josephine conteniendo la risa.

—¿Suplicio? ¿Qué niño de cinco años usa esa palabra?

Josephine se rio tranquila.

—Uno que ha escuchado a su madre decir muchas veces “debo lavar los azulejos del baño, qué suplicio” o “hay demasiada ropa sucia, qué suplicio”.

Theodore soltó una carcajada abierta.

—¿Sabes? Te imagino así de pequeña.

—¿Sí?

—Mjm, después de que me dijeras que compusiste una oda al cabello dorado de aquel niño…

Josephine estalló en carcajadas mientras colocaba la tarta en el horno.

—Puede que haya sido un personaje… entrañable.

—Y ahora tu hijo lo es —le sonrió.

Ella se quedó un segundo en silencio con una expresión de orgullo.

—Sí, supongo que si Kian es así es porque ha pasado demasiado tiempo conmigo y adoptó mis expresiones. Además de que se ha criado entre puro adulto.

Theodore apoyó la cadera en la encimera, cruzando los brazos.

—Sophie era igual. Más callada, pero tenía modos que la hacían ver mayor.

Josephine rio mientras lavaba unas hojas de lechuga.

—¿Era igual de encantadora que ahora?

Theodore hizo una mueca.

—Más o menos. En la familia perdimos la cuenta de cuántas niñeras espantó. Y siempre era riesgoso hacerla enfadar y dejarle a mano la taza de té.

Josephine abrió ligeramente la boca.

—¿De verdad?

—De verdad. De hecho cuando Isabelle era su niñera la dejó encerrada en una habitación de la planta alta y ella terminó bajando por la pared como gato.

Josephine se cubrió la boca.

—No me digas. Ahora sí tengo miedo por ese compañero que tiene el mejor promedio.

Theodore rio enternecido. Aunque Sophie tuviera tendencias maquiavélicas, era su debilidad.

—Ah sí, ya tiene planes para él.

—Bueno, espero que Kian no la haga enojar.

—No temas, Sophie ama a los niños —le sonrió tranquilizador—. Y ha cambiado mucho. Ella pasó por demasiado a corta edad y… bueno, quizá Isabelle te lo comente alguna vez o la misma Sophie, pero no quiero ser yo el que toque el tema.

Josephine asintió con respeto inmediato.

—Descuida. En realidad creo que Sophie cuidará a Kian con uñas y dientes. Y si alguien se atreve a molestarlo… bueno, yo no quisiera estar en los zapatos de quien cometa tal error.




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