"Sobrino,
No te enviaré poemas ni promesas de banquetes. Las palabras se las lleva el viento y el oro del Olimpo es blando; no sirve para las cosas que realmente importan.
He trabajado el hierro del Inframundo y sé que es el más difícil de moldear, pero el que mejor guarda el filo. Espero que tu educación haya sido igual: dura y templada al fuego. En esa academia habrá mucha bisutería brillando, pero pocos con un núcleo sólido. Mantente como el acero, no como el cristal.
Si necesitas que algo se repare ,o que algo se rompa de forma definitiva, sabes dónde encontrarme
Atentamente: Hefesto.
PD: Dile a tu padre que el mecanismo de las puertas del Tártaro necesita mantenimiento. Si no me deja bajar a revisarlo, que no se queje si algún día el cerrojo deja de encajar."
Zoí guardo la carta de Hefesto en su bolso con su ropa y joyas, esta vez asegurándose de cerrarlo bien y dejar sus joyas y anillos en lo más profundo y fuera de la vista. Miró de reojo a Icho cabeceando junto a Lowy; el hijo de Zeus estaba totalmente fuera de servicio, consumido por el insomnio.
La clase de Quirón no se andaba con rodeos. El anfiteatro de entrenamiento había sido transformado mágicamente en un laberinto de muros de piedra viva de 3 metros que cambiaban de posición cada pocos minutos. Era impresionante y preocupante para el grupo de estudiantes.
—¡Escuchen, generación de cristal! —bramó Quirón desde una plataforma elevada—. El combate no lo es todo. La estrategia y la sincronía lo son. Irán en parejas, unidos por un grillete mágico en los tobillos. Si uno cae, el otro lo arrastra. El primer dúo en llegar ala salida aprueba la clase ¡El resto deberán hacer la practicas de resistencia aun atados a su compañero!
El grupo se quejo al instante, eran 24 estudiantes en el curso, 12 grupos, es decir que 22 alumnos estarían haciendo el tonto en las practicas de resistencia.
—¡Sin quejas! Ahora vamos a las parejas —tomó torpemente su ¨espejo de memorias¨ deslizando torpemente en la pantalla para intentar leer los dúos.
El azar o quizás Quirón buscando disciplina emparejó a Rogmí con Icho y fueron los primeros en entrar. Fue un desastre instantáneo. Rogmí quería derribar los muros a cabezazos y Icho, pálido y tembloroso, apenas podía mantener el equilibrio mientras se rascaba el dedo anular.
—¡Muévete, inútil de mierda! —le gritó Rogmí, tironeando del grillete.
—¡Cállate! ¿No escuchas eso? —susurró Icho, mirando hacia una esquina oscura del laberinto—. Hay alguien... hay alguien susurrando mi nombre.
—¡Estás pirado! Pero no perderé por ti —Rogmí arrastró a Icho por el laberinto no dispuesto a rendirse por un compañero psicótico.
El grupo vio a Rogmí y Icho alejarse por las paredes cambiantes ya sabiendo que eso no acabaría bien. Luego de ellos siguieron Liria y Lowy, tomando una ruta alternativa para evitar a ese dúo caótico, agarradas de la mano como si temieran perderse pese a estar encadenadas. Las paredes se movían tras cada pareja, cambiando el camino del laberinto de forma aleatoria. Todos estaban nerviosos pues no era un reto a superar solo siguiendo derecho y cruzando los dedos. Las paredes no solo se movían sino tambien había trampas ,inofensivas, y obstáculos que retrasaban a los participantes.
A Zoí le tocó con Eftheía. No hubo necesidad de tirones; ambos se movían con una coordinación silenciosa. Tenían el mismo ritmo al caminar. Como si sus sombras estuvieran entrelazadas desde hacía siglos.
—Quizás deberíamos mirar un momento como se mueven las paredes, tal vez encontremos un patrón ¿Tu que dices? —Eftheía miraba las paredes como si intentara hallar una pista.
Zoí se detuvo un momento, extendió una mano hacia la pared y apoyo la palma con delicadeza. La piedra pareció vibrar y oscurecerse ante su tacto. Eftheía vio con incredulidad como los ojos verdes de Zoí pasaban a rojo y luego a verde otra vez mientras sus pupilas blancas parpadearan como si latían. Sintió el frio de su cuerpo aumentar y ,por un segundo, juro ver como sus pecas negras se deslizaban por su piel blanca como astros en movimiento.
Cuando sus ojos y pecas volvieron a la normalidad Zoí soltó un suspiro de vahó frio, parpadeo y volvió a mirarla.
—No. Ya se por donde ir. Este ciclo termina con nosotros saliendo —le sonrió suavemente y apunto hacia un pasillo en especifico.
Eftheía no pregunto, solo sonrió con cierto alivio por la ventaja y ambos avanzaron juntos, el lugar donde estaban antes se cerro detrás de ellos ni bien pisaron el otro lado.
El aire dentro del laberinto era frio y terroso, podían oír las paredes moviéndose, las trampas activándose, sus compañeros gritando y corriendo en pasillos paralelos. Sin embargo ambos avanzaron en calma, a su ritmo, siguiendo las vueltas y pasillos que Zoí seguía como si hubiera carteles guiándolos.
—Abel intentó "conquistarte" hoy, ¿verdad? —preguntó Eftheía mientras doblaban una esquina con precisión matemática—. Vi que se saltaron clase y Lowy me dijo que fue para ir al jardín donde Abel siempre lleva a los que se quiere ligar.
—Fue instructivo —respondió Zoí, observando cómo un muro se cerraba a su derecha, esperando 5 segundos antes de avanzar por un pasillo lateral—. Tiene una visión muy particular de la propiedad emocional.
Eftheía soltó una risa seca.
—Abel es el sol en torno al cual orbitan todos. Su "corazón abierto" es solo una red para atrapar a gente como Icho o Marin. Cree que porque es un nuevo dios, todo es un juego de estatus. En la última fiesta de bienvenida, terminó saliendo con tres personas a la vez y convenció a cada una de que era su "favorita". Es un maestro del caos ordenado.
—Me ofreció una relación abierta —comentó Zoí con voz plana.
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Editado: 01.05.2026