Los lobos que perdían a sus parejas destinadas terminaban volviéndose locos, desquiciados hasta el punto de cometer las peores atrocidades.
Por esa razón, el Consejo ordenó que todo lobo que perdiera a su destinado fuera encerrado hasta el día de su muerte. La única excepción eran los alfas puros , pues debido a su rango no podían ser encarcelados.
Jhonn era uno de ellos.
Perdió a su omega apenas unos segundos después de que ella diera a luz. Cuando vio al pequeño lobito por primera vez, lo odió. Quiso matarlo. Lo culpaba por la muerte de su omega.
Con el paso de los años creyó haber llegado a amar a su hijo.
Pero, como decían las antiguas historias, un lobo que pierde a su pareja destinada termina perdiendo la razón.
Y Jhonn no fue la excepción.
Por ser un alfa puro jamás fue encerrado. Los años transcurrieron y, poco a poco, su cordura comenzó a desmoronarse.
Hasta que un día sus sentidos se alteraron.
Vio a una loba que se parecía demasiado a su difunta omega. Su aroma lo volvió loco. Despertó a la bestia que había intentado contener durante años.
En ese instante se juró convertirla en su pareja.
No le importaba que aquella loba tuviera una pareja destinada.
No le importaban las reglas.
Era un alfa puro y estaba acostumbrado a conseguir todo lo que deseaba.
Le arrebató la omega a otro lobo.
Mintió incontables veces para ocultar la verdad.
No le importó herir a la loba que decía amar.
Estaba convencido de que la Diosa Luna se la había entregado como consuelo por todo su sufrimiento.
¿La pareja destinada de ella?
No significaba nada.
Porque estaba dispuesto a matar a cualquiera que se interpusiera en su camino.
Incluso a su propio hijo.
Porque su hijo era el verdadero alfa destinado de aquella pobre loba.
Y Jhonn, consumido por la obsesión de la bestia que afirmaba amarla, estaba dispuesto a destruirlo todo para poseerla.
La bestia haría cualquier cosa por mantenerla a su lado.
Aunque eso significara derramar la sangre de su propia familia.
Nadie lo separaría de su omega.
Una bestia.
Una pareja destinada luchando por permanecer unida.
Y una loba dispuesta a sacrificarlo todo para poner fin a la locura.
—Si yo soy la razón de tu locura... entonces acabaré conmigo misma.
En proceso , editando.