El héroe de mamá

Capítulo 2: Tu eres peor

Damiano

Salgo de esa oficina aun sintiendo el toque de su mano sobre la mía, sí, he estado años lejos sin querer volver, pero ahora los negocios me obligan a estar aquí y justo me la encuentro a ella en mi primer día. Suspiro negando con la cabeza, cuando la conocí años atrás estaba embarazada y lo que más me impresionó fue su bonito brillo en sus ojos, un rostro radiante que sonreía siempre, pero hoy aunque vi su hermosa sonrisa, no pude notar ese brillo, su mirada estaba apagada y eso es lo que hoy llama mi atención, quizás se debe a las noticias que escuché donde decían que su hijo había nacido sin vida, seguramente debió haber sido un duro golpe para ellos. Paso una mano por mi rostro sabiendo que debo dejar de pensar en ella porque ese tema es algo que no me interesa y ni siquiera sé por qué ahora está en mi mente, al doblar una esquina veo al pequeño que corre hacia mí y que parece desorientado.

—Hey muchacho —digo colocándome en su camino y el pequeño se detiene por completo, sonrío mirando sus ojos y él retrocede un paso apretando fuerte el auto que lleva en sus manos —no puedes correr así —añado y me coloco a su altura —¿dónde está tu mamá? —él sigue en silencio, parece tenerme miedo y sus ojos que tienen un hermoso color se llenan de lágrimas —Tengo un auto justo como ese —señalo el que tiene en sus manos queriendo que no llore —soy Damiano —le sonrío queriendo que deje de sentir miedo y ahora estoy nervioso.

—Papá —su palabra me tensa por completo mientras miro el brillo que hay en sus ojos, miro hacia atrás, pero no hay nadie y luego miro sus ojos, él me está mirando a mí y niego rápido.

—No, no soy papá —sonrío —pero puedo ser un amigo —sigue mirando mis ojos con admiración—podemos ser amigos —nos señalo —¿quieres? —ni siquiera sé si entiende bien lo que digo, pero cuando asiente sonrío. —¿Me dices tú nombre?

—Lucas —asiento, ya vamos mejorando.

—Lucas vamos a buscar a tu mami —me pongo de pie —¿sí? —extiendo mi mano y él la toma haciéndome reír porque no ha dudado en hacerlo, entonces echo a andar de la mano del pequeño hasta que veo a la mujer en la que antes pensaba que le está hablando a unos empleados y parece desesperada.

—¡Mamá! —el niño escapa de mi mano al gritar la palabra, Siena voltea hacia nosotros y entonces viene a su encuentro, ¿mamá? Ella le abraza y solo me quedo quieto sin saber qué hacer, sí, los ojos del chico me recordaban a ella, pero, había escuchado que había perdido al pequeño, al menos, las noticias dijeron eso, pero ese niño le dijo mamá y ella lo abraza desesperada, doy unos pasos hacia ellos sin entender casi nada.

—¿Lucas estás bien? —le pregunta tomándolo de los hombros —¿dónde estabas corazón? —le sonríe al niño y hay lágrimas en sus ojos —¿estás bien?—el pequeño solo asiente, luego voltea hacia mí y me señala.

—Papá —vuelve a pronunciar la palabra haciendo que su madre se tense y yo también, ¿por qué me llama papá si el esposo de ella está a unos metros en una oficina? Siena sonríe algo nerviosa tomándolo en sus brazos, cuando se pone de pie su mirada choca con la mía, doy un paso hacia ella necesitando alguna explicación, pero simplemente voltea dándome la espalda y comienza a alejarse, formo una pequeña sonrisa cuando el pequeño me dice adiós con su mano mientras sonríe y también le digo adiós quedándome con su mirada grabada en mi mente cuando ambos desaparecen.

—Qué demonios —susurro aflojando el nudo de mi corbata sin poder comprender absolutamente nada, definitivamente aunque no quería, ahora sé que necesito ir a esa fiesta que será en su casa y al subir a mi auto respiro hondo quedándome ahí unos segundos sin poder hacer nada hasta que mi teléfono suena, al mirar la pantalla y ver la llamada que es de mi país me tenso un poco, sé que debo hablar con ella, seguramente estará preocupada como siempre, pero ahora mismo lo que menos quiero es eso por lo que apago mi teléfono aunque luego deba dar muchas explicaciones.

Al entrar al lugar me muevo por este sin dejar de mirar a los presentes y sí, sé lo que busco y la veo a unos metros conversando con unas mujeres, pero está sola así que miro hacia la casa, quizás el pequeño esté ahí dentro y no aquí en la fiesta.

—¡Damiano! —volteo al escuchar mi nombre, Jon se acerca sonriendo y deja un vaso con bebida en mi mano —pensé ya que no vendrías —suspiro.

—Tuve algunos contratiempos con el hotel —él sonríe. —¿Y tu suegro? ¿Ya sabe que haremos negocios juntos? —él suspira y bebe un trago, es claro que ya le habló de mí y estoy seguro de que la idea no le agradó, tenemos pasado.

—Lo buscaré ahora para que hablen —comenta —sé que puedes convencerle de que nuestro contrato nos dará mucho dinero —sonrío un poco y él se aleja, idiota, se nota a kilómetros que solo le importa el dinero y hasta ahora los negocios que ha hecho me lo han dejado muy claro porque sí, le he investigado, es el típico hombre de negocios que pasa sobre cualquier persona para obtener beneficios, dejo de pensar en él y comienzo a buscarla nuevamente con la mirada, pero ya no logro verla y miro hacia la casa, sin pensar en nada camino hacia esta saludando a algunos y cuando entro suspiro, es una mansión muy bonita y voy mirando cada decoración, cada mueble y cada cuadro, además, en el salón en el que estoy puedo ver algunas fotos familiares, pero no veo al pequeño, cosa que me hace dudar de todo porque ¿qué abuelo no tendría fotos de su único nieto varón por toda la casa? aunque más dudas me causan las noticias que había escuchado.

—Damiano —su voz me hace voltear y me quedo sin habla mirando el azul de sus ojos.

—Disculpa —le sonrío un poco —Buscaba un baño.

—No es por aquí —expresa y asiento acercándome un poco más a ella.

—¿Sabes? He estado mirando por toda la casa —soy claro —pero no he visto al pequeño que encontré hoy en la empresa —voy al punto y noto cuando se tensa.

—Está durmiendo.

—¿Tan temprano? —alzo una ceja y Siena continúa en silencio —él me llamó papá —menciono con algo de orgullo.




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