La sala del consejo de los Noctura estaba iluminado por piedras de obsidiana incrustados en las paredes, que parecían absorber la luz de afuera. En el centro de la sala había una mesa de roca fundida, pero no había tronos, solo simples asientos. Como si quisieran decir que ninguno de los siete, fuera más que otro.
- Creo que todos aquí hemos escuchado los rumores de Barok – Dijo uno de ellos. – Se habla de un hijo del sol.
- Simple superstición – respondió otro con desdén. – Los hijos del sol fueron exterminados.
Ivar permanecía en silencio. Sus dedos descansaban entrelazados con expresión neutra. Demasiado.
- ¿Tú qué opinas, Ivar? – Preguntó uno de los siete.
Él alzó la mirada con serenidad calculada.
- Opino que siempre se han necesitado mitos para sostener la rebeldía.
No era mentira, pero no era toda la verdad… El debate continuó. Algunos proponían una redada inmediata en Barok y otros sugerían esperar pruebas. Ivar no intervino más, porque él ya sabía que no necesitarían buscar. Que el hijo del sol vendría a ellos.
Rowan y Darius seguían a Nyra muy de cerca. Habían partido a primera hora hacia la ciudad donde habitaban los Noctura. La ciudad no aparecía en mapas humanos, no tenía nombre, como si fuera inexistente.
Pasaron horas, hasta que llegaron frente a dos grandes puertas de obsidiana qué parecían ser parte de aquella montaña rocosa. Los tres la miraron, tan majestuosa e imponente. Y antes de que tocaran, las puertas se abrieron sin hacer un solo ruido.
Caminaron por los pasillos de piedra, hasta que llegaron a la sala del consejo, donde los siete ya los estaban esperando.
Rowan sintió el peso de siglos en esas miradas, Darius tensó la mandíbula y Nyra bajó apenas la cabeza, no en sumisión, sino en reconocimiento.
- Vaya – Dijo una vampira. – La desertora regresa acompañada.
- Y trae mascotas – Añadió Malrik al ver a los hermanos. Pero su sonrisa se apagó cuando reconoció a Darius. A quien hace años le habían pedido a Nyra asesinar. Un Valenor convertido.
Malrik se movió apenas un paso al frente, como si quisiera en ese mismo instante asesinar a Darius, pero otro del consejo lo detuvo. Rowan no le tuvo importancia, dio un paso al frente y habló con seguridad.
- No venimos a luchar. – Una risa suave recorrió la sala. Como si la frase le divirtiera.
- Eso es evidente.
- Tenemos una propuesta – continuó Rowan. – Queremos un tratado de paz. El clan Virek no hará más revueltas, dejará de interferir en sus territorios. No reclutarán más rebeldes... Solo queremos que Barok y sus familias sean dejados en paz.
El silencio fue breve. Luego, carcajadas.
- ¿Familias? ¿Te refieres a sus aberraciones mestizas?
Darius dio un paso, pero Rowan lo detuvo con una mano.
- Nosotros no negociamos con amenazas invisibles. – Todos menos Ivar les dieron la espalda, estaban a punto de irse.
Cuando una luz iluminó la sala, todos regresaron la mirada. Rowan sostuvo su mirada, mientras que una llama dorada limpia, nació en su palma. El silencio esta vez no fue burla, fue cálculo.
- Es fuego solar, o al menos eso han dicho los que me han visto utilizarlo – Dijo Rowan con calma. – Hoy no vine a destruirlos... Vine a evitar que algún día tenga que hacerlo.
La frase quedó suspendida, mientras que un intercambio de miradas cruzó entre los siete. No hablaron, al menos no en voz alta. Todos ya habían tomado una decisión.
- Aceptaremos el tratado – declaró Aurelios, el primus de los Noctura. – Barok será ignorado. No habrá ejecuciones.
‐ ¿El precio? – Preguntó Rowan, porque siempre había uno.
‐ No habrá más sangre mestiza. Los híbridos existentes vivirán. Pero no se permitirá que nazcan más.
La mandíbula de Darius se endureció.
- Además, se nos entregará al Valenor. – Señalaron a Darius, sin saber que Rowan también lo era.
- Eso no será posible. – Respondió Rowan, y el consejo sonrió ligeramente, como si hubiera caído en la trampa.
- Entonces, tú te quedaras en su lugar – Miraron directamente a Rowan. – Lo dejaremos vivir, siempre y cuando no ocupe su fuego Valenor.
- ¿Si me niego? – preguntó Rowan.
- Entonces no hay trato.
El mensaje era claro: Barok y Darius, por Rowan. Las familias por su libertad. Darius miró a Rowan. Si aceptaba podría vivir en paz con su hija, pero perdería a su hermano. Y si rechazaba, condenaba a Barok… El silencio se volvió insoportable. Y en el centro de la sala, el hijo del sol debía decidir si arder libre o iluminar desde una jaula de sombras.
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Editado: 03.03.2026