Siena
En silencio preparo el desayuno de Lucas sin ayuda de nadie, sé que comerá lo que le haré por muy enfadado que esté, él siempre ama todo lo que hago y mientras preparo todo mi mente viaja, quizás debí decirle algo a Damiano, defenderme de alguna forma, pero ya es tarde para eso, sé que diga lo que diga él no va a creerme, para él soy la peor madre del mundo y bueno, de cierta forma así me siento.
—¿Me preparas el desayuno? —me tenso cuando escucho su voz, pero no le miro.
—Para eso están las empleadas —murmuro acomodando en la bandeja todo.
—Siena han pasado años —sus manos van a mi cintura logrando que me tense un poco más por su cercanía —¿no crees que es tiempo de volver a intentarlo? —susurra en mi oído y sus manos me aprietan un poco más —ya es hora de tener un hijo —respiro hondo.
—El problema Jon —volteo para mirar sus ojos, pero él no se aleja, se queda ahí pegado a mi cuerpo y demasiado cerca —es que ya tienes un hijo —él bufa alejándose —uno que no conoces y que él no te conoce.
—Hablo de un hijo normal Siena —tenso mi mandíbula mirando sus ojos.
—Me das asco Jon —gruño —¿crees en serio que voy a acostarme contigo después de todo?
—Yo te amo —bufo negando con la cabeza —Siena siempre que recurro a otra mujer pienso en ti —río, ¿pensará en serio que sus palabras son románticas? —Y sé que tú todavía me amas —se acerca nuevamente.
—Estás equivocado Jon.
—¿Recuerdas cuando te pedí matrimonio? —cuestiona y sí, miles de recuerdos inundan mi mente —¿y cómo me dijiste llorando que sí? —él sonríe y mi corazón se agita —podemos volver a ser tan felices como antes Siena.
—Y déjame adivinar —miro sus ojos —pretendes que olvide a Lucas y, no sé, ¿qué empecemos de cero sin él? —Jon suspira y una de sus manos toma la mía, mira el anillo que aún uso dejando claro que estoy casada, luego mira mis ojos.
—Sé que no has conocido a nadie Siena.
—¿Me vigilas? —río alejándome de él.
—No, pero sé que todos estos años solo te has dedicado a Lucas —tomo la bandeja en mis manos.
—Mantente lejos de mi Jon, fingimos en la calle, no aquí —paso por su lado.
—¡Sé que me amas! —me grita orgulloso —si no fuera así ya tuvieras un amante —agrega y sigo caminando ignorando sus palabras, por mi mente nunca ha pasado esa idea, pero el hecho de que no me haya acostado con otro hombre no significa que siga amando a alguien tan despreciable como Jon.
Me detengo en la puerta de la habitación y respiro hondo antes de entrar, una vez dentro sonrío, Lucas aún lleva su pijama y está jugando en el suelo con un auto, me acerco a este en silencio, pero al verme me da la espalda.
—Parece que alguien amaneció aún enfadado —comento tomando asiento en el suelo y dejo la bandeja frente a él —mira lo que te hice —digo mirando la bandeja donde parte del desayuno forma una cara feliz, luego le miro a él —Lucas no quiero que sigas enfadado, desde ayer no me hablas y eso me entristece —soy sincera sin dejar de mirarlo —puedo llevarte mañana a casa de Víctor nuevamente —expreso queriendo que me mire, pero sigue dándome la espalda.
—Llévame a la empresa —susurra sin mirarme y respiro hondo pasando una mano por mi rostro, sé lo que quiere y es ver a Damiano.
—Hoy no puedo mi amor —sonrío —pero sí desayunas y
—No tengo hambre —bufa cruzándose de brazos.
—Lucas —él se pone de pie y va hacia su cama, se acuesta cubriéndose por completo con su manta y me pongo de pie escuchando el sonido de mi teléfono, un recordatorio de que ya debo ir a la empresa en donde tengo una importante reunión. —Dejaré tu desayuno aquí —añado dejando este en una mesita —y quiero que sepas que te amo mucho —me siento a su lado —sé que querías ver a Damiano —se mueve —pequeño
—Es mi amigo —es lo único que dice sacando su cabeza y mira mis ojos, sonrío un poco.
—Lucas apenas conoces a ese hombre —soy clara —para que alguien sea tu amigo debes saber sus gustos y él los tuyo —le explico mirando sus ojos. —¿Por qué quieres ser su amigo? —mi pequeño toma asiento en la cama y mira mis ojos, sé que no sabe cómo explicarme y tomo su mentón con cariño haciendo que me mire —le llamaste papá.
—Porque quiero un papá —dice al fin dando un suspiro —y... y me habló bien, tomó mi mano y preguntó si podíamos ser amigos —sonríe y sus ojos brillan —no tengo amigos y él quiere ser mi amigo —expresa casi gritando por la emoción y entonces me doy cuenta de todo, sí, mi pequeño no tiene un papá y tampoco tiene amigos, lo abrazo sintiendo como mi corazón se encoge entendiendo su dolor, él no pide un padre, no, él solo quiere un amigo.
—Hablaré con Damiano —digo sin pensar y quizás hasta le miento —¿sí? —él mira mis ojos y asiente rápido —y bueno, no sé, le diré de... le preguntaré si quiere verte en algún sitio —asiente más rápido aún y vuelve a abrazarme, solo suelto un suspiro sin saber cómo cumplir mis palabras, ¿qué le digo a Damiano si este me odia?
Camino por la empresa sin mirar a nadie y voy directo hacia mi oficina, una vez dentro me quedo quieta viendo al hombre que ya está ahí, el cual voltea hacia mí, ¿se habrá confundido de oficina? Sigo en silencio sin saber qué decir porque justo en él estaba pensando al llegar aquí, Damiano carraspea y parece incómodo, ya que también está callado.
—Siena
—Es mi oficina —ambos hablamos al mismo tiempo y aprieto mi bolso contra mí, ¿cómo le digo que mi hijo quiere verle y que necesito que le vea para que deje de estar enfadado conmigo?
—Lo sé —asiente y doy un paso hacia él, maldita sea, ¿por qué me hace sentir tan nerviosa? Parezco tonta frente a él.
—Creo que no empezamos con el buen pie —pronuncia al fin más de dos palabras, pero deja de mirarme.
—Depende —mira mis ojos rápido cuando me escucha y ya no veo el mismo odio que ayer vi en estos —en realidad si recordamos que salvaste mi vida hace años entonces creo que te debo dar las gracias todos los días —él al fin sonríe.