"Querido Sobrino,
Me alegra saber que compartirse techo con mis hijos y algunos de mis otros sobrinos queridos. ¡Pero no te preocupes! Tío Poseidón siempre tendrá un espacio en su corazón para el único hijo de mi querido hermano Hades.
Me han llegado ecos de que te mueves bien en la arena. No esperaba menos; la tierra es firme bajo tus pies, aunque a veces olvidas que el suelo que pisas es solo el techo de mi hermano. Ten cuidado con los que brillan demasiado, Zoí; el sol suele cegar antes de quemar. Y un consejo: mantén tus tesoros cerca. Hay manos que confunden el oro con el derecho a poseerlo y siendo hijo del Dios con más riquezas me preocupa que otros te tomen el pelo.
Atentamente: Tu tío favorito, Poseidón.
PD: Dile a tu padre que el mar todavía espera su visita, aunque sea para quejarse del clima."
La cena en la Academia Reia ya no era un momento de anonimato para Zoí. Ahora, mientras caminaba hacia las mesas, sentía que las miradas habían pasado de la curiosidad y desdén a un respeto teñido de miedo.
Los rumores de su desempeño en las pruebas físicas habían corrido como una marea del Pacífico. Ahora todos eran concientes que el hijo del inframundo podía defenderse si alguien se atrevía a desafiarlos a la cara.
El comedor estaba lleno y en hora pico cuando llegó, el aire estaba caliente y olía a muchas especias a la vez.
Se sentó solo como siempre sin embargo esta vez no duró mucho. Eftheía se sentó a su lado una vez Zoí se acomodo, ya esperandolo con su "espejo de memorias" brillando en una mano y una bandeja con comida en la otra.
—¿Eres vegetariano? —Eftheía miró con curiosidad la bandeja de Zoí notando que solo tenía ensalada y agua.
El albino no pudo ni terminar de tomar aire para responder cuando una sombra familiar se cernió sobre ellos desde atrás.
—¡Tú! —rugió Rogmí, golpeando la mesa. Tenía la cara roja y el orgullo todavía magullado—. Lo de hoy fue suerte. Una técnica de niña. ¡Quiero la revancha! ¡Y la quiero ahora mismo!
Eftheía ni siquiera levantó la vista de sus diagramas.
—Rogmí, tu tasa de éxito contra él hoy fue del 0%. Basado en tu técnica actual de "embestir como un jabalí ciego", las probabilidades de que termines comiendo arena otra vez son del 99%. Haznos un favor y vete a romper algo que no sea nuestra paciencia.
Eftheía hizo un movimiento con una mano como si hechara a un perro.
La hija de Atenea no le tenía miedo al hijo de Ares, pues ,al igual que su madre, había aprendido que las crias de su tio-hermano ladraban mucho pero eran huecas y no merecían ni media neurona de atención.
Rogmí apretó los dientes a punto de estallar, cuando una mano firme lo tomó por la cresta. Era otro hijo de Ares, pero de complexión más fibrosa, alta y expresión cansada, su piel era morena y su pelo platinado estaba al ras de su cuero cabelludo. Tenía muchas cicatrices negras visibles y cara de querer jubilarse a los 18.
—Ya, Rog. Estás dando un cringe horrible hermano. —dijo arrastrándo a su hermanastro hacia la mesa de los hijos de Ares, Poseidón y Hermes—. Eres infumable tío. Ya superalo y dejalos comer.
Zoí suspiró, observando cómo se alejaban. Rogmí pataleaba y chillaba intentando soltarse como un gato rabioso pero sus hermanastros lo jalaron al otro lado de la mesa para contenerlo.
—¿Siempre es así de... ruidoso?
Zoí volvió a pinchar su ensalada repensando en cuando Rea le dijo que Rogmí tenía mucho "ímpetu".
—Rogmí es el hijo de Ares más escandaloso en siglos —explicó Eftheía, volviendo a su comida—. Su padre le exige demasiado porque es el más indiciplinado aunque fuerte de su generación, pero él solo sabe procesarlo como ira. Por eso no tiene amigos y sus hermanastros lo llevan de la córnea ,el muchachos de recién se llama Raz y es un encanto, nadie soporta a Rogmí. Pero no es el que debería preocuparte.
Eftheía señaló con discreción hacia la mesa central, donde Abel presidía la cena como un rey joven, con Liria a su derecha e Icho a su izquierda.
—Esa es la jerarquía real —murmuró ella—. Liria es el relaciones públicas; si ella te acepta, la Academia te acepta, creo que ya te hablo asique vas por buen caminó. Abel es el heredero; se comporta como si ya tuviera un asiento en el Olimpo solo por ser de los pocos nuevos dioses de la generacion. Y luego está Icho. Es el hijo de Zeus más destacado de esta tanda, pero su ego es más grande que su cerebro, ya viste como pelea y grita. Cree que ser el "hijo del jefe" lo hace inmune a las leyes del universo.
—¿Porqué tu no estas con ellos? Creo que tenías un nivel muy alto por tu desempeño en las clases.
Zoí incluino la cabeza curioso.
—Los hijos de Atenea somos más solitarios. Como los de Demeter o Hestia. Estar con ellos requiere mantener mucho las apariencias e involucrarse en eventos y fiestas que ,honestamente, suelo saltarme. —Eftheía deslizó sus dedos por su "espejo de memorias" despreocupadamente mientras le daba un sorbo a su gaseosa—. Aunque yo te aconsejaría ir con ellos. Liria y Abel son buena gente al final y el resto del grupo te serán de apoyo como nuevo Dios.
—No necesito ayuda de momento como nuevo Dios, eso ya me guiarán mis padres y familia. Estoy aquí para vivir como uno de ustedes, no para competir.
Comentó por lo bajo Zoí jugando con los anillos en su mano.
Le gustaba llevar sus joyas encima, estaba lleno de pulseras, collares y anillos. Aunque podía sentir un frío particular en su dedo anular.
A unos metros, la mesa de Icho era un estallido de risas.
—... y el bicho raro ni se enteró —decía Icho, sacando el anillo de oro oscuro del bolsillo de su sudadera—. Mírenlo. Es antiguo, seguro que vale una fortuna en el mercado negro.
—Icho, no sé... —dijo uno de sus amigos, mirando el objeto con desconfianza—. Es un anillo de muerto. Robarle a un Dios cetónico es buscarse problemas con el destino. Dicen que esas cosas tienen memoria.
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Editado: 01.05.2026