El héroe de mamá

Capítulo 31: Repítelo

Damiano

Cuando Siena apareció en mi puerta con Lucas de su mano y esa mirada lo comprendí al instante y sí, la idea de que ya no estará más en esa casa puso una sonrisa en mi rostro, pero ahora todo se ha adelantado y sé que debo mover fichas que todavía no era hora de mover, aun así, me hace feliz que ella vaya a estar lejos de Jon y que muy pronto ya no estarán casados. Me acerco al pequeño que está en mi sala y tiene lágrimas en sus ojos mientras Siena usa mi baño, suspiro agachándome frente a él, Siena me habló poco cuando llegó, pero dijo cosas que me han hecho querer acabar con Jon, acabarlo para siempre, rompió los cómics de Lucas, algo que el pequeño ama y a saber las cosas que le dijo mientras ella no estaba.

—No llores más pequeño —digo, pero no me mira y miro mi teléfono cuando recibo un mensaje, bien, ha sido rápido y sonrío —sé que tuviste miedo y que no tienes ahora tus juguetes ni tus cómics, pero te prometo que no vas a echar de menos nada de eso —sigue en silencio —Lucas mírame —le hablo más fuerte, pero él sigue con su cabeza gacha.

—No soy un héroe —murmura y me tenso por completo con sus palabras.

—¿Qué? —bufo —tonterías, ¿Qué dices? —veo una lágrima caer por su mejilla.

—No cuidé a mamá —Lucas levanta la cabeza y mira mis ojos, ver sus ojos rojos y el dolor en su mirada ligado con vergüenza e impotencia es como un cuchillo afilado que entra en mi pecho.

—Lucas

—La empujó, se cayó y lloré…no llevaba la capa que me diste —sigue —y sentí miedo —son sus palabras y aprieto con fuerza mis puños, Siena omitió ese detalle, el infeliz fue capaz de tocarla de esa forma y la rabia dentro de mí aumenta, rabia que ahora intento mantener a raya porque hay un pequeño que mira mis ojos atento.

—Te regalé una capa de héroe, pero no necesitas de esta Lucas —hablo intentando aún controlarme —y no siempre tenemos el control de todo —baja la cabeza, pero sé que me escucha —hay cosas que a veces queremos hacer y no podemos y no es malo, somos mejores que esos héroes que te gustan ¿sabes por qué? —niega —Porque no tenemos superpoderes, solo somos nosotros siendo humanos y el miedo forma parte de ello.

—Solo lloré —se queja haciéndome sonreír.

—Y llorar no es malo —él mira mis ojos —eres lo que tu mamá más quiere en este mundo, para ella eres el héroe —tomo una de sus manos que al lado de las mías se ve demasiado pequeña —porque gracias a ti tuvo el valor de salir de esa casa y eso solo lo lograste tú —le sonrío.

—¿Sí? —paso mi otra mano por sus mejillas limpiando estas.

—Lo de acabar con los malos déjamelo a mí —menciono en voz baja —tú tienes un trabajo mejor que hacer, el más importante de todos y es algo que yo no puedo hacer —ahora me mira algo confundido.

—¿Cuál? —mi sonrisa aumenta.

—Cuidar a tu mamá y hacerla sonreír siempre —sus ojos brillan —sonríe siempre que te ve, entonces estás haciendo muy bien tu trabajo —él sonríe y era todo lo que yo quería —yo voy a cuidar de ambos y a destruir a los malos, ¿me ayudarás a hacer feliz a mamá?

—Sí

—Bien campeón —revuelvo su cabello y me pongo de pie, luego me acerco al pequeño espacio que uso como despacho y tomo el pequeño auto que tengo, uno que compré en una subasta, suspiro y me acerco a Lucas —juega mientras con esto —dejo el auto rojo valorado en cientos de dólares en sus manos —y luego iremos a un lugar bonito —le guiño un ojo —a tu nueva casa —su sonrisa aumenta —iré a ver a mamá —asiente rápido y mira el auto con fascinación, yo solo me alejo enviando mensajes rápidos con mi teléfono y camino despacio hacia mi cuarto, no sabía que ver sonreír a otro ser humano podría hacerme tan feliz y Lucas logra eso, aun así la rabia sigue dentro de mí imaginando la escena donde Siena cae al suelo y eso Jon va a pagarlo, con lágrimas, dolor y sangre.

—¿Lloras porque al fin te vas a divorciar? —cuestiono al llegar a la puerta abierta y Siena levanta la cabeza para mirar mis ojos —¿Te duele eso o salir de la casa de tu padre? —la ataco haciendo que su mirada cambie de dolor a rabia en segundos y sí, a veces los celos aún me dominan.

—Estoy de mal humor Damiano y no me ayudas —gruñe y sonrío dentro de mí manteniendo la distancia recostándome al marco de la puerta.

—¿Sigues amándolo? —Siena me mira incrédula.

—¿En serio haces esa pregunta ahora? —masculla y me alegra ya no ver las lágrimas en sus ojos —cuantas veces tengo que responder que

—Hasta que no me queden dudas de eso Siena —gruño haciéndola callar y me muevo hacia ella sin dejar de mirarla —porque daré mi vida por ti de hacer falta —soy claro deteniéndome cerca —pero no te daré mi corazón si aún amas a alguien más aunque sea un poco —bajo mi voz y noto como se tensa —no me gusta perder —me pierdo en su intensa mirada.

—No sabía lo que era el amor verdadero hasta que te conocí, ¿quieres escuchar eso? —suelto una carcajada carente de humor y me alejo de ella.

—Por dios —paso las manos por mi rostro —¿de qué libro sacaste la frase? —le doy la espalda.

—Suena estúpido si —habla con calma —pero es cierto Damiano —escucho que murmura —el amor de Jon duele —aprieto mis puños —es un amor egoísta que solo me quiere ver bien a su lado y si estoy lejos quiere destruirme y no creo que el amor verdadero sea egoísta —bufa —yo si lo amé, lo hice de verdad y lo hice bien —cierro con fuerza mis ojos odiando cada una de sus palabras.

—Siena —mascullo

—Pero tu amor es diferente —siento sus manos en mi espalda —aunque esté lejos, aunque te pida que te alejes estás ahí cuidando de mí —volteo hacia ella quedando tan cerca que con solo inclinar un poco la cabeza mis labios rozarían los suyos —porque quieres que esté bien aunque creas que no te amo —toca mi camisa —no eres egoísta y me enamoré de ti —menciona sin mirarme y sin dudas en su voz —en algún momento lo hice y comencé a amarte —sigo tenso —no fue rápido ni al instante, pero lo hice y por esa razón digo que conocí el amor verdadero por ti Damiano, porque el amor verdadero no es egoísta —mira mis ojos y sé que puede sentir mi agitado corazón —es cursi, pero es verdad, no amo a Jon y puedo repetirte esa frase las veces que quieras hasta que te convenzas de eso y te quede claro que te amo —una de sus manos sube hasta mi rostro y acaricia mi mejilla —yo también soy capaz de dar mi vida por ti porque sencillamente ya no me imagino vivir si no estás —me pierdo en sus ojos sin saber que decir porque no esperaba escuchar sus palabras y está siendo sincera, sus ojos lo dejan claro y su discurso improvisado tiene mi pulso tan acelerado que dudo poder calmarme en días.




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