El hijo del inframundo

Capítulo 20

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Zoí se veía tan propio como siempre lo había sido; no llevaba ningún traje elegante y moderno sino su ropa cetónica tan antigua como el primer día que llego a la academia.

Un quitón de seda negra y detalles dorados que caía en pliegues pesados y perfectos, ceñido a la cintura por un cinturón de oro curtido del que colgaban pequeñas joyas y monedas de Caronte. Bajo la túnica principal, una fina capa de gasa escarlata, casi traslúcida, le cubría el pecho y los hombros como una ceda suave, otorgándole una elegancia modesta y espectral. Sobre su hombro izquierdo, una clámide corta ,una capa negra con un patrón cósmico traslúcido, se sujetaba con una fíbula en forma del símbolo de Hades, dejando que la tela fluyera a su espalda como una sombra líquida y doblando por sus codos para sostenerse modestamente.

Aunque su vestimenta era recatada y oscura llevaba encima varias joyas y collares dorados que destacaban contra el negro de su ropa y el blanco de su piel. Cada vez que movía las manos, el oro de muerto de sus múltiples anillos y brazaletes emitía un tintineo sordo, el único sonido que anunciaba que aquel espectro de belleza lunar era ,de hecho, de carne y hueso.

Llevaba el emblema de Ares como broche de la media coleta que se había hecho para sujetar su blanco y sedoso cabello.

Antes de que pudiera acercarse a Rogmí para saludarlo un relámpago lo detuvo de frente y la figura del inmenso Zeus se urgió frente a él.

Los dioses eran tan altos como Reia, 3 metros parecía ser el mínimo indispensable para su sangre. Lo cual los volvía más imponentes a primera vista, aunque Zoí apenas parpadeo por el repentino flash de luz.

Zeus bajó la mirada, sus ojos eléctricos recorriendo las joyas de oro de muerto de Zoí con una mezcla de codicia y reconocimiento oscuro. La estática en el aire hacía que las sombras del chico ondularan levemente.

​—El pequeño tesoro de mi hermano finalmente sale de su caja de sombras —la voz de Zeus retumbó, no como un saludo, sino como un trueno lejano—. Te pareces tanto a ella, Zoí... Tienes esa misma chispa persistente que el Inframundo no ha logrado apagar. Aunque también noto algunas salpicadas de mi antisocial hermano.

​Zoí no retrocedió. Se mantuvo firme, el tintineo de sus brazaletes de oro siendo el único desafío al silencio del Rey. Se frotó un poco los ojos antes de levantar la mirada para ver al rey del Olimpo a los ojos.

​—Mi padre prefiere llamar a mi hogar "privacidad", no una caja, tío —respondió Zoí, su voz era como el hielo quebrándose bajo la luna: fina, fría y peligrosa—. Aunque me alegra finalmente conocer a mi familia del Olimpo, he oído tanto de todos.

​Zeus soltó una carcajada seca que hizo vibrar los cristales de la fuente de Poseidón. Dio un paso adelante, invadiendo el espacio personal de Zoí, obligándolo a sentir el calor sofocante de su estática.

​—La soberbia de los muertos... siempre tan pintoresca —Zeus extendió una mano masiva, rozando apenas con un dedo el emblema de Ares en el cabello de Zoí—. Veo que llevas la marca del perro de guerra. ¿Es protección o una advertencia? Porque en este salón, pequeño espectro, el único que dicta quién está a salvo soy yo.

—Es una declaración, de mi pareja de este baile. Aunque llevó poco tiempo me he rodeado de buena compañía.

—¡Más que buena compañía muchacho!—Poseidón se metió de la nada como una ola repentina empujado a su hermano y agachándose para ver a Zoí—. ¡Oh sobrino querido! Eres más encantador en persona que en tus lindas cartas. ¡Y tienes la elegancia de tu padre!
Le palmeó los hombros fraternalmente y tal vez más brusco de lo que pretendía.

—Y se ve que su impuntualidad también ¿no que el rey del inframundo se iba a presentar hoy?
Hera se acercó interrumpiendo antes que Zeus volviera a hablar.

—No lo presiones querida, sabes que siempre está muy ocupado y volver a la tierra no es fácil.—Hestia se puso a su lado empujándola cariñosamente—. Ay pero mira que chico tan lindo eres Zoí, querido, tan lindo e Inmaculado como tu caligrafía y prosa.
Comentó ya apretándole un cachete cual tía amorosa.

—Llevamos meses planeando esto, llegar a tiempo es lo menos que puede hacer.
Deméter se metió a su lado impidiendo otra vez a Zeus opinar.

Su mirada gélida y sus ojos grises parecieron brillar un momento al ver a Zoí, como si un destello de reconocimiento cruzara por su mente.

—Zoí... Que gusto verte al fin, tienes tanto de tu madre.
Mostro una sonrisa suave palmeándole el hombro.

—Quítense de en medio que yo estaba hablando con él.
Intento exigir Zeus aunque sus hermanas y esposa poco caso le hicieron.

—¡¿Ese es el dichoso príncipe del Inframundo?! Oh por todo el Olimpo ¡Que encantó! Mira ese pelo y pecas, eres una estatua olímpica viviente, baby.
Afrodita apartó a su padre para ver a Zoí con la mirada encendida en emoción.

—Dejen de hablar de su apariencia, eso es irrelevante, este chico tiene la fuerza de su padre oculta tras sus huesos. Y vaya que sabe elegir buen partido.
Ares se asomó junto a Afrodita, levantando una ceja al ver su emblema en el pelo de Zoí.

—La aparecía es muy relevante hermano, aunque más resaltaría las bellas notas de su escritura, poco jóvenes hablan y redactan como él en la actualidad.
Apolo se asomó por el costado de Zeus tocando sutilmente su liria con una sonrisa amable.

—¡My Primoboy! Que alegría ver a casi toda la familia junta finalmente. Y otra vez devorando completamente con tu outfit cetónico, omg my boy, tienes mucha onda.
Hermes se lanzó sobre el hombro de Zeus riendo alegre por la fiesta y la reunión.

Todos los dioses ya se estaban amontonando alrededor del príncipe del inframundo, Rogmí apenas podía acercarse debido a la aglomeración de dioses enormes. Miró de reojo al resto de su grupo y alumnos que apenas podían encogerse de hombros en respuesta.




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