El frío era diferente en el norte. Rowan llegó a Kontown semanas después de huir de Darél. No recordaba cuánto tiempo había pasado exactamente. El hambre y la persecución distorsionaban los días.
Kontown era una ciudad gris. Cielo nublado la mayor parte del año. Calles húmedas. Edificios de piedra ennegrecida por el viento del norte. El sol rara vez atravesaba las nubes, y cuando lo hacía, su luz era tenue, casi inofensiva.
Por primera vez desde su transformación, Rowan podía caminar durante el día. No sin incomodidad, pero sin arder.
Se instaló en los márgenes. Calles secundarias, tejados y almacenes abandonados. Se alimentaba lo justo. Animales cuando podía. Humanos cuando no tenía opción… pero siempre sin matar.
- No soy un monstruo. – Se repetía eso como una oración. Aunque cada vez era más difícil convencerse.
Una noche, mientras el viento arrastraba nieve fina por los callejones, Rowan sintió algo distinto.
- No eres muy discreto. – La voz vino desde arriba. Rowan levantó la vista y la vio. Ella estaba sentada en el borde de un edificio, como si el frío no existiera. Cabello oscuro moviéndose con el viento. Ojos claros que reflejaban la luz tenue de la ciudad.
No parecía sorprendida. Parecía… interesada.
Rowan no respondió. Ella descendió con un salto elegante, aterrizando frente a él sin hacer ruido.
- Has estado alimentándote mal – dijo con tono casi casual. – Tu control es inestable… No los vacías, pero comes más de lo que deberías. Si no te controlas, tendremos a muchas personas investigando porqué la gente sufre de anemia severa.
Rowan tensó los músculos.
- Aléjate.
Ella inclinó la cabeza.
- Si quisiera atacarte, ya estarías sangrando.
No era arrogancia, era certeza. Rowan percibió su esencia entonces. Había disciplina en ella, antigüedad y algo estructurado.
- ¿Quién eres? – Preguntó Rowan. Y ella lo estudió unos segundos antes de responder.
- Nyra… Sé que sonará raro, pero desde hace algunos días sigo tus pasos.
El estómago de Rowan se tensó.
- Tu regeneración es anómala. – Sus ojos se deslizaron por él con precisión analítica. – No eres un vampiro común.
El silencio se volvió denso. Y Rowan dio un paso atrás.
- No sabes lo que eres.
- ¿Y tú sí? – Rowan sostuvo su mirada. Nyra dudó un segundo, casi imperceptible.
- Sé lo suficiente para decirte que si los Noctura deciden que eres una amenaza… no sobrevivirás una semana.
El nombre quedó flotando entre ellos. Rowan sintió un escalofrío que no tenía que ver con el frío.
- ¿Noctura? – repitió.
- Una organización que mantiene el equilibrio. Reglas. Territorios…Y tú rompes todo eso así como vas, comiendo sin control, metiéndote en problemas con otros vampiros. Y siendo descuidado frente a humanos.
Nyra parecía saber todo de él, pero en realidad no sabía lo suficiente.
- Puedo enseñarte a controlarte. A vivir en un perfil bajo.
Rowan la estudió, desconfiaba, pero estaba cansado de huir, de esconderse. Rowan dudó, pero finalmente asintió.
- Solo hasta que aprenda a controlarlo.
Nyra sonrió levemente.
- Claro.
Rowan sintió algo que no había sentido en semanas: pertenencia y dirección. No sabía que, mientras avanzaban, Nyra ya estaba calculando su siguiente paso. Porque los Noctura la había expulsado años atrás. Y ahora que tenía en su “poder” a Rowan, un vampiro problemático, era una oportunidad. Si lo entregaba… Volvería a pertenecer.
Rowan no miró a Nyra mientras caminaban. Pero en sus ojos había algo que él no vio: Ambición. Y una traición que aún no sabía que estaba firmando.
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Editado: 03.03.2026