Damiano
Siento como mi corazón golpea más fuerte y rápido mientras voy acortando despacio la distancia que nos separa y cuando esta es mínima mis manos suben rozando sus brazos hasta detenerlos en su rostro, puedo sentir que está tensa y que gracias a mi toque se estremece mientras me dedico a mirar sus labios queriendo solo probar y ver a qué saben y quizás debería haberlo hecho rápido, pero cuando miro sus ojos y veo la enorme duda que hay en estos me detengo por completo, lo que menos quiero es hacer algo que ella no quiera, no quiero que se arrepienta y ahora estoy seguro de algo, quiero que Siena sea mía, pero que cuando eso suceda no haya ningún tipo de arrepentimiento y para eso ella no debe tener dudas.
—¿Entonces qué? ¿Te gusta el helado? —mi voz sale más ronca de lo normal y me alejo un poco, cuando lo hago noto que ella vuelve a respirar y sonrío.
—Damiano yo
—No tienes que explicarme nada —sigo sonriendo porque lo que menos quiero es que se sienta incómoda
—Es que —ella hace una pausa dejando de mirarme —nunca he estado con nadie que no sea Jon, nunca he sido infiel a mi esposo —mira mis ojos y espero que no note que estoy apretando los dientes —ni siquiera jamás lo imaginé —sería horrible si dijera que me gustaría que lo hubiera hecho porque de ser así no pensaría que lo ama tanto o que lo amó tanto y tan bien.
—¿Lo amas aún? —suelto y sé que es como la tercera vez que hago la pregunta, pero necesito estar seguro, lo de amar a alguien que ama a alguien más no quiero volver a vivirlo.
—Te dije que no —ella baja la mirada —no se trata de amor, se trata del pasado Damiano —respira hondo pasando una mano por su cabello dejando claro que está nerviosa —de que antes si le amaba y yo, es que él no era
—Basta —mascullo y me mira asustada, pero ya no podía aguantar más mi enojo — no quiero que me hables bien de ese canalla —espeto con rabia y ella da un paso hacia mí.
—Dime algo y quiero que seas sincero porque si mientes creo que sabré —suspiro.
—Nunca te he mentido —ella sigue mirando mis ojos.
—haces esto —me señala — ¿me ayudas por Aylin? ¿Es por ella? —su pregunta me descoloca —aún sientes algo por
—¿Crees que si fuera por ella querría besarte y estar contigo? —ladea el rostro.
—Es solo que no entiendo.
—¿Qué no entiendes? ¿El hecho de que quiera ayudarte a ti y a tu hijo sin ganar nada?
—¿Lo haces para llevarme a la cama? —su pregunta me hace sonreír y paso una mano por mi rostro entendiendo sus dudas y claro, nadie que no sea sus hermanos nunca ha intentado ayudarla y ahora tiene dudas porque he querido besarla y si, sé que he sido demasiado rápido.
—No —niego con la cabeza —no Siena, es más, no deberíamos estar aquí —abro los brazos mirando sus ojos —puedes irte y te ayudaré igual porque —tomo aire antes de seguir —porque vi la tristeza en los ojos de tu hijo —sigo pendiente a ella —¿quieres saber por qué quiero ayudarte? Quiero hacerlo por Lucas, porque él merece otra vida, una mejor que la que lleva porque ningún niño merece estar escondido, además, le propuse ser mi amigo —sonrío un poco —y que me gustes no tiene nada que ver con eso —dejo de mirarla —no quiero nada a cambio de mi ayuda y no estaba en mis planes cuando conocí a Lucas que su madre se metiera en mi cabeza y estuviera todo el tiempo dando vueltas en esta porque sí —miro sus ojos —pienso en ti cada maldito segundo y si supieras lo que pienso sobre ti entonces no me verías como un caballero —sus mejillas se tornan rojas y baja la mirada sonriendo avergonzada, solo sonrío encontrándola así más bonita que antes y sé que ahora está sin palabras.
—Sé que quieres que te cuente toda la historia —me mira entonces —y es la condición para ayudarme
—Hoy no, por hoy ya estoy harto de hablar de Jon —ella asiente feliz con mis palabras.
—Para eso me diste la tarjeta del hotel —asiento —pero si voy ahí, ¿solo hablaremos Damiano? —respiro hondo evitando ahora su mirada.
—Créeme que cuando te dije que fueras al hotel yo no pensaba en otra cosa que no fuera hablar —soy sincero —pero —miro sus ojos notando nuevamente su rubor —hablar, comer, y hacer otras cosas —hago una pausa —depende todo de ti Siena —sus ojos brillan cuando me escucha —¿ahora entramos? Porque a mí si me gusta el helado —señalo el local y ella ríe, su risa disipa el incómodo silencio y se acerca a mí.
—También me gusta el helado —habla pasando por mi lado y solo sonrío siguiéndola para adentrarnos juntos al local, hoy solo quiero que hablemos del presente, solo quiero conocerla y cuando sea el momento escucharé de su boca toda la historia, historia que sé que no me va a gustar cuando hable del pasado en donde Jon era su gran amor.
Tener que irnos cada uno por nuestro lado luego de pasar horas hablando y riendo de nada y de todo, fue una gran tortura, odio la idea de que ahora esté en su casa junto a ese hombre y odio el maldito momento en el que vi la duda en sus ojos y no la besé, pero bueno, todo tiene su tiempo. Detengo el auto frente a la casa de Aylin y bajo de este sonriendo llevando las rosas que compré para ella, justo al llegar a mi habitación vi un mensaje de ella y aquí estoy, sonrío recordando a Siena mientras me acerco a la puerta, incluso de Aylin sintió celos. Cuando la puerta se abre es Víctor quien aparece y bufa al verme.
—Vuelves a traer flores y te las hago comer —espeta molesto quitándome el ramo y luego entro a la casa.
—¿Dónde está Aylin? —miro hacia todos lados.
—No está, salió de compras con Elizabeth —frunzo el ceño y lo miro
—Ella me escribió y
—Fui yo desde su teléfono Damiano —alzo una ceja cuando lo escucho.
—Por Dios Víctor —rio tomando asiento —deja ya los celos, cansas, ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Seis años? —miro sus ojos cuando se sienta frente a mí —ella te eligió a ti, Elizabeth ha crecido ya bastante, ¿qué te parece si en vez de sentir celos te dedicas a intentar que Aylin te dé otro hijo? —él sonríe y sé que eso quiere, pero cuando mira mis ojos deja su estúpida sonrisa.