El héroe de mamá

Capítulo 4: Por Lucas

Damiano

Respiro hondo arreglando mi traje frente al espejo y cuando bajo mis brazos solo me quedo ahí quieto buscando cualquier imperfección en mi ropa, pero todo está impecable y entonces sonrío un poco, eso hasta que el sonido del teléfono perturba mi calma y no necesito mirar hacia este para saber quién es, ya he tenido suficientes llamadas suyas y sabiendo que no debo ignorarla más respondo a esta con pesar porque su insistencia me asfixia.

—¿Puedo saber qué demonios te cuesta contestar mis llamadas? —el sonido de su voz taladra mis oídos y se nota claramente enojada.

—¿Olvidas la razón de estar aquí? —hablo manteniendo la calma —estoy trabajando Kiara, no juego.

—Estaba preocupada amor —su voz ahora calma —te echo además de menos y… ¿Cómo quieres que esté si sé que estás en ese país y que verás al amor de tu vida? —aprieto mis dientes, nunca debí contarle tanto.

—Esa que llamas amor de mi vida está casada y tiene una hija Kiara y está casada con el amor de su vida —menciono algo que ya no duele.

—¿Ya la viste?

—No —digo simple y mi mirada va al ramo de rosas que compré para ella —aún no, hoy lo haré. —un silencio pesado se instala y sé lo que piensa aunque nunca la entenderé.

—Damiano cuando la veas quiero que seas sincero conmigo y me digas si aún sientes algo por ella, por favor —ruedo los ojos.

—¿Estás borracha? —cuestiono yendo hacia las rosas —Kiara han pasado años y sabías eso antes de casarte conmigo, aun así lo hiciste, deja tus malditos celos —gruño ya cansado de sus cambios.

—Damiano yo te amo —bufo —sabes que lo hago y sí, tengo miedo de perderte, pensé que nunca más volverías a ese país.

—Basta ya —pido cansado.

—Así que quiero saber si después de tantos años aún sigues amando a la tal Aylin —salgo de la habitación de hotel con el ramo en mi mano.

—Ya te dije, está casada y ama a su esposo —sin saber por qué esa frase crea una imagen en mi cabeza que me hace apretar el teléfono, no es la de Aylin, es la de Siena.

—Mi padre comprará una casa allá para ir y poder estar cerca de ti Damiano —no digo nada porque sabía que pasaría —estar lejos no nos hace bien así que pronto iré, mi amor —subo a mi auto.

—Haz lo que quieras, ven cuando quieras, solo recuerda que volví por negocios y no podré dedicarte mucho tiempo.

—Estoy acostumbrada Damiano —menciona con pesar —te amo —aprieto mis dientes y aunque quiero corresponder no me sale.

—Cuídate Kiara —cuelgo la llamada y suspiro apagando el teléfono porque sé que querrá hablar conmigo de nuevo y pronto, luego de eso comienzo a conducir. Muchos motivos me llevaron a involucrarme con Kiara y ninguno tiene que ver con los sentimientos, eso ella siempre lo ha sabido, nunca le he mentido aunque intenté por todos los medios hacerla feliz, solo que luego de años su obsesión ha aumentado y eso ya es difícil de aguantarlo.

Detengo el auto frente a la casa mirando hacia el otro auto que ahí se encuentra, bajo y entonces camino hacia la hermosa casa, solo que cuando la puerta se abre y ella sale me detengo por completo, ahí está, la mujer a la que he dedicado largas horas en mis pensamientos olvidando incluso la razón que me trajo a este país, negocios solamente, pero ella y su hijo dan vueltas en mi cabeza sin permitirme pensar en nada más y cuando camina hacia mí me tenso, pero al igual que yo, no dice absolutamente nada, solo pasa por mi lado y va hacia su auto, uno que no me permite observar nada hacia adentro y bufo entonces acercándome a la puerta que está cerrada, una vez ahí y cuando el auto de Siena ya se ha ido toco el timbre.

—Qué olvidaste esta —Víctor se calla al verme y seguro esperaba a su hermana, le sonrío —tú aquí —frunce el ceño.

—También me alegro de verte de nuevo —bufa con mis palabras, luego mira las rosas.

—Ni en sueños —gruñe quitando estas de mis manos —a menos que quieras que las use en tu funeral —agrega y solo río.

—Vengo en paz Víctor, pensé que ya éramos amigos.

—Y te debo mucho, salvaste a mi hermana —sonrío —pero mantén tus rosas, tus sonrisas y tus besos lejos de mi esposa.

—¿Víctor quien es? —el grito de Aylin me hace sonreír con amplitud y luego su cabeza se asoma, al verme, sus ojos se abren como platos y apartando a Víctor se lanza a mis brazos riendo, solo puedo abrazarla viendo la mirada asesina de su esposo y a este le guiño un ojo.

—Amo este dulce —digo llevando un trozo a mi boca mientras Aylin me mira sentada frente a mí en la cocina —¿acaso sabías que venía? —miro sus ojos y ella sonríe, es un milagro que Víctor nos dejara solos.

—Hay alguien importante para mí a quien también le gusta —señala el dulce y sonrío —Han pasado muchos años Damiano —comenta ya sin sonreír —y nunca más regresaste, incluso hasta dejaste casi de hablarnos —suspiro —dime, ¿te va bien lejos de aquí? —muevo la cuchara sin mirarla, dejé de contarle cosas de mi vida y me pregunto qué pensara si supiera que estoy casado.

—Muy bien Aylin, he pasado tiempo con mi familia y —bufo —en fin, no voy a mentirte, vine por negocios, iba a hacerlos con Jon.

—¿El esposo de Siena? —ella se tensa y presto atención a sus ojos.

—Así es, pero, no sé si seguir —Aylin se pone de pie.

—No deberías —comenta un poco incómoda —ese hombre es como el padre de Víctor —sonrío con rabia.

—¿Y qué hay de Siena? —saco el tema mirando sus ojos —descubrí que ella es la peor de todos.

—¿De qué hablas? —cuestiona confundida y resoplo.

—Apuesto a que ustedes saben Aylin así que dejémonos de tonterías —ahora le hablo mal —no sé cómo aceptan algo así, no sé cómo dejan que hagan algo así, ¿cómo puedes siquiera hablarle a alguien como ella? —miro sus ojos —por Dios eres madre.

—Damiano no te entiendo

—Hablo del hijo de Siena —Aylin tensa su mandíbula.

—¿Cómo sabes de él? —su pregunta me descoloca por completo y paso las manos por mi rostro, de ella, esto no lo esperaba y me pongo de pie.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.