El Hijo Del Alfa

HDA.1

¿Sientes ese aroma? Acércate más... Ese aroma es tan...

¡Alfa! —llamó uno de los guardias—. ¿Se encuentra bien? Ya estamos llegando a la mansión del alfa Kaiden. ¡Alfa!

Exclamó al ver a Jhonn correr desesperado. Los guardias fueron tras él. Tenían estrictamente prohibido dejarlo solo después del lamentable acto de violencia que había cometido contra su propio hijo.

¡ Sigue! ¡Estamos cerca! ¡Es mi omega! ¡Es Hana! ¡Ella está aquí!

Jhonn fue detenido por los guardias que custodiaban la mansión. Al verlo tan alterado, intentaron contenerlo, pero fue una mala decisión. El alfa tomó a uno de ellos por el cuello y lo levantó del suelo.

—¡Abre, maldito! ¡Ustedes la tienen aquí!

Desde el jardín, la hija del alfa Kaiden observaba el escándalo. Curiosa, se acercó a la entrada principal. Se sobresaltó al ver cómo uno de los guardias salía despedido por los aires y terminaba estrellándose contra un árbol.

Se apresuró a acercarse, pero un grito la detuvo.

¡ Es ella! ¡Jhonn, es ella! ¡Tómala, es nuestra! ¡Nuestra omega! ¡Dile que nos abra! ¡Reacciona! —le gritó su lobo.

Las manos de Jhonn temblaban. Había visto a una joven observándolo con miedo.

Miró a su alrededor. Los guardias estaban en alerta. No podía perder el control; no era el momento. Sus propios hombres llegaron a su lado, alarmados ante un posible ataque.

—Alfa, por favor, reaccione. No deje que su lobo tome el control. Tengo su medicina...

—No es necesario —respondió Jhonn con frialdad mientras intentaba calmar a la bestia en su interior—. ¿Podrían abrir las puertas? Ya estoy mejor.

Los guardias de la otra manada intercambiaron miradas antes de asentir. Estaban nerviosos, pero no se percataron de que la hija de su alfa había presenciado toda la escena.

Apenas cruzó la entrada, Jhonn se acercó a la joven omega.

Durante años creyó que jamás volvería a sentir aquel aroma. Era como si Hana, su difunta omega, estuviera frente a él una vez más.

Sin pensarlo, la abrazó con desesperación, ignorando que la muchacha temblaba de miedo entre sus brazos.

La omega intentó liberarse, pero era imposible. Entonces sintió cómo el alfa comenzaba a repartir besos por su cuello. Gritaba pidiendo ayuda, pero nadie se atrevía a acercarse. Un alfa puro fuera de sí era extremadamente peligroso.

Jhonn no dejaba de besarla. Sus colmillos ya asomaban, dispuestos a marcarla, hasta que el desgarrador grito de la joven lo devolvió a la realidad.

—¡Suéltame! ¡Por favor, suéltame! ¡Me duele!

La soltó de inmediato.

La omega cayó al suelo, sujetándose el cuello con ambas manos. Lloraba desconsoladamente.

Jhonn observó la escena horrorizado. Retrocedió varios pasos. Su lobo estaba descontrolado y le exigía acercarse, reclamarla y marcarla.

Pero no era ella.

No era su difunta omega.

No era Hana.

Era una joven que lo miraba como si fuera un monstruo.

Entonces, ¿por qué deseaba marcarla con tanta desesperación? ¿Por qué ansiaba tenerla entre sus brazos?

Una voz lo sacó de sus pensamientos.

—¿¡Qué le hiciste a mi hija!?

En cuanto la pobre omega vio a su padre, corrió hacia él. Kaiden no entendía lo que estaba ocurriendo.

—Hija, dime qué sucedió. ¿Te hizo daño?

La omega intentó responder, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Seguía temblando y llorando. Se aferró a la ropa de su padre como si temiera que alguien volviera a acercarse a ella.

—Lirel, mírame. ¿Qué pasó?

La joven negó con la cabeza. Estaba demasiado asustada para hablar.

Uno de los guardias dio un paso al frente.

—Alfa, la señorita Lirel no hizo nada. Todo ocurrió cuando el alfa Jhonn llegó a la mansión.

Kaiden frunció el ceño.

—Explícate.

—El alfa parecía alterado desde que llegó. Comenzó a decir que había encontrado a su omega. Antes de que pudiéramos reaccionar, se acercó a la señorita Lirel y la abrazó a la fuerza. Ella intentó apartarse, pero él no la escuchaba. Parecía completamente dominado por su lobo.

El guardia tragó saliva antes de continuar.

—La señorita le suplicó varias veces que la soltara. Incluso gritó pidiendo ayuda. El alfa Jhonn comenzó a besarle el cuello y parecía dispuesto a marcarla. Solo reaccionó cuando ella gritó de dolor.

El rostro de Kaiden se endureció.

—¿Intentó marcar a mi hija?

—Sí, alfa. Si la señorita no hubiera gritado, no sabemos qué habría ocurrido.

Kaiden bajó la mirada hacia su hija. Lirel seguía aferrada a él, llorando y temblando.

La ira comenzó a hervir en su interior.

—Lleven a mi hija a su habitación y llamen al médico para que la revise —ordenó con voz firme.

El guardia obedeció de inmediato.

Cuando Lirel estuvo a salvo, Kaiden volvió la mirada hacia Jhonn.

Sin pensarlo dos veces, le propinó un puñetazo.

Jhonn retrocedió por el golpe, pero no tardó en hablar.

—Dame a tu hija. Ella es mi omega.

Kaiden lo observó horrorizado.

Lo sujetó del cuello con fuerza.

—Estás demente. Nunca tendrás a mi hija. Apenas ha alcanzado la mayoría de edad. ¿En qué demonios estás pensando? Ya tuviste una pareja. Eres un degenerado si crees que voy a permitir que la toques.

Escupió cada palabra cargada de rabia.

—Lárgate. No quiero ni verte.

No pudo terminar la discusión.

Un guardia apareció cabalgando hacia ellos a toda velocidad. Estaba herido y cubierto de sangre.

—¡Alfa! ¡Están atacando las fronteras! ¡Necesitamos apoyo! ¡Son demasiados!

Kaiden soltó a Jhonn de inmediato.

—Llama a los demás. Quédate aquí e informa en la mansión que mi hija no debe salir de su habitación.

—Te acompaño —dijo Jhonn—. Son los rebeldes. Vine con varios de mis hombres.

Kaiden asintió y montó su caballo.

—¡Vamos a la frontera! ¡Muévanse rápido!



#971 en Fantasía
#563 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: omegaverse, alfa, amor

Editado: 01.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.