"Hijo de la Primavera y el averno,
He escuchado que tu silueta es tan delicada como un lirio de ceniza. Qué fascinante. En un mundo lleno de músculos brutos y rostros sudorosos, nunca subestimes el poder de la belleza y la fragilidad. Deja que crean que eres de cristal, Zoí; el cristal no solo es hermoso, también corta más profundo que el acero cuando suda. Usa su arrogancia en su contra y haz que se arrepientan de haberte mirado por encima del hombro.
Si alguna vez deseas charlar con alguien de amores y debilidades, nunca dudes en visitar a tu prima la diosa más bella y astuta.
Con amor: Afrodita."
Zoí releyó la carta mientras se ajustaba las vendas en las manos. La fragancia a rosas del papel era tan intensa que lograba enmascarar el olor a caucho y sudor del gimnasio de entrenamiento. Las palabras de la Diosa de la Belleza resonaron en su mente mientras observaba a sus compañeros.
El campo de entrenamiento era un anfiteatro moderno con suelo de arena reforzada mágicamente que hacia rebotar el barullo de las voces y golpes.
Al ser una hora de entrenamiento los alumnos tenían un uniforme de ejercicio más cómodo: una musculosa pegada al cuerpo y pantalones cortos de entrenamiento, ambos negros con detalles finos en dorado. Zoí llevaba la campera de entrenamiento abierta y deslizada hasta sus codos, más por costumbre y comodidad. Había tenido que dejar atrás sus joyas, anillos y collares, incluso su aretes, todo por reglamento de los entrenamientos. Sus sandalias de cuero ,que extrañamente si entraban en las reglas de vestimenta, siendo lo único que delataba que no era un dios cualquiera.
El grupo estaba reunido en semicírculo en los limites del campo. Al frente, con su mitad humana luciendo una camiseta deportiva que decía "Héroes eran los de antes" y su mitad equina pateando con impaciencia, estaba Quirón. El mítico centauro instructor de héroes, sostenía un ¨espejo de memorias¨ grande con evidente desprecio, golpeando la pantalla con sus dedos gruesos.
—¡Dejen de mirar las notificaciones y empiecen a trotar! —bramó Quirón—. ¡Si Heracles hubiera pasado tanto tiempo frente a esos aparatitos, el León de Nemea lo habría usado de alfombra!
Zoí se unió al calentamiento. Sus movimientos eran fluidos, pero se mantuvo en un perfil bajo, cumpliendo con los ejercicios de forma extrañamente regular. Siguieron por la pista de calentamiento: trote de 100 metros, luego trepar por unos pasamanos unos 15 metros, esquivar obstáculos otros 10 y correr los 100 metros de vuelta.
Zoí no jadeaba, no sudaba en exceso, pero tampoco destacaba. Ni al primero ni al ultimo. Era una sombra rítmica entre los demás.
—¡Suficiente! —Quirón dio una palmada que sonó como un trueno—. Tenemos un chico nuevo. Zoí Korell, al centro. Vamos a ver si el Inframundo te envió aquí para estudiar o para ser un estorbo.
Quirón escaneó al grupo con sus ojos expertos.
—¿Quién quiere probar al "Príncipe"?
Rogmí no esperó. Se adelantó con un estruendo apartando a los que tenia en frente, haciendo que la arena saltara bajo sus botas. Sus ojos rojos estaban fijos en Zoí con una promesa de violencia.
—Yo lo haré, instructor. Tenemos una charla pendiente —gruñó el hijo de Ares arrastrando su hacha.
Quirón asintió. Rogmí era su mejor alumno en combate físico; si alguien podía medir la fuerza y resistencia Zoí, era él. Aunque sabia que había una buena probabilidad de que el hijo de Ares lo aplastara sin piedad tambien era de los que creía en que los golpes y derrotas fortalecen el carácter.
—Sin poderes divinos destructivos. Solo técnica y reflejos. Sin matar. Una vez el filo roce lugares letales se acaba. ¡Inicien!
Rogmí se lanzó como un toro, buscando un derribo rápido. Pero Zoí no retrocedió. Ladeó su cuerpo apenas unos centímetros, dejando que la masa de Rogmí pasara de largo. En un movimiento que nadie vio venir, Zoí utilizó el impulso del propio Rogmí, enganchó su tobillo con una pierna y con un movimiento fluido lo barrió.
Antes de que Rogmí pudiera entender por qué el cielo estaba donde debería estar el suelo, Zoí ya le había arrebatado el hacha de entrenamiento de las manos y dejo caer el filo directamente sobre su garganta.
Dejándola a medio centímetro exacto de la piel de Rogmí.
—¿Para donde estas mirando Rogmí? —susurró Zoí, con el cabello blanco cubriendo sus ojos al mirar hacia abajo.
El gimnasio quedó en un silencio sepulcral. Quirón levantó una ceja, impresionado. Hacia tiempo no veía una derrota tan suave y rapida. Todo el asunto no había llegado ni al minuto. Varias mandíbulas cayeron incrédulas por la aplastante derrota. Ese chico pálido y delgado de sandalias hippies y campera puesta de la forma más afeminada posible acababa de dejar patas arriba al tipo más fuerte y feroz del grupo.
Zoí levantó el hacha y ofreció su mano a Rogmí para ayudarlo a levantarse, aunque este la rechazo bruscamente, levantándose por su cuenta y recuperando su hacha antes de volver con el grupo insultando por lo bajo.
—Por los pies de Hermes... —murmuró Quirón sin poder evitarlo—. Siguiente. ¡Icho, muéstranos si el rayo es más rápido que la sombra!
Icho entró a la arena con la mandíbula tensa. Estaba furioso pero contento. No quería pelear con Zoí primero para no quedar como el matón insensible ,Rogmí ya ocupaba bien ese lugar, pero tras esa paliza quedaría como un héroe ante el grupo.
Pese a ser mestizo hijo de Zeus y una humana Icho tenía una fuerte confección con el poder del rayo de su padre. Era curioso como generación tras generación los semidioses mestizos adquirían poderes más similares a los de sus padres. Aunque se mantenían sin título ni poder particular, estaban más adelantados que mestizos antiguos como Heracles o Teseo, los modernos no necesitaban de ningún trabajo para ganar poder o estatus.
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Editado: 01.05.2026