El héroe de mamá

Capítulo 6: Nervioso

Damiano

Se supone que fui a su oficina a pedirle perdón por mis palabras y a decirle que conocía a fondo su situación, pero no, los nervios ni siquiera me dejaban pensar bien y lo único que en mi cabeza estaba era lo bien que quedaba su labial rojo en su hermosa boca, casi hago el ridículo, aunque tampoco salió tan mal, mañana veré a Lucas de nuevo y también podré estar con ella, solo eso me hace sentirme plenamente feliz y camino hacia la sala de juntas en donde habrá una reunión donde me presentaré como el nuevo socio de la empresa.

La reunión comienza después de que Jon me presenta ante todos y firmamos el dichoso contrato que incluye una oficina en esta empresa, luego de eso, Siena se pone de pie y comienza a hablar, yo solo me deleito escuchándola y viéndola, su ropa es formal y de color negro, aun así, la encuentro sexi y mi pulso se dispara con mis pensamientos, diablos, ¿qué me está ocurriendo?, me muevo incómodo en mi silla e intento mirar el anillo de casada que lleva en su mano, solo que lejos de ayudarme imagino sus delicadas manos alrededor de…

—¿Estás bien? —la voz de Jon me saca de mis sucios pensamientos y le miro —te has puesto rojo —justo ahora me doy cuenta de que todos me miran, si el hombre supiera lo que pensaba, no me hablaría con bondad y por Dios, yo nunca he sido así, incrédulo me pongo de pie de forma brusca.

—Necesito algo de aire, disculpas —no la miro a ella y voy hacia la puerta esperando no haber hecho el ridículo, ¡maldición! Parezco adolescente y eso nunca me había pasado, menos tener tales pensamientos y al llegar a mi oficina voy directo hacia el balcón necesitando aire, una vez ahí, cierro los ojos, pero mala idea porque escucho su voz en mi cabeza.

—Necesito una ducha fría —susurro para luego maldecir en voz alta, hace un día la despreciaba y ahora... ahora ni siquiera sé que me pasa, sí, Siena es hermosa, eso es innegable, sus piernas son perfectas, sus ojos azules y su cabello rubio la hacen parecer un ángel, una muñeca, sus facciones finas y delicadas la hacen parecer de otro mundo y su voz, es como la voz de una sirena que cuando la escuchas simplemente es imposible mirar hacia otro lado, aun así, no es para tanto, solo es una mujer y he conocido muchas mujeres, desajusto un poco el nudo de mi corbata necesitando respirar bien.

—¿Mejoraste? —rápido volteo cuando escucho a Jon, este me mira preocupado y carraspeo.

—Sí, estoy bien.

—Todos están felices de tenerte aquí Damiano, me alegra poder hacer negocios juntos —mi desprecio hacia él aumenta y no solo por lo que sé, Jon es el maldito hombre que puede tocarla, el infeliz que tiene el placer de dormir a su lado y besar su piel —Damiano, hermano de verdad no pareces bien —bufa acercándose y debo respirar hondo intentando controlarme.

—Lo lamento —miro sus ojos —yo, creo que me iré. —entro a la oficina para recoger mis cosas.

—Siena sabe algunas cosas de medicina, su hermano es médico, puedo decirle que venga y

—No, no —niego frenético mirándole —no hace falta, estoy bien —él asiente sin creerme, infeliz, sería agradable poder romper su cara, pero sé que ya habrá tiempo para eso.

—Bueno, te dejo solo —asiento y Jon camina hacia la puerta.

—Jon —se detiene cuando digo su nombre y me mira —hay algo que no te he dicho —él se acerca —y que cuando supe me dolió mucho —me mira confundido —sé que ocurrió hace años, pero lamento la muerte de tu hijo —se tensa por completo con mis palabras y lo estudio con la mirada.

—Como dices —se mueve incómodo —pasó hace años, es una herida que está sanando Damiano —sus palabras me hacen odiarle mucho más porque ni siquiera fingir dolor se le da bien.

—Debe ser difícil perder un hijo —suspiro terminando de recoger mis cosas pero sin dejar de mirarlo.

—Lo es —asiente —claro que lo es, pero Siena y yo intentaremos buscar otro —tenso mi mandíbula, habla como si fuese algo que se pudiera cambiar, como si pudiera sustituir a Lucas por alguien más —ese es nuestro plan y como pasó hace años, ya es hora —sonríe el desgraciado.

—Hay cosas que son irremplazables —susurro más para mí que para él.

—¿Cómo? —me mira, es claro que no me escuchó.

—Olvídalo —niego con la cabeza —solo quería decirte eso, darte mis condolencias. —él asiente.

—Bien —sonríe —gracias —el maldito sale y solo me quedo mirando la puerta, es claro que Lucas no merece un padre como él y agradezco después de todo que el chico ni siquiera le conozca, para qué, es un maldito infeliz y lo único que espero es que eso de estar buscando otro hijo no sea cierto, la rabia y el odio vuelven a atormentarme pensando en eso y también me hace sentir asco. Paso las manos por mi rostro teniendo mil dudas sobre Siena, pero ahora solo tengo ganas de ayudar a esta, tengo deseos de destruir a esa calaña, de arruinar sus vidas, de quitarle cada cosa importante para ellos y que cuando no les quede nada reírme en sus caras, pero antes necesito saber si eso de buscar otro hijo es cierto, porque aún nada sobre Siena me queda claro aunque una cosa sé, ayudaré a Lucas sea como sea aunque deba pasar sobre ella.

Camino con nerviosismo por la tienda de juguetes mientras miro el reloj cada dos minutos, hemos quedado que nos veríamos al mediodía y sí, pude haber ido a la empresa y trabajar normal, solo que hacerlo fue imposible, así como poder dormir o desayunar, necesito que el día de hoy sea por completo perfecto y para eso, sé que Lucas debe ser feliz, el problema es que no sé cómo hacerle feliz, quiero comprarle algo, pero ni siquiera sé qué demonios darle porque no conozco al chico, prácticamente sudando por los nervios tomo mi teléfono cuando una idea cruza por mi cabeza y comienzo a llamarla, cuando contesta la llamada sonrío.

—Preciosa que bueno que respondes —me apresuro a hablar —porque necesito un favor

—Mi esposa no es Dios para andar haciendo favores —la estresante voz de Víctor hace que me detenga mirando los juguetes.




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