El Hijo del Sol

Capítulo 9. Caza en el norte

El norte no intimidaba a Castiel. El viento helado no lo hacía temblar, la nieve no lo ralentizaba y el silencio no lo confundía. Él sabía que Kontown era una ciudad útil: nublada, húmeda, llena de sombras largas. Ideal para vampiros. Y por eso sabía que Rowan estaba allí.

Castiel se detuvo frente a un callejón donde el olor metálico apenas persistía. Sangre, aunque no reciente. Un cazador de la casa Sylvaen, se agachó, tocó el suelo, observó las marcas casi invisibles en el ladrillo.

- Es él. – Le informó a Castiel. Castiel se incorporó y miró a los dos cazadores que venían con él.

- Déjenme solo – Ambos lo miraron sorprendidos.

- El líder ordenó…

- Yo seré el próximo líder. Que no se les olvide – Hubo silencio. – Además, esto es personal.

Los cazadores dudaron… pero obedecieron.

Horas después, Rowan sintió algo. No era hambre, era otra cosa, algo más familiar. Y Nyra fue la primera en descubrirlo. Intentó levantarse y olvidó que estaba esposada a Darius, quien aún miraba a Rowan, exigiendo una respuesta.

- Cazadores – Soltó Nyra y ambos la miraron. – Son varios, puedo olerlos.

Darius agudizó su olfato y pudo oler algo familiar, pero no sabía exactamente qué. Tal vez las armas que portaban.

- Son varios – dijo Nyra. – No somos los únicos vampiros en esta zona. Es una redada. Tenemos que irnos – Insistió Nyra. – Ahora.

- No iremos a ninguna parte – Respondió Darius sin apartar la mirada de Rowan. – Dime. ¿La mato o no?

Rowan sintió el peso de ambas miradas.

- No. – Su respuesta fue firme. – Nadie mata a nadie.

Darius apretó la mandíbula. Los tres salieron por la puerta trasera y ahí Rowan comprendió. Él no olía nada sospechoso, pero todo alrededor estaba extrañamente vacío y más silencioso de lo normal. La neblina había bajado y apenas podían vislumbrarse sombras a lo lejos.

Y una de esas sombras parecía acercarse.

Castiel apareció al final de la calle, sin esconderse. Sin prisa. Vestido de negro, abrigo largo, el emblema Valenor bordado discretamente en el interior del cuello. Se detuvo al verlos. Sus ojos se endurecieron cuando vio un rostro familiar. No en Rowan, en Darius.

Castiel bufó, como si ver a sus dos hermanos convertidos en vampiros fuera un mal chiste. Castiel dio un paso más cerca.

- Los hermanos Valenor reunidos nuevamente. – Nadie respondió – Padre tenía razón.

- ¿Sobre qué? – Preguntó Rowan.

- La vergüenza sigue siendo vergüenza… sin importar el frasco que la contenga. – El golpe fue verbal, pero más fuerte que cualquier arma.

- ¿Viniste solo? – Darius dio un paso desafiante. Castiel sonrió apenas.

- Claro que no. – En ese instante, Rowan sintió los puntos rojos antes de verlos. Desde edificios cercanos, miras láser apuntaron a su pecho. A su cabeza, a Darius e incluso a Nyra.

Cazadores de otros linajes, esperando una orden.

- Siempre tan dramático – Murmuró Darius.

- Tienes una opción – Castiel no apartó la vista de Rowan. – Vuelve conmigo. Encadenado si es necesario… Te ejecutaré públicamente. – La palabra cayó como ácido. – O mueres aquí.

- Si disparan en plena luz del día, la exposición será inevitable… Lo que menos queremos ahora es llamar la atención – Susurró Nyra.

Rowan miró a Darius. Darius negó con la cabeza. Y Castiel dio la orden final.

- Cinco segundos.

Los sentidos de Rowan se agudizaron, y antes de que llegara al cinco las armas que los apuntaban se accionaron. Rowan no lo pensó, cubrió a Nyra y a Darius. Las balas lo atravesaron, pero no eran como antes.

No era solo plata, ardían distinto. Como si quemaran desde dentro. Cayó de rodillas.

- Nueva aleación – murmuró Castiel y levantó la mano. – Eliminen a los otros dos.

Un destello dorado iluminó la calle como un relámpago silencioso. Los proyectiles fueron lanzados sin ver y ni uno dio en el blanco. Mientras que las balas en las armas comenzaron a derretirse dentro de los cargadores.

- Tenemos un problema con las armas – El comunicador de Castiel sonó y este dio un paso atrás por primera vez.

Cuando el destello se disipó, Rowan estaba de pie, llamas danzaban sobre sus manos. Castiel lo observó con una intensidad nueva y por primera vez desde que inició la cacería, comprendió que no estaba persiguiendo a un error. Sino a una mutación.

Y eso… Eso sí daba miedo.




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