Siena
Siento a Damiano y suelto un suspiro largo, no sé qué tiempo ha pasado, pero estoy segura de que mucho y ya mis fuerzas me han abandonado, sonrío y en un rápido movimiento me da la vuelta para que pueda mirarlo y vuelve a besarme, debo decir que el Damiano romántico y delicado se perdió hace una hora y aun así, este me sigue gustando.
—¿Acaso no te cansas? —me quejo sonriendo —ya perdí la cuenta de las veces que —él ríe callando mis palabras y busca mi mirada.
—¿En serio ya te rindes? —alza una ceja y luego cubro mi rostro con mi brazo, no sabría como describir un momento tan mágico.
—Me haces sentir vieja —siento su risa y con cuidado quita mi brazo de mis ojos haciendo que mire los suyos y adoro lo que veo en su mirada.
—Es solo que me encantas —susurra acariciando mi rostro volviendo a ser el romántico del principio —adoro explorarte por completo —mis mejillas empiezan a arder —y adoro ver como te ruborizas con algo tan simple como unas palabras —sonrío —te daré unos minutos —dice alejándose de mí y tomo la sabana y me envuelvo en esta para salir de la cama.
—¿Unos minutos? —alzo una ceja mirándolo y sigue sonriendo.
—Para que recuperes las fuerzas —me guiña un ojo y rio —luego volveremos a repetir —lo miro fascinada y aun sonriendo —siento que hay cosas que he hecho mal y —me echo a reír con esas palabras, las mismas que repitió cuando acabamos la primera vez y la segunda y... ¡por dios! Él no se cansa.
—Vuelvo a pensar que eres un descarado —expreso caminando hacia el baño.
—¿Necesitas ayuda para bañarte? Yo puedo —sin darle tiempo a acabar me encierro en el baño cerrando la puerta y me quedo recostada a esta escuchando su risa, solo cierro los ojos necesitando unos segundos y sonrío, nunca había vivido algo como esto, ni siquiera años antes y Damiano me ha hecho sentir como una adolescente, con él todo es tan sencillo, todo se vuelve especial y mágico, suspiro negando con la cabeza y entonces voy hacia la ducha.
Al salir él se acerca a mí, pero contrario a lo que pensé se detiene a solo centímetros y toma una de mis manos y acaricia esta con cuidado, tan solo ese simple toque acelera mi corazón y sigo mirando sus ojos, ¿puede uno enamorarse de alguien tan fácil?
—Me toca a mí ducharme —dice dando un suspiro —te dije al principio que iríamos despacio y he fallado a mi palabra porque es difícil controlarse contigo Siena —vuelvo a ruborizarme y él sonríe —pero aún tenemos tiempo, muchos días, ¿verdad? —me mira con temor de que diga que no volveré. —es que no he preguntado si te ha gustado y
—¿En serio necesitas preguntarlo? —él hace que me acerque más —lo digo porque me hiciste esa pregunta unas cuantas veces cuando —me callo sonriendo
—Es que no te escuchaba bien, parecías no poder hablar bien —ambos sonreímos —lo que quiero decir —él se pone serio —es que me gustas mucho, demasiado, tanto que da miedo —me pierdo en sus ojos —te espero dentro, me gustaría ducharnos juntos —dice tomando un mechón de mi cabello que está mojado —no tardes —Damiano besa mi frente con cariño y entonces pasa por mi lado y entra al baño, yo me alejo y comienzo a caminar por la habitación en busca de mi ropa.
Escucho el sonido de la ducha y sonrío, sí, la idea de ir hacia el baño y ducharme con él es una tentación, pero ya he pasado demasiado tiempo aquí y mi pequeño me espera en casa por lo que solo termino de vestirme con lentitud sin querer dejar este lugar en donde él me ha hecho sentir demasiadas cosas. Miro hacia la puerta cuando escucho que llaman y camino hacia esta, ¿habrá pedido algo? Eso pienso hasta que abro y frente a mí aparece una hermosa mujer vestida de rojo que cuando me ve pasea su mirada por mi cuerpo borrando su sonrisa.
—¿Está Damiano? —cuestiona entrando a la habitación casi empujándome y la miro más que confundida.
—¿Quién... quien es usted? —ella voltea hacia mí con una ceja alzada como si la pregunta la ofendiera.
—Oh claro —sonríe —soy su esposa —enseña el anillo en su dedo dejándome desconcertada, ¿esposa? ¿Damiano está casado? Un mal sabor se instala en mi boca porque ese hombre minutos antes me hacía sentir única —así que ya puedes irte —señala la puerta, pero sigo mirando el anillo, aún siento sus besos y sus manos, aún puedo escuchar sus palabras bonitas en mi oído y ella es ¿su esposa? —ah claro, seguramente no te ha pagado —suspira —no sé cuanto cobras, pero supongo que esto es suficiente —me quedo estática cuando la veo sacar los billetes de su monedero aun con la palabra esposa en mi cabeza, no, no es posible, esto no me está pasando a mí —¿qué? —ella ríe al parecer al ver mi mirada confundida —no es la primera vez que pasa, no es la primera vez que mi esposo se va a la cama con una fulana, tómalo y no te ofendas por la palabra —miro el dinero y lejos de ofenderme me siento como eso que ella insinúa, sin tener orden tan siquiera de mis movimientos tomo mis cosas con la mente en blanco para luego pasar por su lado y salir rápido de ahí, lo hago casi corriendo, ¿esposa?
—No vas a llorar, no vas a llorar, no vas a llorar —repito una y otra vez las palabras en mi cabeza hasta que me doy cuenta de que he tomado las escaleras y las lágrimas escapan sin control alguno de mis ojos recostándome a una pared sintiendo que el aire me falta y acabo sentada en el suelo sintiéndome estúpida mientras todo mi cuerpo tiembla.
Luego de pasar horas dando vueltas en la calle entonces tomo rumbo a casa, aun mi mente sigue en una tormenta sin comprender todo lo que ha pasado y al detener el auto cierro con fuerza mis ojos y pego mi cabeza al volante, soy una estúpida que se creyó especial y única durante unas horas y golpeo fuerte el volante queriendo chillar por eso. Cuando para mí todo fue especial, para él al parecer fue algo simple y común y siento asco de mí misma al saber que he estado con un hombre casado y aun la mirada de esa mujer da vueltas en mi cabeza. Sin fuerzas para seguir dándole la espalda a la realidad salgo del auto y miro hacia la casa, con pasos lentos voy hacia esta observando que Jon está fuera y aunque quiero llorar y gritar me mantengo fuerte, apenas le conozco, si logré superar a Jon con el cual llevo años, ¿por qué no voy a poder con Damiano? Solo que esa simple pregunta me provoca un serio dolor en mi pecho.