El héroe de mamá

Capítulo 11: Sincero

Damiano

Despertar y sentirme plenamente feliz es algo que pocas veces había experimentado, pero hoy justo así me siento, sé que ella vendrá, lo vi en sus ojos anoche, sus celos jamás dejarían que cenara con Sabrina y bueno, al menos eso quiero creer porque de verdad necesito que ella venga a buscarme, no quiero salir con Sabrina, no quiero verla a ella y menos tener que soportarla lo que dura un almuerzo. Suspiro cuando escucho el sonido de mi teléfono y entonces camino hacia este, al ver el nombre en la pantalla me tenso un poco, pero tomo la llamada.

—Que bueno que contestas Damiano —la voz de Carlo, el padre de Kiara, se escucha animada —Kiara está loca por ir a verte aunque está mal —respiro hondo —dice que casi no hablas con ella.

—Su hija quiere llamarme cada dos horas —le explico observando mi reflejo en el espejo —y no estoy aquí jugando señor, cuando me casé con Kiara me movía nuestra amistad —expreso sin ser alguien que se va por las ramas —nos conocemos desde niños y de cierta forma quería que estuviera feliz y yo necesitaba no estar solo, ella sabe que no me casé por amor y usted también lo sabe —un silencio tenso se siente hasta que él habla.

—Si —cuando no encuentro ningún defecto en mí voy hacia la puerta —todos esperábamos que eso cambiara con el tiempo —suspiro saliendo de la habitación, ya falta poco para el dichoso almuerzo y Siena no está aquí.

—El problema es que el tiempo ha pasado y no la reconozco —soy sincero caminando lentamente por el pasillo del hotel queriendo que ella aparezca antes de salir de aquí —Kiara se ha obsesionado, sus celos son constantes, es el tipo de mujer que huele tu ropa cuando llegas de la calle, que revisa tu móvil y que incluso coloca un rastreador a tu auto y justo todo eso me llevó a volver a este país a hacer negocios y a estar alejado de ella, pero aún alejado no me suelta.

—Damiano —dice, pero no le dejo hablar, él sabe de sobra lo que diré y me detengo.

—Estoy cansado señor y quiero mucho a Kiara —no miento —en su momento fue mi mejor amiga, pero ya no lo aguanto más así que le seré sincero, usted no merece menos, mi padre y usted eran como hermanos, cuando vea a Kiara, le pediré el divorcio, quizás debería prepararla para ello.

—No se lo tomará bien Damiano —ruedo los ojos —mi hija dice amarte y dice que no puede vivir sin ti

—Tonterías, nadie muere por nadie, su hija siempre supo de mis sentimientos, fue ella quien nos pidió casarnos por una dichosa herencia y jamás debí hacerle el favor, obviamente me arrepiento de ello —el hombre hace silencio —prepárela para ello señor porque cuando ella venga, que sé que pronto lo hará, le entregaré los papeles del divorcio —él no dice nada y solo cuelgo la llamada, espero haya entendido bien, he sido bien claro, directo y sincero. Guardo mi teléfono notando que ya era hora de estar en la empresa y Sabrina me debe de estar esperando, Siena no ha aparecido y estoy como estúpido mirando un ascensor que cuando se abre frente a mí, está vacío y entro a este dando un suspiro sin tener la mínima idea de por qué no ha venido a verme.

Camino por la empresa con pasos rápidos queriendo no encontrarme a Sabrina y entonces entro sin siquiera llamar a la oficina de Siena, pero ella no está aquí, en cambio, su secretaria si y me mira confundida, yo solo observo todo, hay un gran desorden aunque ella acomoda.

—Busco a la señorita Beckham —ella abre la boca

—Davis —me giro cuando escucho la voz de Sabrina y ella sonríe mirando mis ojos —Querrás decir que buscas a la señora Davis —tenso mi mandíbula —Siena usa el apellido de Jon —explica como si hiciera falta y luego se acerca —tardaste, pero valió la pena, estás guapo —sonríe dejando un beso en mi mejilla, yo en silencio vuelvo la mirada a la oficina, el desorden no me gusta y que Siena no esté tampoco.

—¿Sabes entonces donde está Siena? —miro sus ojos, jamás usaría el apellido de Jon en ella, Sabrina suspira y es claro que no le gusta que pregunte sobre su prima.

—Salió, supongo que tenía algo importante que hacer, Jon tampoco está así que deben de estar juntos —ella sonríe levemente y sigo tenso odiando la palabra juntos cuando de ellos se refiere —¿nos vamos Damiano? Ya tengo hambre —sigue con su sonrisa y respiro hondo, nada de esto me gusta y es claro que jamás debí aceptar salir a almorzar con ella. Salgo de la oficina de Siena sintiéndome angustiado por no saber en donde está y pensando en eso envío un rápido mensaje y es peor la angustia cuando Sabrina toma mi brazo y comienza a hablar.

—¿A dónde iremos? —cuestiona y no, no tengo la mínima idea porque no había preparado nada, se suponía que iría con Siena, no con ella.

—A donde quieras.

—Que poco romántico Damiano —bufa

—Es que no es una cena romántica Sabrina —me detengo al salir de la empresa y miro sus ojos —solo vamos a almorzar como amigos, nada más —mis palabras es claro que no la hacen feliz y rueda los ojos.

—Pues yo conozco un restaurante hermoso —sonríe sin rendirse y vuelve a tomar mi brazo —lujoso y caro como me gustan —sobo mi sien teniendo ya dolor de cabeza y cuando mi teléfono suena me detengo antes de abrir la puerta del auto.

—Debo contestar —Sabrina asiente infeliz y me alejo unos pasos de ella tomando la llamada, todo con tal de dejar de escucharla.

—Habla Mariano —gruño observando como Sabrina se mira en un espejo.

—La respuesta es sí —dice respondiendo mi mensaje y suspiro —llevo siguiendo a la chica desde que lo ordenaste —alzo la mirada al cielo, sé que lo que hago está mal y puede que vaya al infierno, pero debía hacerlo, necesitaba saber la verdad, lo que hacía, si era feliz o no con su vida y para eso, debía estar pendiente de ella todo el tiempo así que contraté al mejor hombre para eso justo desde que Aylin me habló sobre ella aunque hasta ahora no había querido hacer uso de esa herramienta, tampoco quiero invadir su privacidad aunque creo que ya lo he hecho.




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