Siena
La habitación no es como la imaginé, esperaba encontrar la mejor habitación del hotel, pero no, no es la más amplia ni la más lujosa, es sencilla y está bastante organizado todo. Salgo al balcón y respiro hondo, ya que lo necesitaba, dentro huele a él y ese perfume altera todas mis hormonas. Aún no sé qué hago aquí, se suponía que no vendría, pero aquí estoy y estoy tan nerviosa que llevo varios minutos en silencio observando todo y cuando siento sus pasos me giro, Damiano se acerca a mí con sus manos en sus bolsillos y parece confundido.
—Siena
—Quiero que me ayudes Damiano —repito mirando ahora sus ojos —tengo un plan, pero podría tomar demasiado tiempo y no quiero seguir ahí —digo segura de eso —no quiero que Lucas siga escondido como si fuera un criminal —Damiano asiente y me pregunto como es que siempre puede estar tan bien arreglado y parecer estar en calma, yo siento que mis manos tiemblan y siento mi voz extraña ante su presencia.
—Quiero saber la historia Siena, conocer todo de ti —sonrío.
—Ya sabes todo
—No, solo sé algunas cosas, yo quiero que me hables, quiero escucharte y eso fue lo único que pedí a cambio de ayudarte —suspiro y aunque ya sabía lo que quería pensaba que encontraría la forma de no tener que hablar sobre el pasado.
—¿Todo? —él asiente.
—Cada cosa —pide mirándome con tanta intensidad que rápido dejo de mirarlo y miro hacia la ciudad haciendo que mi mente viaje al pasado, a esos años en donde era tan feliz.
—Cuando conocí a Jon apenas era mayor de edad —hablo con la mirada perdida —fue en una fiesta de unas amigas y ahí estaba él, sonriendo —sonrío recordando ese día como hoy —mirándome, me enamoré a la primera aunque no lo acepté —suspiro —estuvo meses buscándome hasta que acepté ser su novia, todo era nuevo para mí, nunca antes había tenido un novio, jamás me había enamorado —cuento sin mirarlo —fuimos novios a escondidas, tenía miedo de la reacción de mis padres, pero cuando Jon me propuso matrimonio —sonrío nuevamente recordando ese momento, un hermoso restaurante, nuestro lugar favorito y aún puedo ver a Jon arrodillado frente a mí con ese anillo, uno que ya no adorna mi mano —le dije que sí sin dudarlo un segundo —mi voz se apaga bajando la mirada.
—Sigue Siena, te estoy escuchando —miro a Damiano, incluso había olvidado su presencia.
—Lo amaba con locura —veo como aprieta su mandíbula —le hice frente a mi padre por primera vez por causa de él y al final logré que aceptaran lo nuestro y claro, le dije a papá que me escaparía y me casaría y él odia los escándalos así que aceptó y le dio trabajo a Jon en su empresa —Damiano asiente.
—¿Has pensado en que quizás Jon solo se casó contigo por dinero? —sonrío aunque admito que en algún momento la idea pasó por mi cabeza.
—Hay cosas que se saben Damiano, quizás ese fue uno de sus motivos, pero Jon me amaba, esas cosas se notan —expreso segura de eso —aún dice amarme, pero creo que ve el amor diferente a como yo lo veo.
—No te ama Siena —ignoro la frase y sigo.
—Decidimos tener un hijo —vuelvo la mirada a la ciudad —No fue accidental ni nos tomó de sorpresa, Jon compraba pruebas de embarazo cada semana hasta que al fin una salió positiva y lloramos juntos de alegría —cierro los ojos recordando ese momento —alegría que se esfumó cuando en una de las consultas me dijeron que mi hijo tenía síndrome de Down —mi voz se quiebra —Jon quería que abortara, pero ya no podía, amaba a mi hijo y quise seguir adelante, desde ese momento todo se quebró aunque seguí ahí, amándolo, pensaba que cuando Lucas naciera todo cambiaría y lo hizo, todo cambió cuando Jon ni siquiera quiso mirar a su hijo —aprieto con rabia mis puños —cuando mi padre vio que mi hijo era especial me dijo que lo mantendría oculto y dirían que había muerto o me lo quitaría y acepté, también acepté quedarme porque me dijo que así dejaría en paz a mis hermanos.
—Siena
—Pero aún luego de eso yo seguía amando a Jon —golpeo la baranda sin dejar de hablar de forma rápida —pasé mucho tiempo intentando que volviera a ser el de antes, que conociera a Lucas pero
—Nunca ocurrió —la voz de Damiano me hace abrir los ojos y trago en seco al notar mis lágrimas —y aún dices que ese hombre te ama —gruñe y cuando le miro parece bastante enfadado —¿lo amas?—frunzo el ceño, ya ha hecho esa pregunta demasiado y niego frenética.
—Te dije que no ya varias veces.
—¿Estás segura de eso? —Damiano da un paso hacia mí y me tenso.
—Estoy segura de que no lo amo y de que quiero salir de esa casa Damiano —levanto el rostro mirando bien sus ojos para que vea que no miento.
—¿Cuál es tu plan?
—Entré a la empresa para buscar pruebas contra mi padre, sé que tiene negocios sucios y Jon también, las buscaría —sonrío un poco —las encontraría y los enviaría a la cárcel, luego podría ser libre para siempre —él asiente.
—¿Has encontrado algo? —da otro paso hacia mí y aunque quiero retroceder no lo hago.
—Acabo de entrar, no es tan fácil.
—Ya no tienes que seguir, ahora me encargaré yo —niego —lo haré a mi manera Siena y al final vas a conseguir tu divorcio —sonríe con la palabra —tendrás a tu hijo y Lucas será libre.
—¿Cómo lo harás?
—Tienes que confiar en mí —dice haciendo mínima la distancia entre ambos, pero sigo mirando sus ojos —a partir de ahora debes hacerlo —pide y solo asiento un poco, su perfume es embriagador y su presencia hace daño a mi cabeza, además, esos ojos, esos ojos parecen leer mi alma, traspasar mi mente y saber todo sobre mí, Damiano sigue mirándome y siento como toda mi piel se eriza cuando su mirada baja hasta mis labios con la promesa de un beso que desde ayer ambos queremos, aún no me ha tocado, pero ya el aire se atasca en mis pulmones y mis manos tiemblan como si fuera mi primer beso.
Damiano se toma su tiempo, se acerca tan lentamente que siento que moriré y cuando sus labios rozan los míos, se me olvida hasta el lugar en el que estoy, cansada de esperar y sabiendo que él espera que haga algo, soy yo quien comienza el beso.