Siena
Camino con pasos rápidos hasta Jon, pero sin dejar de pensar en las palabras de Damiano, palabras que han agitado mi corazón tanto que siento que no puedo controlarlo y no entiendo como lo hace, cómo logra ponerme a mil con tan solo unas simples palabras o una sola mirada. En toda la cena ha estado ignorándome y sí, estaba enfadada, pero dice dos palabras y simplemente el enojo desaparece como si nada y eso es realmente sorprendente. Mañana, mañana él quiere que almorcemos juntos y ahí le diré que sí, que acepto su ayuda, que necesito y que quiero salir ya de esta casa y sola simplemente no puedo.
—Siena —Jon me detiene antes de que pueda entrar a la casa y bufo mirando sus ojos —¿Qué tanto hablabas con él? —alzo una ceja sin creerme lo que escucho.
—¿También te pondrás celoso de Damiano? —me cruzo de brazos, pero la risa de Jon me tensa.
—No, claro que no, no eres su tipo —me señala haciendo que apriete mis dientes y aunque sé que no debo preguntar la curiosidad me mata.
—¿Cómo lo sabes?
—Es claro —él suspira para luego sonreír —le gustan jóvenes y sin ataduras, solo hay que ver lo bien que está junto a tu prima —sus palabras me incomodan —le gustó mucho Sabrina —Jon sigue sonriendo mientras intento que no vea lo mucho que sus palabras me afectan —eso se ha notado, en ti no se fijaría Siena —ríe como si eso fuera obvio —por Dios, no eres ya joven, eso se te nota, tu cuerpo no es como el de Sabrina, ella nunca ha estado embarazada, tu sí y Damiano tiene dinero, las chicas jóvenes se le llueven, así que jamás pensaría que va a fijarse en ti —sus palabras duelen y lastiman pero sigo firme.
—Hablas como si ningún hombre se pudiera fijar en mi Jon —él suspira.
—Yo lo hago porque te amo, pero alguien que solo busque pasar un buen rato tiene mejores opciones, hay que ser sinceros Siena, tienes defectos que ya se hacen visibles —Jon se aleja para luego sacar un cigarrillo y entro a la casa con los hombros abajo y sí, la autoestima también por los suelos.
Observo mi reflejo en el espejo como nunca antes lo había hecho, las inseguridades me abruman y aunque nunca he tenido el ego por los cielos tampoco nunca me había sentido justo como ahora, las palabras de Jon aunque ha pasado toda la noche siguen en mi cabeza y solo me miro buscando esos defectos de los cuales habló y sí, los encuentro y cada uno de ellos deja mi ánimo por el suelo sintiendo vergüenza de mí misma, él tiene razón y duele admitirlo, Damiano pasó toda la cena viendo y riéndole a Sabrina, paso las manos por mi rostro y maldigo en voz alta, nunca he sido así por lo que dejo de mirarme y tomo mis cosas para ir a la empresa aunque algo queda claro, ni en broma iré a almorzar con Damiano.
—Buenos días, Lucas —digo entrando a la habitación de este formando una sonrisa, pero no le veo en la cama como pensé que estaría.
—Ya estoy listo, mami —me giro y alzo mis cejas al verle ya vestido llevando una camisa y un pantalón haciéndole parecer más grande de lo que es.
—¿Listo? —sonrío acercándome.
—Quiero ir —son sus palabras haciéndome suspirar y me agacho frente a él.
—Mi amor, yo debo trabajar, debo ir a trabajar y no podré cuidar de ti
—¡Damiano sí! —menciona entusiasmado
—No Lucas —su sonrisa disminuye —Damiano también debe trabajar —él niega y sé que ya está enfadado.
—Quiero ir —pide —quiero verle
—Mi amor le viste ayer y
—¡Quiero verle hoy! —alza la voz cruzándose de brazos —es mi amigo
—Sé que es tu amigo mi cielo, pero en la empresa trabajamos —intento explicarle —no puedo llevarte a la empresa todos los días así que
—¿Y le has llevado a la empresa? —la voz a mi espalda me tensa y rápidamente me pongo de pie para mirar hacia la puerta en donde está ella mirando la habitación con una sonrisa.
—¿Qué haces aquí? —me acerco a ella.
—¿Acaso no puedo conocer a mi pequeño primo? —mira a Lucas —Hola guapo —le sonríe, pero él no hace ni dice nada —yo soy
—Alguien que él no quiere conocer —tomo su brazo y salgo de la habitación rápido.
—Siena por dios —se queja cuando le suelto y la niñera que estaba fuera entra cerrando la puerta.
—Escúchame bien Sabrina —miro sus ojos —mantente lejos de esta habitación y de mi hijo —ella sonríe.
—Tu hijo es mi familia también Siena.
—Mantente alejada —la señalo —ya te conozco.
—Podría decirle a Jon que has llevado al niño a la empresa —habla con su enorme sonrisa —¿Quieres que lo haga? Creo que a él no le gustaría —bufo negando y echo a andar sin querer seguir hablando con ella.
Venir a la empresa no fue buena idea definitivamente, no he podido concentrarme en nada y claro, cómo hacerlo si he estado todo el tiempo mirando el reloj que hay en la pared. En una hora estoy segura de que Damiano irá a almorzar con Sabrina a menos que yo primero lo encuentre en su hotel y sí, ayer pensaba hacerlo, pero hoy no estoy de ánimo para eso, además, quizás a él le agrade mucho más la presencia de Sabrina qué la mía. Cuando la puerta de mi oficina se abre miro hacia esta y me tenso mirándola a ella que entra con un hermoso vestido rojo bastante ajustado y con un buen escote, cosa que me hace volver a pensar en Jon, en sus palabras y en mi imagen en el espejo y ahora mirando a Sabrina no encuentro en ella ninguno de esos defectos que vi en mí.
—¿Qué haces aquí? —ruedo los ojos cuando ella toma asiento.
—El tío me quería ver, voy a trabajar aquí Siena —debo respirar hondo ignorando todo lo que mi mente quiere decirle —además —ella sonríe —iré a almorzar con Damiano y quedamos en vernos aquí —evito bufar.
—¿Te parece que algo de eso me interesa Sabrina? —dejo de mirarla.
—Dejamos una conversación pendiente en la casa prima, voy a trabajar aquí, pero no me gustan las otras oficinas, esta sí —sigo sin mirarla sabiendo por donde va —quiero esta oficina y me la vas a dar si quieres que no le diga a Jon que has traído a tu pequeño hijo aquí —la miro.