El Hijo del Sol

Capítulo 8. Lealtades que arden

Las llamas de Darius disminuyeron poco a poco hasta desintegrarse por completo. Su mirada pasó de Nyra a Rowan, y cuando comprendió que lo que veía era real intentó huir. Pero Rowan lo detuvo.

- Creo que hay mucho que explicar. Hermano.

Estaban sentados en una cafetería del centro, a pleno mediodía, con humanos alrededor, conversaciones y tazas chocando. La condición de Nyra para quedarse había sido clara: un lugar público. Y la de Darius también: esposarse a Nyra bajo la mesa.

Si alguien miraba, parecerían una pareja incómoda, pero la tensión entre ellos no tenía nada de romántica.

- ¿Quién demonios te convirtió? – preguntó Darius. No había rabia en su voz, sino culpa. Porque sabía lo difícil que era ser un vampiro, más siendo cazador.

- ¿Y qué hay de ti? – Respondió con dureza. - ¿Por qué no volviste? ¿Tienes idea de lo que sufrió el clan? ¿Nuestra familia?

Darius abrió la boca para decir que ellos no le importaban. Pero vio los ojos de Rowan. No eran lágrimas, era rabia contenida durante años.

- Yo te admiraba – continuó Rowan. – Eras el único al que no le importaba que no tuviera un don. El único que me entendía. Y cuando por mi culpa moriste… ese día empezó mi calvario. Padre me aborrecía. Castiel dejó de disimular su odio. Viví odiándome. Y aún lo hago… porque ahora tú eres esto.

Darius bajó la mirada.

- Rowan… no fue tu culpa. Yo elegí ser vampiro.

- ¿Qué estás diciendo?

Darius respiró hondo, innecesariamente.

- En una vigilia conocí a alguien. Layla – El nombre pesó. – Era inteligente, fuerte. Diferente a lo que nos enseñaron… Llámame tonto o lo que sea. Pero yo realmente me enamoré y cuando supe lo que era ella, cuando conocí que había vampiros buenos. No pude seguir siendo un cazador.

Hubo una pausa, porque lo que venía a continuación fue difícil decir.

- Siempre odié vivir bajo expectativas. Ser el hijo prodigio, el heredero, siempre lo odié… Por eso armamos un plan para fingir mi muerte y convertirme en vampiro. Y ahora me arrepiento, no porque odie ser uno, sino porque esa noche debí llevarte conmigo.

Rowan apartó su mirada porque no podía perdonarlo, al menos no ahora.

- ¿Cómo se conocen? – Finalmente preguntó Rowan, mirando a Nyra y a su hermano.

- ¿Le cuentas tú o le cuento yo? – La voz de Darius era severa. Nyra giró los ojos pero habló.

- Yo trabajaba para los Noctura, ellos me dieron una misión y yo solo cumplí.

- Tú mataste a Layla. – Espetó Darius. Y un murmullo humano cercano los obligó a bajar el tono.

- Sí – dijo Nyra, sin rodeos. – Y te habría matado a ti también de no haber sido por ella. – Nyra miró a Rowan, como si quisiera que él le creyera. – Había roto la regla más importante: convertir a un cazador. Y no a cualquiera, a un Valenor… No pude completar la misión y por eso ellos me expulsaron.

Nyra decía la verdad, aunque era una verdad a medias. Porque no dijo que para ese entonces, ya había sido expulsada.

- Layla me suplicó que no te matara. Por eso sigues aquí.

- Pero aun así la mataste.

Nyra guardó silencio, no por remordimiento, sino porque recordó las palabras de Layla. Porque habían sido exactamente las mismas palabras que ella había utilizado, cuando suplicó a los Noctura por la vida de su amado, un humano, a quien le había revelado la existencia de los vampiros.

Rowan observaba a ambos como si estuviera viendo dos versiones distintas del mismo dolor.

- Rowan, hay que eliminarla. – Dijo Darius. – Ella te entregará, ahora más sabiendo que eres un Valenor.

- No, ella no…

Rowan no pudo terminar la frase, porque recordó como ella había intentado sacarle el corazón. Rowan la miró y sus ojos se desviaron de los suyos. Eso fue suficiente para entender.

- Ella no hará nada mientras haya gente mirando. Pero yo sí, puedo matarla aquí y ahora, no importa. Podemos escapar lejos de aquí, de los Noctura. – Propuso Darius.

- ¿Es enserio?... Rowan ¿en verdad prefieres vivir huyendo? – siseó Nyra.

- Rowan, no le hagas caso… Hermano, confía en mí.

Rowan los miró a ambos. Uno era su sangre, y la otra era la única que le había enseñado a no convertirse en monstruo. Y aun así, ninguno era completamente inocente… Por primera vez desde su transformación, Rowan entendió que las lealtades también podían matar. Y ahora debía elegir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.