Pasaron casi dos meses y finalmente había llegado la última lección. Nyra le enseñó a Rowan a respirar, no para vivir, sino para pensar.
- El hambre no empieza en el estómago. Empieza en la mente. Si dejas que crezca allí… perderás el control… Escucha.
Rowan cerró los ojos. El mundo se abrió como una herida. Escuchó decenas de latidos a distancias distintas y ritmos diferentes.
- Elige uno – susurró Nyra. Rowan se concentró y separó un pulso del resto. – Ahora suéltalo.
El hambre reaccionó como un animal encadenado. Su cuerpo quiso moverse. Sus colmillos presionaron contra sus encías.
- Suéltalo – repitió ella.
Rowan abrió los ojos bruscamente. Y el pulso se perdió entre los demás. Nyra lo observó con algo más que cálculo esta vez.
- Tienes más control del que crees.
Rowan la miró con desconfianza.
- ¿Por qué haces esto? – La pregunta la tomó desprevenida.
- Porque alguien debió hacerlo conmigo – respondió tras un segundo demasiado largo.
Nyra no sabía si era porque hace mucho tiempo que no convivía con otros vampiros, y sobre todo con alguien que aún parecía tener algo de humanidad. Pero cada vez que hablaba con Rowan le hacía recordar sus inicios, cuando ella fue convertida.
Nyra había sido convertida cuando tenía diecisiete, hace casi 100 años. Ella era una campesina que vivía con su familia, alejada de la ciudad principal. En aquel entonces había una epidemia, decían que la peste negra había vuelto. Pero no, quienes habían vuelto eran los vampiros.
Una noche mientras Nyra había ido a recolectar leña para su padre enfermo, fue interceptado por un hombre de aspecto elegante. La invitó a su posada con la excusa que tenía hierbas medicinales que curaban cualquier mal. Nyra vivió tan protegida por su padres, que ella no pensaba en la maldad de allá afuera y sin dudarlo aceptó.
Nyra mató al vampiro que la convirtió el mismo día que despertó. No supo cómo. Solo recordó el crujido de huesos y el olor metálico en el aire. Durante seis días se negó a beber. Se debilitó, tembló… se apagó. Y su padre entendió antes que ella.
- Hazlo, hija. Toma mi sangre.
- No… No quiero.
- Prefiero morir yo, que verte morir a ti.
Nyra creyó que podría controlarse. Solo bebería un poco, lo suficiente. Pero cuando volvió en sí, su padre yacía inmóvil. Esa fue la última herida que jamás cicatrizó.
- ¿Estás bien?. – La voz de Rowan sacó a Nyra de aquel recuerdo.
- Sí, lo estoy. – Nyra sostuvo la mirada de Rowan un segundo más de lo necesario. Mentía.
Rowan no insistió, pero algo en sus ojos la inquietó. No eran los ojos carmesí lo que la perturbaba. Era la culpa, la resistencia y el esfuerzo constante de Rowan por no dejarse arrastrar.
Eso no era común. La mayoría, cuando despertaban, abrazaban el hambre o se quebraban. Y Rowan seguía intentando no convertirse en aquello que odiaba.
- ¿Por qué huías del sur? ¿Te cazaban? – preguntó ella de pronto.
Una sombra cruzó su rostro.
- Huía de mi hermano. – Nyra ladeó la cabeza.
- ¿Él también es vampiro?
- Algo peor… Es un cazador. – Nyra frunció el ceño. – Mi familia pertenece a una casa antigua – dijo finalmente Rowan. – Somos cazavampiros desde generaciones. Crecimos con una sola verdad: los vampiros son plagas y hay que acabar con ellos a toda costa.
Nyra sintió un escalofrío en la espalda.
- ¿Qué casa? – Rowan dudó. Como si decirlo le doliera.
- Valenor.
El mundo pareció comprimirse. Nyra no reaccionó de inmediato, pero por dentro, algo se quebró. Valenor, no era un nombre menor. Ellos eran los máximos cazadores por generaciones, la única casa que no se había mezclado con humanos comunes.
Nyra, por primera vez en mucho tiempo sintió miedo. Recordó a Michael, aquel cazador que fue convertido en vampiro.
Los Noctura tenían reglas inquebrantables. Una de ellas era clara: Está prohibido convertir a un cazavampiros. No por compasión, por estrategia. Los cazadores entrenaban desde la infancia. Conocían armas, jerarquías, rituales. Convertir a uno era crear una anomalía. Un híbrido de información y poder.
Nyra retrocedió apenas un paso.
- Eso es imposible – murmuró. Rowan la miró con dureza.
- ¿Qué quieres decir?
Nyra sabía que si los Noctura descubrían que ella estaba con un Valenor convertido, asumirían lo peor: Que lo estaba preparando, que lo estaba entrenando y que planeaba usarlo.
La traición sería doble: Exiliada… y ahora conspiradora.
- ¿Quién más lo sabe? – preguntó, y ahora sí había miedo en su voz.
Rowan abrió la boca para responder, pero no tuvo tiempo, Nyra se movió. Lo derribó con violencia controlada, clavándolo contra el suelo. Sus dedos se hundieron en su pecho, buscando el corazón.
Rowan gruñó, sorprendido. Nyra sabía que si él moría ahora, nadie sabría, nadie sospecharía ni la acusaría. Pero el corazón de Rowan no cedía como el de otros vampiros. Era más denso, más fuerte. Y cuando empezó a ceder…Hubo un crujido húmedo.
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Editado: 03.03.2026